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Verso | ESPAÑOLA | ROMANTICA Y NACIONALISTA | SINFONICA (1 CD)

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13,95 €

Delicias españolas (s. XIX)
Música para orquesta de cuerdas


REF.: VRS 2038
EAN 13: 8436009800389
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El presente compacto nos lleva, de la mano de Tomás Garrido y su orquesta de cuerdas Camerata del Prado, a las postreras décadas del siglo romántico español, donde encontramos, en verdad, delicias en todas y cada una de las piezas, que van desde lo muy acorde con el post-romanticismo europeo (sobre todo las piezas de Chapí y Monasterio, junto a la bella Melodía de López Juarranz que inaugura el disco) hasta obras muy de salón como la Gavota de Echeverría. Este es el primer volumen de lo que promete ser una apasionante serie dedicada al sinfonismo español.

FECHA DE PUBLICACIÓN
13/02/2007

INTÉRPRETES
Camerata del Prado
Tomás Garrido, dirección

DATOS DE PRODUCCIÓN

CONTENIDO
Eduardo López Juarranz (1844-1897):
Melodía en Fa
José Hurtado (?-?):
Adagio y Rondó clásico para cuerda. 
Jesús de Monasterio (1836-1903):
Andante religioso
Andantino expresivo para instrumentos de cuerda. 
José María Echeverría (1855-?):
María Luisita, Gavota Op. 12
Intermezzo Op. 27.
José Ildefonso Jimeno de Lerma (1842-1903):
Andante cantábile para instrumentos de cuerda
Marcial del Adalid (1826-1881):
Sérénade pour instruments á cordes. 
Blas García (?-1891) :
Melodía
Ruperto Chapí (1851-1909):
Nocturno de 'El rey que rabió'.
Rafael Pérez (?-1884):
Minueto-Trío (del Cuarteto en Mib)

1 CD - DDD - TT: 64' 45

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

El Sinfonismo español tiene un largo, pero irregular recorrido. Desde mediados del siglo XVIII encontramos, aparte de las sinfonías de Brunetti y Boccherini, las de Garay, las de Nonó, Pons, Moreno, Baguer, etc. Ya en el siglo XIX la muy schubertiana de Arriaga y la ocasional de Barbieri. Más tarde las de Jiménez, la de Chapí, las de Bretón y el considerable corpus sinfónico de Miguel Marqués (cinco sinfonías). Luego Olmeda, Manrique de Lara, Emilio Serrano, hasta entrar de lleno en el siglo XX, más reacio al género, pero que aun produce sinfonías tan notables como la Pirenaica de Guridi, la Sevillana de Turina, las de Manuel Palau, Julián Bautista, o más próximas las de Castillo y Bernaola. Por supuesto, el sinfonismo puede apreciarse en las oberturas y preludios de numerosas óperas y zarzuelas y ballets como los cultivados por Vicente Martin y Soler, y Fernando Sor, Manuel de Falla o García Abril.

La creación de agrupaciones sinfónicas puras a mediados del siglo XIX, generó numerosas obras en ese modelo orquestal y no sólo en la forma sinfonía sino en otras menos ajustadas a la estructura sonatística. Pensemos en los poemas sinfónicos de Isasi, Serrano, o en una obra como la Suite en la de Julio Gómez. Pero también en una formulación orquestal más reducida y consiguientemente de menor complejidad, entre comillas, y menos cara a la hora de ser programada. Me refiero a la música para orquesta de cuerdas, un género con importantísimos frutos durante el siglo XX en toda Europa y que procedía, en ciertos casos, de una ampliación del clásico cuarteto o del quinteto de cuerdas.

