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Aeon | CAMARA | SIGLOS XX Y XXI (1 CD)

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16,95 €

György Ligeti
Cuartetos de cuerda; Sonata


REF.: AECD 1332
EAN 13: 3760058360323


El presente CD aúna todos los cuartetos de cureda escritos por György Ligeti, fallecido en 2006. Interpretados por el Béla Quartet, jóvenes a la par que viejos maestros en este repertorio y muy apreciados por su precisión, refinamiento, compromiso, homogeniedad de sonido y musicalidad. A la hora de tocar estos cuartetos, alternan la energía con la sutileza en una búsqueda constante de nuevos colores, armonías, ritmos y contrastes. Tanto los cuartetos como la Sonata, obras de rara intensidad y de una brillantez relampagueante, nos adentra con su atractivo a propios y extraños en el complejo y riguroso universo ligetiano. Un universo en el que la creación y la audacia no dejan de sucerderse.


FECHA DE PUBLICACIÓN
01/11/2013

INTÉRPRETES
Quatuor Béla


CONTENIDO
György Ligeti (1923-2006):

1) String Quartet No. 1 – Métamorphoses nocturnes (1953-1954) 21’03
2) String Quartet No. 2 (1968) : Allegro nervoso 5’22
3) String Quartet No. 2 (1968) : Sostenuto molto calmo 4’50
4) String Quartet No. 2 (1968) :Come un meccanismo di precisione 3’14
5) String Quartet No. 2 (1968) : Presto furioso, brutale, tumultuoso 2’11
6) String Quartet No. 2 (1968) : Allegro con delicatezza–toujours très doux, comme lointain 5’26
7) Sonatafor Cello(1948-1953) : Dialogo 4’25

8) Sonata for Cello (1948-1953) : Capriccio 3’53

1 CD - DDD - 50'25'

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Las metamorfosis de Ligeti

Martin Lasalle

Con la perspectiva que nos dan los casi trece años transcurridos del nuevo siglo, cada vez existen menos dudas acerca de la importancia de la obra de György Ligeti en la música del siglo XX, hasta el punto de que muchos consideran ya al autor húngaro como la figura más destacada de la segunda mitad del siglo. Quizá ningún otro compositor surgido de las vanguardias de posguerra haya trascendido como él  las fronteras de esa especie de ghetto en el que todavía continúan habitando la mayor parte de los autores de ese periodo. El cine, claro está, ha hecho lo suyo (en especial la predilección de Stanley Kubrick, que recurrió en varias ocasiones a Ligeti para 'ilustrar' algunas de sus películas), pero es cierto que la música de Ligeti contiene todos los elementos para convertirla en favorita de los públicos; originalidad, perfección técnica, fantasía desbordante, espíritu lúdico y una ilimitada capacidad de sorpresa son rasgos distintivos de un autor cuyo estilo, sin ceder a ninguna concesión estética, ejerce sobre el oyente un magnetismo inmediato. El resultado es que sus obras se graban una y otra vez, en todo caso más  que las de cualquiera de sus contemporáneos, como sucede con sus dos Cuartetos de cuerda, dos piezas capitales en la evolución estética del autor y que ahora presenta el sello Aeon en magníficas lecturas a cargo del Cuarteto Béla.

Ligeti abandonó Hungría en 1956, a la edad de 30 años, huyendo de un régimen que no auguraba nada bueno para un artista de su especie, y llevando consigo en su maleta un puñado de obras compuestas en los años inmediatamente anteriores y que le servirían como tarjeta de presentación ante el más benévolo mundo del occidente musical europeo. De todas ellas, quizá la más significativa sea su primer cuarteto de cuerda, titulado Métamorphoses nocturnes (así, en francés), una obra maestra que, pese a revelar la poderosa influencia del maestro Bartók en el incipiente estilo del joven compositor, no dejaba de traslucir la poderosa inventiva y la radical originalidad de un creador que en pocos años afirmaría su posición central en el ámbito de las vanguardias musicales. Constituido por una serie de movimientos cortos y muy contrastados entre sí, el cuarteto recibe su nombre del tratamiento que Ligeti efectúa sobre la célula motívica de apertura, a la que somete, más que a un proceso de variaciones, a una serie de transformaciones (o 'metamorfosis') en las que los encadenamientos armónicos, el constructivismo a partir de simetrías que implosionan, los clusters cromáticos y las rupturas abruptas suponen el embrión de un estilo que se desarrollaría, ya en plena libertad, en la década de los sesenta.

Con el Cuarteto de cuerda n.2, compuesto en 1968, nos hallamos ya ante el Ligeti de plena madurez. Se trata de una obra maestra absoluta, una auténtica joya en la producción de su autor, y guarda evidentes parentescos con otras obras de este período, en especial con el sensacional Concierto de cámara (compárense, por ejemplo, los 'scherzos' de ambas obras, 'preciso e meccanico' en el Concierto, 'Come un meccanismo de precisione' en el Cuarteto). Pese a que en él todavía hallamos residuos de la influencia de Bartók -aunque también de Beethoven y Webern- la obra revela ya la quintaesencia del estilo ligetiano, su inconfundible mundo hecho de pequeños gestos sonoros, máquinarias imposibles, relojerías defectuosas, garabatos musicales en permanente metamorfosis, tejidos inextricables que se disuelven o, por el contrario, se aglomeran en un caos aparente que súbitamente se rarifican en una especie de calma suspendida. Ligeti recurre aquí a las polimetrías más complejas que articulan o desarticulan en decurso sonoro, haciendo gala de una fantasía, de un poder de inventiva que convierte a la obra en un fascinante juguete musical capaz de subyugar al más reluctante melómano.

Pese a la dura competencia, las lecturas del joven Cuarteto Béla en nada tienen que envidiar -se diría que al contrario- a las más logradas de entre las decenas de grabaciones de estos cuartetos, incluyendo las del Arditti, el Keller, el Lasalle o el Artemis. Un sonido rotundo y poderoso -apoyado por una magistral toma sonora- y una calidad técnica sobresaliente dan fe del profundo y concienzudo trabajo de estos cuatro jóvenes franceses sobre la música actual. De hecho, el periodo de puesta a punto previo al inicio de actividades del Cuarteto en 2006  estuvo centrado en el segundo Cuarteto de Ligeti, que tenían pensado presentar al maestro una vez considerasen que habían alcanzado los resultados perseguidos. Por desgracia, Ligeti murió en el mismo momento en que -según ellos mismos confiesan- estaban a punto de llamarle para someter sus lecturas a su aprobación. Esta triste circunstancia acabó de decidir a sus integrantes para consagrar este registro íntegramente a la obra del compositor húngaro, en una especie de sentido homenaje de la nueva generación de intérpretes a quien ya ocupa un lugar de honor en el olimpo de la música.

La grabación se completa con la Sonata para violonchelo, obra de juventud en dos movimientos escritos con cuatro años de distancia (1949 el primero, Dialogo, y 1953 el segundo, Capriccio) que, pese a exhibir todavía los rasgos de un autor a la búsqueda de un estilo, no deja de subyugar al oyente por la frescura de su trazo y el encanto de unas melodías 'tradicionales' que Ligeti transfigura con su proverbial instinto para el juego sonoro.

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