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Lina Tur: 'Bartók no ha sido comprendido aún del todo'.

13 de noviembre, 2017. Blanca Gutiérrez Cardona

BLANCA GUTIÉRREZ / El mítico Café Comercial presenta el segundo concierto del ciclo que ha denominado The London Nights Music, fruto de la colaboración entre este local madrileño, La Fonoteca y la marca de ginebras The London Nº 1. Una vez al mes, a lo largo de ocho meses, se presentarán un selecto grupo de prestigiosos intérpretes de música clásica en un espacio inusual, ofreciendo unos programas rigurosos en el ambiente distendido de un local de copas (en el atractivo precio de la entrada,16 €, está incluida una copa de The London Nº 1).

Este segundo concierto del ciclo tiene como protagonistas a los violinistas Lina Tur Bonet y Enrico Onofri. Hemos mantenido una interesante charla con la intérprete ibicenca sobre este concierto.

Nuestra primera pregunta a Lina Tur Bonet se refiere a la elección del programa, los 44 Dúos de Bartók (1881-1945), una colección de piezas breves, que más que estudios técnicos tratan sobre la musicalidad y la integración del folklore en el idioma personal del compositor.

LT: Se dio la casualidad de que Enrico Onofri, con quien yo tenía muchas ganas de trabajar, me ofreció preparar juntos esta obra, justo en la época en que me plantearon la posibilidad de participar en este ciclo de conciertos. El proyecto encajaba perfectamente y a Onofri le pareció muy buena idea tocarlo aquí. Para los que se pregunten cómo es que Enrico Onofri [sobradamente conocido y aplaudido en su doble faceta de violinista y director especialmente dedicado al campo de la música antigua y barroca] se planteó preparar esta obra debo decir que él estudió con un alumno de Sandor Vegh. Vegh (1912-1997) mantuvo un estrecho contacto con Bartok, estrenando incluso algunas obras suyas.

LQM: ¿Cómo habéis preparado la obra?

LT: Lo primero que hicimos fue ponernos con el instrumentario, decidiendo qué enfoque le queríamos dar. Hemos investigado cómo se hacía en la época, qué cuerdas utilizaban los violinistas en la época del estreno. Y nos hemos decidido por combinar cuerdas metálicas y de tripa, una práctica habitual en los años 30 del siglo XX. Esta combinación funciona muy bien y proporciona una sonoridad muy interesante. La influencia folklórica se acentúa muchísimo y me recuerda a los violinistas callejeros húngaros que se escuchan en las calles de Viena.

LQM: Tanto Onofri como tú trabajáis mucho el repertorio barroco; tú sobre todo pasas del barroco a la música contemporánea constantemente. ¿Cómo conseguís sobrevivir al salto de repertorio, sin que la calidad de la interpretación se resienta?

LT: Es cierto que la mayoría de artistas se especializan, no soy la única que hace los dos, pero somos menos los que hacemos todo. Por carácter, por sensibilidad, el músico suele tener afinidad por un repertorio determinado y lo trabaja especialmente. Después hay personas como Onofri que están muy interesados en un compositor y que tienen verdaderamente algo que decir sobre ese compositor. En este caso, con Bartok, este esfuerzo es muy acertado, porque en mi opinión, cuando seamos capaces de entender su música completamente, y creo que aún no lo hemos hecho, será un músico que estará en la historia de la música a la altura de Bach,. Tiene un valor humanístico, artístico y musical tremendo.

LQM: ¿Por qué crees que no tiene ya ese puesto?

LT: Porque es poco accesible. Para mí es absolutamente genial. Es un artista hiperhumanista, capaz de estar muy ligado a la tierra, cercano a las pasiones humanas más básicas, y luego, por otro lado, ser muy críptico; por ejemplo,estaba obsesionado con el número áureo. Compuso un arte muy críptico y muy elevado.
Los 44 Dúos son estudios compuestos para practicar, pero cuando trabajas con ellos te das cuenta de la profundidad que tienen, la cantidad de música que llevan dentro.