Música para orquesta de cuerda I dedicada al siglo XIX, define el contenido del que parece ser el primer compacto de la serie que se titula Delicias españolas. Los protagonistas de esta interesantísima grabación, integrada por doce piezas de varios autores e inéditas discograficamente salvo una, es la Camerata del Prado que dirige Tomás Garrido. Y digo inéditas en disco porque el premiado maestro riojano había publicado en 1998 un volumen (nº 13 de la colección dedicada a la música instrumental por el Instituto Complutense de Ciencias Musicales) que recogía al menos siete de las once piezas incluidas en este disco, además de otras quince obras de compositores españoles de los siglos XVIII y XIX. Confiemos en que el sello Verso pueda continuar la que podría ser una espléndida colección si además de las publicadas por Garrido y aún sin grabar, incorporase piezas del siglo XX, durante el cual se han producido ejemplos señeros en esa modalidad, que van desde la Impresión nocturna de Gaos y La oración del torero de Turina hasta Vistas al mar, de Toldrá, junto a obras de Pompey, Bacarisse, Antonio José, Toldrá, Homs, Serra, Morera, Pahissa, Moreno Gans, Leoz, Gombáu, Rodolfo Halffter, etc.

En el presente disco encontramos piezas de Marcial del Adalid, (1826-1881) notable músico gallego, más conocido por sus obras pianísticas; Jesús de Monasterio (1836-1903), el gran violinista lebaniego que fundó en 1863 la célebre Sociedad de Cuartetos y fue un hombre clave en la Sociedad de Conciertos fundada por Barbieri, origen de la moderna filarmonía madrileña y antecedente claro de la actual Orquesta Sinfónica de Madrid, hoy titular del Teatro Real bajo la dirección de Jesús López Cobos; José Hurtado Castellanos (1859-¿), un desconocido músico posiblemente asturiano, ganador de un primer premio en el certamen promovido por Crónica de la Música con una Polonesa. Sabemos también que Hurtado es autor de una Marcha nupcial para piano que él mismo ofreció el rey Alfonso XII. Era discípulo de Arrieta; José María Echevarria (1855-¿), guipuzcuano que logró estrenar con la Orquesta de la Sociedad de Conciertos dirigida por Mancinelli. Fue alumno en Madrid de su paisano Manuel Mendizábal, profesor también de Isaac Albéniz; Ildefonso Jimeno de Lerma (1842-1903), madrileño, hijo del organista riojano Roman Jimeno, titular de la Real Iglesia de San Isidro enMadrid, quien tras haber ejercido como maestro de capilla en Santiago de Cuba, regresó a la capital española, donde llegó a ser miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes a la muerte de Eslava; Blas García (¿-1891), notable violinista madrileño que actuó como asesor de la programación de la Sociedad de la Sociedad de Conciertos gracias al prestigio que logró como sinfonista; Rafael Pérez, profesor de violín en el Conservatorio de Madrid, que impulsó con sus obras la Sociedad de Conciertos y la sociedad que José de Castro y Serrano llamó "los cuartetos del Conservatorio". Como segundo violín, Pérez formó parte del más antiguo cuarteto estable de España, el formado además por Jesús de Monasterio, el altista Tomás Lestán, conocido con el sobrenombre de Pló, y el violonchelista Catellanos (al que más tarde sustituiría Mirecki). El pianista Juan María Guelbenzu se unió con frecuencia a este histórico cuarteto, así como la pianista y compositora madrileña Luisa Chevalier; por último, Ruperto Chapí, el inmortal autor de La Revoltosa, cuya portentosa obra lírica permanece oculta en su mayor parte. En el disco se incluye el precioso "nocturno"del acto segundo de su opereta El rey que rabió (1891).

Recordemos aquí que todas las obras incluidas en el disco abarcan un período que va desde 1868 (el minueto del Cuarteto en Mi bemol de Pérez) hasta 1895 (el Intermezzo de Echevarria).

