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LA EXCELENCIA MUSICAL DE RAMÓN PAÚS

Por Ulyses Villanueva el martes, 1 de septiembre de 2020

El próximo 3 de septiembre, el compositor castellonense Ramón Paús recibe el II Premio Ciutat de Castelló a la Excelencia Musical "Guitarrista Manuel Babiloni", un galardón que pone el acento sobre una vida dedicada a la música.   

Al ser un reconocimiento al trabajo, promovido por el Ayuntamiento y viniendo de la fundación “Guitarrista Manuel Babiloni”, que era amigo de la infancia, es muy gratificante. Aunque yo no haya creído nunca en los premios y los concursos, mi agradecimiento es enorme. La música, como cualquier sentimiento de arte, debe ser trabajada con reflexión, con hondura, con tiempo, y eso a veces te da fogonazos de excelencia. Tiene que haber mucho trabajo, mucho tiempo y algo de talento para que emerjan esos fogonazos.  

Tras más de cuatro décadas de carrera, la música de Ramón Paús se genera en los estratos que amasan la memoria humana y creativa. No es un acontecimiento inmediato, no vive en la estatura ni en la sombra, fluye, de algún modo, como las mareas que dan la razón al equilibro natural del mundo.   

Sientes que las obras terminan, pero no sientes que la intuición se haya apagado. Es como algo que se ilumina y apaga, pero que se mantiene la pulsión. Tú notas cuando tienes la necesidad de comenzar algo, también cuando esa obra y ese momento ha llegado a un punto de no retorno o, quizás, no haya nada más que decir que tenga la misma intensidad que lo anterior. Entonces sientes que es un momento de callar. Yo creo que nunca se acaba la necesidad de escribir, acaban y comienzan las obras, pero el impulso se mantiene siempre. Aunque mi abuelo era pintor, desde niño sentía una emoción enorme al escuchar la música y entraba como en un estado de trance, me ponía a temblar y me preguntaba si sería capaz de reproducir algún día esos estados espirituales. Toda mi vida no ha sido más que un perseguir que alguien, en algún momento, sienta esa pulsión, ese estremecimiento, ese elevar el punto de conciencia hasta límites al que sólo el ángel de Rilke llega.     

Una vez me dijiste que te gustaba habitar la rotura, le digo…  

…o habitar las fronteras, porque son las zonas más ricas. El arte tiene escuelas, tiene vanguardias, tiene disidencias, tiene modas y hay artistas que no se sienten muy cómodos con las modas o las vanguardias imperantes, y optan por hacer como hacen las aves marinas, esperar los afloramientos de agua. El mar es una máquina termodinámica que lleva agua desde el polo hasta que emerge en el ecuador, y ahí es donde están las aves más hermosas. Es una metáfora del cormorán, habitar donde rompen las aguas ricas y las aguas sin frontera.   

Cobalto azul, en tránsito
, esgrime un argumento donde las diferencias congenian y se dibujan a través del sonido de la viola y la orquesta. Suena mientras las palabras dibujan ese tráfago creativo por el que el compositor sigue hoy analizando su propuesta musical y los planes de futuro.    

Estoy en una meseta. Hace año y medio que comencé una ópera sobre un místico español. Nunca pensé que sería capaz de llegar hasta donde he llegado y me sigo dando cuenta que la intuición es ilimitada, es un grifo que no para nunca. Estoy en el principio del segundo acto, en el compás 2600, más o menos, y empiezo a ver que esto tiene un momento de acabar porque, hasta ahora, no he hecho más que trabajar y trabajar en ella. Es el trabajo que más me ha ocupado, aunque entre tanto hice el Concierto nº 1 para Clarinete Bajo y Orquesta "De las Ciudades Ajenas"para la ONE, con Eduardo Raimundo. Ahora se estrena en el COMA el Monólogo Pleamar; hay una obra que se estrenará en mayo dedicada a Renoir, en la época en la que apenas podía coger los pinceles pero mantenía la alegría de vivir, con sus ex modelos acompañándole por la Provenza en una silla de madera; se ataba los pinceles entre los dedos de su mano artrósica y cada mañana plasmaba la belleza en el cuadro. Es el momento en el que estoy, aparte de documentales, danza y demás. Me gustaría grabar un concierto de viola para verano y una cantana, que se debería haber estrenado en la clausura del Auditorio Nacional, dedicada a todos los que no han podido pasar el Mar de Alborán: se llama Cantatas sobre fondo Alborán, con coro y orquesta. Estoy deseando escucharlo con un gran coro.  

Covid, simplemente.  

Es un tiempo aciago que nadie pensaba que podría llegar, una cura de humildad para la arrogancia del ser humano en todos los estratos del conocimiento. Sé que ha puesto en un punto de estrés a la sanidad, sé que lo que nos ha salvado durante la pandemia son los profesionales de la sanidad por un lado y la cultura por otro. Cuando el hombre tiene miedo recurre a las cantinelas, a las canciones para exorcizar el miedo. Justamente las dos disciplinas del conocimiento humano más maltratadas: la cultura y la ciencia. Siento grandes decepciones sobre cómo se está manifestando la sociedad y la gente joven, sobre la insolidaridad, la falta de empatía entre las generaciones. Me produce mucha desazón que alguien de 20 años priorice irse a la playa y luego vaya a besar a su abuelo sin ninguna conciencia del riesgo. Da mucho que pensar.  

¿Piensas que el arte puede salvar al ser humano?  

¡El arte y la inteligencia artificial! El arte no es que pueda, es que salva al ser humano constantemente, nos lleva salvando desde Altamira hasta Resistiré. En todas las épocas de la vida el arte nos ha salvado de los peores momentos, momentos de miedo donde la música nos ayuda a elevar nuestro estado de conciencia y deja de ser tan peligroso para nosotros. Últimamente estoy escuchando una canción de Alejandro Sanz y Carmona, me encanta cantar la segunda voz con ellos. Suelo escuchar siempre la misma música, pero estoy escuchando mucho a Shostakovich, la influencia del jazz, un músico que fue represaliado y que nunca salió de Rusia, cómo consiguió atrapar el aroma del jazz. De Stravinsky se entiende más porque vivió en EEUU, pero de Shostakovich te sorprende. Escucho siempre música, pero es más importante escribirla.  

Ramón está ahora en una masía en Castellón, enraizado en su tierra y su Mediterráneo, con el aroma del romero en las manos y la eternidad en la mirada profunda. Qué reflejo de sí mismo nos podría dejar en este momento alguien tan alejado de la filiación y los renombres, tan cerca de latitudes íntimamente imaginadas en el envés de los relieves.   

El sentir la proximidad del mar es un acto de relajación instantánea, o ver los olivos milenarios me restituye con la naturaleza, la tierra. En la naturaleza nunca te sientes solo y menos en un paisaje que para mí es muy conocido desde la niñez. Siento mucha serenidad, la compañía de los amigos, un atardecer casi eterno, estás en equilibrio. Me gustaría que aprendamos de esta experiencia terrible que está viviendo la sociedad, o que el ser humano pudiera mejorar en alguna medida y, por otro lado, agradecer a la ciencia de vanguardia el esfuerzo que están teniendo por conseguir soluciones inauditas en las vacunas: RNAs que usan proteínas que son capaces de desarrollar al mismo tiempo respuestas inmunitarias. El momento de la ciencia es espectacular. Creo que la ciencia y el arte son dos conocimientos del ser humano indispensables.

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