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UNA ENTREVISTA CON ANA COMESAÑA

Por Ulyses Villanueva el sábado, 7 de diciembre de 2019

Es una casa en la montaña. Los picos nevados reflejan instantes de luz. Desde aquí el silencio resuena de un modo orgánico, como si emanara de la existencia pacífica de las cosas. Hablo con Ana Comesaña, quien desempeñará la dirección artística de la Joven Orquesta Nacional de España a partir del 1 de marzo de 2020. El proyecto persigue aumentar la proyección de la unidad a través de la búsqueda de la excelencia académica y musical, la apuesta por la internacionalización y la defensa de la formación al más alto nivel, proponiendo una cuidada selección del profesorado y los colaboradores. Ana Comesaña abordará la actualización de los procedimientos y mecanismos de funcionamiento y gestión de la JONDE buscando la coherencia, cohesión y modernización de un proyecto pensado para sus destinatarios principales, los músicos de la Joven Orquesta. Hay una chimenea apagada junto a la que nos sentamos (la llamamos lareira por el pasado gallego que nos une). Primero quiero saber cuál es la mayor virtud que ha de tener una orquesta como la JONDE, son edades tempranas y ávidas: “No hay que perder de vista que estamos en una situación formativa. El trabajo de los que estamos enfrente de los jóvenes es garantizar que sus máximos beneficiarios son los músicos. Todas las decisiones artísticas que se toman (directores, solistas, repertorio, proyectos, fechas…) se hace desde una perspectiva pedagógica, no de conveniencia. Necesitan aprender que su paso por una joven orquesta tiene que facilitar su camino desde la etapa formativa a la vida profesional (la enseñanza de los mecanismos profesionales, preparación de pruebas de orquesta, etc…). Eso presupone adquirir un amplio repertorio, una forma de tocar, una calidad, pero también una ética que se escucha en quien toca: es esa ética de cómo es la profesión, cómo la vas a cuidar, cómo la vas a cultivar, cómo te vas a posicionar. Es una forma de estar en el mundo que también se tiene que aprender en el marco formativo de una orquesta joven. Y también, y me parece fundamental, habiendo hecho proyectos camerísticos y proyectos de adquisición de conocimientos estilísticos (música historicista, barroca o muy actual), siempre pensando en defender los intereses de los jóvenes músicos que van a ser miembros de esa orquesta. Ellos han de dar el máximo nivel instrumental posible, suficientemente homogéneo, para poder exigir calidad a un determinado nivel. El caso de la JONDE ha de apuntar muy alto y lo que ha venido haciendo se fundamenta en un nivel determinado de madurez personal. Han de aportar el compromiso, dar el mil por cien de forma individual y colectiva”

Mientras transcribo sus palabras leo la amplia biografía que retrata un perfil dedicado enteramente a la música: Ana Comesaña Kotliarskaya (Kiev, Ucrania, 1972) es Catedrática de violín en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y es la primera mujer en el Departamento de cuerda –en la especialidad de cuerda con arco- de dicha institución desde su fundación en 1830. Con una sólida formación internacional, ha combinado su labor docente y pedagógica con una amplia trayectoria como intérprete. Nacida en el seno de una familia de músicos, creció en España, donde recibió su primera formación musical de sus padres, los violinistas Francisco Javier Comesaña y Polina Kotliarskaya. En esos años completó su educación en el Colegio Alemán de Madrid y sus estudios musicales en el Conservatorio de Música en San Lorenzo de El Escorial. Posteriormente, amplió su formación en Estados Unidos (Indiana University Jacobs School of Music) y Alemania (Hochschule für Musik de Colonia y Robert-Schumann-Hochschule de Düsseldorf). Debe su formación en música de cámara a Rostislav Dubinsky, fundador del legendario Cuarteto Borodin, con el que también actuó en numerosos recitales del que sería el último cuarteto del maestro. Recibió su formación en repertorio orquestal de la mano de León Spierer, antiguo concertino de la Orquesta Filármónica de Berlin en la era de H. v. Karajan y amplió su horizonte artístico con nombres reconocidos, como F. Andrievsky, A. Stern, V. Pikaizen, I. Oistrakh, I. Bezrodny, entre otros. Esos nombres están asociados ya a la historia de la música, pero su origen contenía la semilla de un talento desarrollado a lo largo de los años. Hablamos de cómo gestionar ese tipo de aptitud: “Es evidente que una sobredotación intelectual, una sensibilidad artística o una capacidad por encima de la media en cualquier ámbito viene asociada a un desequilibrio, que se puede volcar en positivo. La gestión más eficaz y más saludable para esa persona es darle tarea, es infinita y no se acaba nunca, y, cuando más tiras del hilo, más tarea hay. Sirve para sostener esa capacidad una vida entera. ¿Cuántas veces hemos visto cómo la alta capacidad se come a la persona? Necesita alimentarse, con tareas intelectuales, con contacto diario y exhaustivo con el instrumento hasta convertirse en una necesidad física y psíquica. Cuanto más lo alimentas más fruto da”.