El premiado compositor, además de violonchelista, musicólogo y director de orquesta, Tomás Garrido, fundó la Camerata del Prado en 1990. Los conciertos de esta agrupación se cuentan por centenares y la experiencia y saber de Garrido se aprecia en su perfecto entendimiento de las músicas que van desde el siglo XVIII a las de más rabiosa actualidad. La Camerata ha sido vehículo de muchas de sus recuperaciones musicológicas, entre las que cabe destacar piezas de Sor, Andrevi, Iriarte, Balius, etc, pero especialmente las obras obras principales de Francisco Javier García Fajer y de Mariano Rodríguez de Ledesma, entre las cuales hallamos un oratorio y una ópera del primero y las Lamentaciones y el Oficio y Misa de difuntos del segundo, uno y otros personalidades claves del clasicismo y el romanticismo español.

El presente compacto nos lleva a las postreras décadas del siglo romántico, donde encontramos, en verdad, delicias en todas y cada una de las piezas, que van desde lo muy acorde con el post-romanticismo europeo (sobre todo lo de Chapí y Monasterio, junto a la bella Melodía de López Juarranz que inaugura el disco, y de la cual nadie pensaría que procede del mismo compositor del pasodoble La Giralda (magnífico por otra parte), hasta obras muy de salón como la Gavota de Echevarría. Es llamativo el clasicismo elegante de José Hurtado, bastante dramático en el "adagio" y muy arriaguesco en el rondó. Es igualmente una pequeña joya, de gracia casi haydniana, el minueto del "cuarteto" de Rafael Pérez. El "andante cantabile" de Jimeno de Lerma, muy relajante, tiene acaso excesiva duración para la sustancia musical, muy leve, que encierra. Todo el disco merece un aplauso por la interpretación, excelente toma de sonido y documentadas notas del propio Tomás Garrido, muy necesarias por lo injustamente ignorados que han sido la mayoría de estos compositores.

Andrés Ruiz Tarazona


 Existe una idea todavía muy extendida de que, durante los siglos XVIII y XIX, España vivió musicalmente al margen de lo que ocurría en el resto de Europa. Y, sin embargo, nada más alejado de la realidad. Durante la segunda mitad del XVIII Haydn fue uno de los músicos más interpretados en España. El encargo que se le hizo desde Cádiz de las Siete últimas palabras de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz no fue por casualidad. Años antes, el duque de Alba y la duquesa de Benavente-Osuna habían firmado con Haydn sendos contratos por los que el músico austriaco tenía que enviarles anualmente un número determinado de obras. Yel poeta-músico Tomás de Iriarte, ya en 1776, publicaba poesías describiendo y alabando las obras de ‘Hayden, el músico mayor de nuestros días’.
Durante el XIX los músicos españoles viajaron por toda Europa publicando sus obras en Inglaterra, Francia y Alemania, y muchos de ellos estudiaron, vivieron o fueron profesores en Londres o París; y otros muchos, identificados con las ideas liberales, se refugiaron en estas ciudades de la persecución política desencadenada por el tirano Fernando VII. Aunque en 1805 se había interpretado ya en Madrid el Réquiem de Mozart, el músico más conocido y admirado en España en esta época, como en casi toda Europa, sería Rossini, y la ópera (¡como no!) siguió siendo a lo largo de todo el XIX el género musical más importante.
Aunque a finales del XVIII se habían realizado tanto en Madrid como en otras ciudades españolas temporadas de Conciertos Espirituales a imitación de los de París, no existía en España, a diferencia de buena parte de Europa, una burguesía interesada en asistir a conciertos donde se interpretaran sinfonías u otros géneros de música instrumental. Sin embargo, a mediados del XIX en Madrid, F. A. Barbieri y J. de Monasterio liderarán un cambio en las inquietudes musicales que poco a poco dará frutos firmes y duraderos. Monasterio funda en 1863, junto a Pérez, Lestán, Castellano y Guelbenzu la Sociedad de Cuartetos de Madrid; Barbieri, en 1859, crea una temporada inicial de 6 conciertos con un gran coro y orquesta y ya en 1866, junto a un numeroso grupo de músicos, funda la Sociedad de Conciertos de Madrid. En estas dos Sociedades se dan a conocer en España las obras más importantes de los compositores centroeuropeos (especialmente Haydn, Mozart y Beethoven), y a pesar de una inicial reticencia del público y la crítica –en palabras de Barbieri ‘que con cierto desdén llamaban música sabia-, los conciertos de ambas Sociedades se imponen y logran continuidad durante varios decenios: la Sociedad de Cuartetos hasta 1894 y la Sociedad de Conciertos hasta 1906.
Es en este contexto, ampliamente estudiado por el musicólogo R. Sobrino y de cuyos estudios hemos partido para la realización de este trabajo, en el que surgen las obras contenidas en este CD y que suponen el inicio de la música española para orquesta de cuerda exceptuando alguna obra aislada del XVIII. Frente a otras obras instrumentales españolas de la época más ambiciosas (cuartetos, conciertos, sinfonías, poemas sinfónicos, etc), estas piezas para orquesta de cuerda son obras breves, bellas, pequeñas delicias sin grandes pretensiones formales o de desarrollos armónicos donde prima, por encima de todo, la melodía, cierto carácter de salón finisecular y agradar al oyente; lo que no quiere decir que no sean obras elaboradas, trabajadas y donde se percibe un buen oficio y formación musical.
  
