buscar

Noticias, actualidad, reseñas...

Facebook Twitter

Cuando el arte es elegancia

Blanca Gutiérrez, 8 enero 2018

El martes pasado el dúo formado por el cellista Jean-Guihen Queyras y el pianista Alexander Tharaud visitaron la sala de cámara del Auditorio Nacional ofreciendo un recital extraordinario.

Ante un programa ecléctico, formado por tres sonatas muy diferentes entre sí (Bach, Shistakovich y Brahms, por orden de interpretación) y una breve obra de Berg, el público demostró desde el primer momento que estaba dispuesto a aplaudir cualquier esfuerzo que les ofrecieran los músicos; quizá recordaban las últimas visitas de Queyras, de clamoroso éxito.

Desde la primera nota de ambos instrumentos quedó expuesta la clave de este recital: una claridad expositiva teñida de sentimiento artístico, sin arrebatos exaltados, sin efusiones gestuales, con una hondura de trabajo interpretativo superlativa. Una manera serena (algunos dirían casi hierática) de tocar, que alcanza a mostrar el alma de la música.

Comenzó el recital con una sonata de Bach (BWV 1028) interpretada casi con una suavidad romántica apenas esbozada, aunque con la elegancia serena que confieren los instrumentos modernos a estas obras concebidas para viola de gamba y clave.

A continuación la Sonata op.40 de Shostakovich trasladó al público a otro universo, al mundo de la vanguardia soviética. En esas primeras décadas del siglo XX, las artes plásticas buscan la geometría, el concepto, sin llegar aún a la crudeza de la mancha desnuda como referente. En el campo musical, melodía y armonía van perdiendo peso, pero aún no ha llegado la experimentación sonora como hábito compositivo. Tharaud y Queyras sirvieron una versión de gran calidad, firme y tensa.

De Berg son las Cuatro piezas para clarinete y piano, op.5, con las que iniciaron la segunda parte del recital, una versión para cello que no aporta nada especial a la obra, salvo el lucimiento en este concierto del maravilloso instrumento que toca el cellista francés, un Cappa de 1696, que posee una voz densa, suntuosa y mórbida, que Queyras domina con maestría, y que durante todo el concierto sedujo al público asistente.

El final del concierto estuvo dedicado a Brahms, con la primera de sus sonatas para cello y piano, la op.38. Queyras y Tharaud acaban de grabar un disco con esta sonata, y con la op. 99, además de las transcripciones hechas por ellos mismos de varias danzas húngaras. La sonata de Brahms está formada por un diálogo continuo entre los instrumentos, con una serie de melodías que quedan en la memoria por su belleza. No hay una explicación fascinante tras esta obra, o un sentido oculto; es ‘solo’ una hermosísima música. Que Queyras y Tharaud tocaron sin arrebatos ni aspavientos, con seguridad en sus propias fuerzas y una compenetración constante, que se reflejó en el disfrute que transmitieron a los espectadores.

Ambos músicos, cada uno en su instrumento, se caracterizan por la pulcritud, la elegancia, la capacidad de mimar la música, pero también por poseer un nervio interno que recorre sus interpretaciones galvanizándolas con rigor y tensión, con pasión, en definitiva, pero sin histrionismo. Llevan los dos músicos tocando juntos más de 20 años, y eso se notó sobre el escenario, con una compenetración casi sin gestos, sin aparente esfuerzo, pero en la que los papeles que cada uno estaban bien definidos.

LA QUINTA DE MAHLER

Nuestro espacio

La Quinta de Mahler
c/ Amnistía, 5
28013 Madrid
Teléfono 91 8053899

Pedidos telefónicos
(& info pedidos web)
De lunes a sábado
11:00-14:00 y 17:00-20:00
Teléfono 91 8053899