Un nuevo proyecto transversal entre la JONDE y la OCNE articulará una serie de objetivos formativos y pedagógicos, en la línea de las demandas realizadas por el director artístico de la OCNE, David Afkham, y de la estrategia de impulso de sinergias entre las unidades artísticas del INAEM. En el seno de la ONE se desarrollará un nuevo espacio de formación de alto nivel, la Academia orquestal, que apostará por la excelencia en la formación de jóvenes músicos, como paso previo a la incorporación a una orquesta profesional y que posibilitará la realización de prácticas en otras formaciones: “La JONDE tiene, por derecho propio y desde hace muchísimos años, un espacio privilegiado, que es el que tiene que ser, porque hay muchos proyectos educativos orquestales, cada comunidad autónoma tiene uno y muy buenos, que cumplen muy bien su función. La JONDE ha de ser la punta de esa pirámide, ejemplar en su propuesta pedagógica. Es cierto que la crisis ha sido devastadora para todos los ámbitos culturales, pero, José Luis Turina y su equipo, han mantenido esa posición que, a partir de ahora, con los planes que existen, debería ser más fácil realizar, con proyectos más visibles, invitaciones a grandes figuras internacionales y giras más extensas. La integración con la OCNE se hace para eso, para que sea más fácil poder sacar adelante ideas que no eran viables. A la JONDE le corresponde destilar toda una trayectoria que comienza en las jóvenes orquestas de municipios y acaba en una orquesta nacional con un modelo de propuesta educativa prescriptor, siendo un espejo en el que otros quieran mirarse”. Entonces comparto con ella mi inquietud sobre el elitismo cultural y el enorme espacio que existe entre la música clásica y un público más mayoritario, la necesidad de difuminar esa distancia incomprensible: “Pienso que España ha invertido en los últimos 40 años para que la música clásica sea parte de la sociedad, a través, sobre todo, de la red de conservatorios. Un país que no sabía lo que era esto. En cada pueblo hay un conservatorio municipal donde se estudia música. Creo que eso es imprescindible, pero también creo que, en los colegios, los planes de estudio van hacia menos con todas las manifestaciones artísticas (en muchos países que admiramos se aboga por el arte y la libre adquisición de conocimiento). En España, la música no es parte de la sociedad porque en los colegios llevamos muchos años robándoles la posibilidad de que eso sea suyo, porque no hay espacio suficiente en los planes educativos para las manifestaciones artísticas. Tenemos mucha tradición de música folclórica, pero con la clásica, un país tan musical como éste, adquiriría enseguida una enorme cultura si se enseñara desde pequeños. Cuando se convirtiera en una demanda social, ya se podría hablar de cual es la responsabilidad de los espacios públicos y privados en garantizar la cercanía y la capacidad de vivencia de la música clásica. Entiendo que también es un negocio y ha habido un gran cambio de paradigma. Durante muchos años, en el centro del hecho artístico estaba el músico. Ahora, en muchas situaciones, el artista es un instrumento de creación de riqueza económica para todo un sistema, y se ha desplazado el epicentro de esa importancia. El arte se ha convertido en un posible espacio de ganancia económica y, en esa evolución, se ha perdido la posibilidad de ir a escuchar a un gran artista a un precio asumible, y es una pena”.

Es una exclamación de mi gusto desmedido por la música y las artes en general el conocer el gusto musical que hay en cada uno de nosotros: “Soy cd y moriré siendo cd. Heredé de mi padre una colección de discos tan asombrosa que ojalá tuviera tiempo en la vida para escucharlos todos, aunque sea una vez. Apenas he empezado, pero uno de mis propósitos vitales es organizar mi escucha de música. El último disco que he escuchado hoy, a las 7 de la mañana yendo con los niños en coche, es Fischer-Dieskau y los lieder de Schubert. Al hablar alemán, mis hijos entienden el texto y eso los vincula a la música”. Nos despedimos con esas montañas blancas abrazando nuestra conversación. ¿Y el último libro?: “Llevo unos meses con San Juan de la Cruz”.           

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