Sobre los autores y las obras

 Eduardo López Juarranz: Melodía en Fa. Famoso por sus Pasodobles -como el inmortal La Giralda, estrenado en París en la Exposición de 1889- y su música para banda, nació y murió este singular músico en Madrid (13-IX-1844?-16-I-1897). Estudió en el Conservatorio de su ciudad oboe con Grossi y composición con E. Arrieta, siendo durante algunos años oboísta de la orquesta de la Sociedad de Conciertos; posteriormente entró como director en el cuerpo de bandas militares y ahí desarrolló principalmente su carrera, alcanzando numerosos premios con estas agrupaciones tanto como compositor como director (es famosa su intervención con la banda de Ingenieros en la Exposición Universal de París de 1889). A pesar de su dedicación a las bandas, López Juarranz también compuso música para orquesta y numerosas piezas religiosas, tanto cantatas como obras para coro.
 Esta Melodía en Fa es una de las obras más bellas del disco. Su autor poseía un gran instinto melódico y un gran dominio de la armonía, factores que junto a cierto tratamiento contrapuntísticodan a la obra un vuelo e interés musical por encima de la típica música romántica de salón. 
 José Hurtado: Adagio y Rondó clásico para cuerda.  Pocas cosas se conocen de este compositor que fue alumno de Arrieta en Madrid y que en 1890 publicó Cien cantos populares asturianos   armonizados y con acompañamiento de piano.
 Este Adagio y Rondó clásico, interpretado por la Sociedad de Conciertos, fue premiado con medalla de bronce en la Exposición Literario-Artística, editando también el autor una adaptación para piano. Es una obra compacta en su forma, de bella factura y resuelta con muy buen oficio; especialmente el Rondó, que desarrolla una alegre vitalidad y dinamismo donde las cuerdas tienen una gran exigencia técnica.
 Jesús de Monasterio: Andante religioso; Andantino expresivo para instrumentos de cuerda.  Un gran virtuoso del violín, director de orquesta, compositor y pedagogo fue este insigne músico nacido en Potes en 1836 y muerto en Casar de Periedo (ambas en Cantabria) en 1903. Después de estudiar en Madrid con J. Vega, J. Ortega y A. Daroca se trasladó a Bruselas donde completó su formación en todas la facetas, estudiando violín con C. Bériot y ganando varios premios. Durante muchos años recorrió Europa (Gran Bretaña, Irlanda, Bélgica, Holanda, Alemania) tocando como solista con su Stradivarius o dirigiendo orquestas con gran éxito. A su regreso a Madrid, fundó en 1863 la Sociedad de Cuartetos y a partir de 1869 tomó parte activa en la Sociedad de Conciertos, dando a conocer numerosas obras de contemporáneos españoles y europeos. Como compositor también tuvo una gran actividad  componiendo más de sesenta obras, algunas tan importantes como el Concierto para violín y orquesta en Si m. Como pedagogo se puede decir que es el padre de la moderna escuela española de cuerda: en la orquesta trabajó especialmente la unificación de los arcos y la articulación en las cuerdas, y entre sus alumnos destacó Pablo Casals, quien recordaba a su biógrafo J. M. Corredor en una ocasión que Monasterio era “el maestro más grande que uno pueda haber tenido”.
