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Couperin por Olivier Fortin

Por SM (Qobuz) el sábado, 6 de octubre de 2018

«El clavecín es perfecto en cuanto a su extensión y brillante por sí mismo; pero, como no se puede ni inflar ni disminuir su sonido, les estaré siempre agradecido a todos aquellos que, mediante un arte infinito basado en el gusto, puedan conseguir dotar a este instrumento de expresión», precisa Couperin en el prefacio de su Primer libro de piezas de clavecín de 1713. Sin tener en cuenta los ornamentos utilizados en abundancia, la música de Couperin no es una música «virtuosa» como pueda ser la de Scarlatti. Recurriendo a veces al estilo descriptivo, a la imitación o al retrato, requiere una sensibilidad expresiva particular – la «expresión» de la que habla el compositor. Al ofrecernos en su Arte de tocar el clavecín preciosas informaciones sobre la interpretación de su música y en términos más generales sobre la interpretación de la música francesa de su época, Couperin aporta elementos de respuesta necesarios para el intérprete actual que se pregunta ante todo cómo respetar sus intenciones. Sin embargo, el temor de exceder las indicaciones dadas por el compositor y el prestar demasiada atención a cada detalle pueden oprimir la inspiración del clavecinista y alejarlo del sentido de las obras. «De la misma manera que existe una gran distancia entre la Gramática y la Declamación, hay una, infinita, entre la Tablatura y la manera de tocar bien», es decir: ¡libertad dentro de la disciplina!

Y esta es la óptica de Olivier Fortin que interpreta aquí una bella muestra de obras del gran Couperin, escogidas entre los varios Libros de clavecín y el Arte de tocar el clavecín. En cuanto al instrumento utilizado, se trata de un «verdadero falso», realizado en 1984 a partir de un Hemsch (siglo XVIII francés por tanto), por Martin Skowroneck quien lo fechó en 1755 y firmó con el nombre del factor de Ruán, Nicholas Lefebvre, del que no conocemos ningún clavecín. Skowroneck quería convencer a Gustav Leonhardt de que se podía, hoy, construir un clavecín exactamente similar a uno antiguo y, según parece, Leonhardt cayó en el engaño ¡pese a que el envejecimiento de los materiales era totalmente artificial! Sea como fuere, se trata de un instrumento espléndido y, además, espléndidamente grabado, algo no tan frecuente en el repertorio del clavecín.

© SM/Qobuz

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