LQM: ¿Qué tiempo os ha llevado este proyecto, entre el trabajo previo y los ensayos?

LT: Es un lujo y un placer trabajar con Onofri, porque es un maestro. Funcionamos de maneras muy parecidas. Cada uno a nuestro nivel tenemos formas parecidas de trabajar. Ambos habíamos hecho mucha investigación previa y juntos hemos hablado mucho, probando mucho; creo que no se trata de tiempo, sino de un ir buscando.En la interpretación de música antigua se afronta música que casi no se conoce, no se ha escuchado apenas; con la romántica y contemporánea pasa lo contrario, a veces hay demasiadas versiones, para bien y para mal. Lo interesante en esta ocasión ha sido trabajar las dos cosas a la vez, conocemos versiones previas, pero como venimos de un campo donde nos enfrentamos a la música como sino la conocieras, hemos mantenido esa actitud ante esta obra.  

LQM: Hablemos de tu carrera: violín solo,cámara, música concertante… Tocas todos los palos…

LT: Para mí el dúo es la formación ideal, me gusta mucho el diálogo con cualquier instrumento. Y con los Dúos de Bartók, dúo de violines, imagínate, con Enrico Onofri… La formación de dúo es un trabajo muy íntimo, en el que además te dejas influenciar mucho por el otro. El dúo me cambia, cada compañero saca una cosa distinta de mí y sueno diferente según quién esté a mi lado.

LQM: ¿Qué os parece este proyecto, esta inusual sala de conciertos?

LT: Yo tengo muchas ganas de saber cómo va a funcionar, cómo nos sentimos. Me parece un espacio muy apropiado, sobre todo para la música de Bartók, este escenario me parece perfecto. Me gusta mucho descontextualizar la música clásica, y por eso me entusiasmó la idea. Espero que todos los asistentes puedan escucharlo bien y que haya el silencio necesario y la atención necesaria.

LQM: ¿Y si no es así?

LT: Pues habrá que interactuar con ellos. Está claro que el Café Comercial no es una sala de conciertos, habrá que ver cómo funciona. Me gusta el hecho de que será una actuación muy íntima, en la que estaremos muy cerca del público, como en un garito de jazz. Así que todo dependerá de cómo percibamos al público.

LQM: Este Bartók no parece a priori la más fácil elección para que lo escuche el público nuevo que probablemente acuda…

LT: Es posible. A veces como músico no tenemos muy clara la percepción desde fuera, pero desde luego, los dúos de Bartok son la música más folclórica posible, los compuso inspirándose en danzas del imperio austrohúngaro. Es, por eso, música muy bailable. Yo creo que va a sorprender bastante. Los 44 dúos son muy distintos entre sí. Yo los trabajo como si fuera un cuento.

 LQM: ¿Cómo se logra mantener la atención del oyente en un concierto de violín solo?

LT: Te das cuenta en seguida de la reacción del público, sobre todo en conciertos de este tipo, de ambiente íntimo, lo notas perfectamente. Es un instrumento quizá poco frecuente de escuchar a solas y menos polifónico que otros instrumentos, pero yo solo he tenido buenas experiencias. Es de los repertorios que más me gustan, tocar el instrumento en solitario.

LQM: ¿Qué proyectos nuevos nos puedes contar?

LT: Vamos a grabar este proyecto, dentro de poco. Esta temporada iré a Japón un par de veces, una con Biber (y seis violines) para hacer sus Sonatas del Rosario. Varios festivales en verano; varios conciertos con Corelli, un disco que me está dando muchas alegrías y del que estoy muy satisfecha. También haré unos recitales con Judith Jaúregui, con música de Beethoven, estoy trabajando ahora bastante su música. Y viajaré a Sudamérica, a Australia y a Israel. En ocasiones en solitario, pero casi todo con mi grupo, MUSIca ALcheMIca.

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