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EL VIAJE ETERNO DE ISABEL VILLANUEVA

Por Ulyses Villanueva el sábado, 2 de noviembre de 2019

Isabel Villanueva (Pamplona, 1988) es una de las grandes violistas del panorama musical internacional. En pocos días viaja a México donde ofrecerá conciertos con orquesta y actividades docentes a lo largo del mes de noviembre. La llamo por teléfono cuando va a subir a un tren en Valencia que la llevará hasta Barcelona. Los sonidos de la estación se mezclan con su voz, los ecos de otras biografías que se cruzan y se contemplan. Viaja cargada con un pesado equipaje y su inseparable viola, un instrumento Enrico Catenar de 1670 construido en Turín. Es el escenario perfecto para hablar con ella, su vida itinerante está llena de momentos de soledad y de tránsito como éste del que, por un breve instante, formamos parte.  

“La gira de un mes por México me va a llevar por muchos lugares del país, interpretando grandes obras del repertorio de viola como la Sonata para la Gran Viola de Paganini y Harold en Italia de Berlioz, e impartiendo clases en distintos centros superiores. Es un proyecto que tenía en mente desde hace mucho tiempo y, finalmente, se ha hecho realidad. Estoy en un momento de mi carrera muy intenso, lleno de muchos proyectos totalmente distintos y sin parar desde hace bastantes meses. Estoy muy contenta pero también implica mucha responsabilidad con cada uno de ellos, conmigo misma, con la gente con la que colaboro y con el público. Acepto muchas cosas porque me parecen muy interesantes e intento dar el máximo de mi”.  

La sonoridad de la viola conecta con una parte orgánica de quien la escucha. Parece más un síntoma que una vibración, más una entraña que una rozadura.   

“Sólo toco el Enrico Catenar, forma parte de mí desde hace diez años y lo cuido, lo mimo en todos los sentidos, crezco con él. He evolucionado a nivel musical, artístico, técnico y es inseparable. Para mí, este instrumento lo es todo. De alguna forma, hemos creado una simbiosis y me siento completamente unida a la voz y el sonido que sale del instrumento, me siento correspondida e identificada con ese sonido. Tiene una historia que hace que la madera haya evolucionado con una personalidad que abarca muchos colores y posibilidades; tiene un universo por descubrir”.  

Mientras transcribo la entrevista escucho su disco Bohèmes (IMMStage, 2017), trabajo interpretado junto al pianista François Dumont y en el que celebra a autores que residieron en el París de la Belle Époque.   

“El repertorio de viola es más limitado que el de violín, pero tenemos mucho, empezando por el Concierto en Sol mayor de Telemann, que es el primero escrito y recuperado para viola, hasta la actualidad, repleta de conciertos nuevos gracias a solistas que encargaron obras e impulsaron el desarrollo de la viola: los ya conocidos de Bartok, Walton y Hindemith, y otros como los de Rózsa, Penderecki y el concierto de Antón García Abril, que reestrené hace un año en la apertura del Festival de Música española de Cádiz. No sabría decirte con qué concierto ni con qué época me encuentro más cómoda. Es como los estados de ánimo, hay épocas en que me siento mejor tocando Mozart o Paganini, porque me encuentro más heroica, más noble, y otras más trascendental y filosófica donde me ocurre con Gubaidulina o Schnittke. El 13 de abril de 2020 voy a tocar, por primera vez en mi repertorio, Styx, de Giya Kancheli, en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid, donde hago mi debut; es una obra basada en la mitología griega y el papel de la viola es como si fuera un ente. A mí me gusta reencarnarme en todos esos personajes. Harold en Italia es otro de ellos, inspirado en Lord Byron y sus viajes. Es muy bonito descubrir todas las posibilidades que tiene la viola y no me encasillaría en ningún compositor”.  

Su existencia ambulante y nómada une con hilos invisibles auditorios de todo el mundo. Su agenda de conciertos es extensa y la compagina con una labor pedagógica cuya memoria está unida a los escenarios.   

“El directo es único, incomparable a cualquier otro formato de música. La emoción del intérprete y público es muy especial, y puede llegar a ser trascendental para alguno. Hay momentos que pueden ser mágicos para todos los que estén presentes. Todo es positivo. Hay salas espectaculares donde es fácil crear esa atmósfera y otras que, aparentemente, no tienen esa magia, y se crea algo único Todo depende de las energías y del vínculo que tenga el artista con el público. Es muy emocionante para mí…La enseñanza musical forma parte de mi vida desde el grado superior y me parece algo fundamental para un músico tener la vertiente pedagógica y más aún para la viola, un instrumento que necesita ser explorado, necesita ser más definido y me parece muy bonito poder aportar a las nuevas generaciones mis conocimientos, mi experiencia y desarrollarlos. Soy profesora en la ESMAR de Valencia y profesora invitada de la Royal College of Music de Londres"

Alguien interrumpe nuestra conversación y le pregunta si pueden intercambiar los sitios, una pareja que pone de manifiesto esa forma de vida y de soledad creadora en la que Isabel habita. El tren está a punto de salir, su voz vuelve y le repito la pregunta: esa existencia en la que inexorablemente está sumida.  

“Estoy intentando equilibrar la intensidad de mi vida, la inercia de estar viajando continuamente. A veces me da la sensación de estar viendo esa vida en tercera persona, como si fuera una cámara. Pero es una intensidad dentro de la soledad, que es interesante y es muy distinta a la forma de vivir de la mayoría de las personas. Es como una especia de aventura, me encanta y estoy adaptada a todas las situaciones. Si se hiciera un making off de la vida de los músicos solistas como yo, te aseguro que la gente se quedaría asombrada de todo lo que nos pasa. Podría escribir un libro”.  

El día 8 de noviembre hace su estreno en la gira por México en Boca del Río, junto a la Orquesta Filarmónica Boca del Río bajo la dirección de Jorge Mester. El tren sale puntual hacia la ciudad condal. Antes de despedirnos quiero saber qué músicas le gustan, qué escucha además de los sonidos que acompañan su trabajo profesional.  

“Escucho mucho flamenco, pop, música electrónica y, recientemente, escucho música del mundo, instrumentos árabes, el oud, y estoy muy metida en ello. Cuando no estoy estudiando o tocando me gusta contrastar”.   

Le recomiendo la música de Anouar Brahem, uno de los más grandes compositores tunecinos de la actualidad. El viaje prosigue con ella en el vientre de un vagón de tren. No sé si finalmente habrá cambiado de asiento. Tras la despedida queda el sonido de Beau Soir, trabajo temprano de un adolescente Claude Debussy en la envoltura de la viola de Isabel Villanueva.  

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