 Tanto el Andante religioso como el Andantino expresivo (esta última dedicada ‘a la memoria de mi muy querida madre’), fueron estrenadas por la Sociedad de Conciertos de Madrid en el Teatro del Príncipe Alfonso; el Andante  el 17 de Marzo de 1872 dirigido por el autor (posteriormente hubo otras interpretaciones dirigidas por Dalmau, 13-7-1872, y Oudrid, 24-6-1874, en el Jardín del Buen Retiro y por el autor, 29-3-1874, en el Príncipe) y el Andantino  el 17 de Abril de 1881 dirigido por Mariano Vázquez. Monasterio, que conocía muy bien la música de los clásicos y de los primeros románticos, se inclinaba en sus composiciones, con buen oficio, hacia un romanticismo de corte clásico, y de ese sentir son representativas estas dos bellísimas obras.
 José María Echeverría: María Luisita, Gavota Op. 12;  Intermezzo Op. 27. De este autor guipuzcoano nacido en Lasarte el 1-II-1855 se desconoce la fecha de su muerte. Comenzó sus estudios en Guipúzcoa continuándolos en Madrid con gran éxito; posteriormente regresó a San Sebastián donde se estableció y desarrolló su actividad profesional. Investigó en el folklore vasco publicando varias obras que fueron elogiadas por Pedrell; también participó en política y en la última guerra carlista, donde fue herido. Editó bastantes composiciones algunas de las cuales fueron interpretadas en la Sociedad de Conciertos de Madrid.
 Estas dos obras fueron editadas por Díaz y Jornet, la Gavota en 1892 y el Intermezzo en 1895 dedicado a D. José Gaytán de Ayala, y en ambas figura tanto la indicación ‘pour Quatuor à cordes’ como ‘para instrumentos de cuerda’. Son dos delicadas y candorosas piezas genuinas representantes de lo que se entiende por música de salón y música de balneario, géneros muy en boga en el período finisecular. La Gavota fue interpretada por la orquesta de la Sociedad de Conciertos de Madrid, dirigida por el maestro italiano Mancinelli, tanto en Madrid como en San Sebastián.
José Ildefonso Jimeno de Lerma: Andante cantábile para instrumentos de cuerda.  Este músico nacido y muerto en Madrid (19-III-1842;15-XI-1903) continuó la profesión paterna de organista y, exceptuando el tiempo que estuvo de maestro de capilla y profesor del Seminario de Santiago de Cuba (plaza obtenida con 19 años), desarrolló su actividad en Madrid. Sustituyó a su padre como organista de la catedral de San Isidro, fue elegido académico de Bellas Artes en 1879 y en 1897 director del Conservatorio de Madrid. La mayor parte de sus obras fueron de carácter religioso participando en el movimiento de renovación que surgió a finales del XIX, aunque también compuso varias sinfonías, al menos cuatro, en su juventud. Fue un gran recopilador de música religiosa española y la gran biblioteca musical que atesoró fue donada a la R. A. de Bellas Artes de San Fernando.
En este Andante cantábile, mezclando varios estilos -la música de carácter religioso, el romanticismo de salón tan típico de la música española de este período o el posromanticismo centroeuropeo-, Jimeno imprime a la obra un gran lirismo y le dota de un variado desarrollo cercano a la ‘serenata’ de finales de siglo. Su estreno fue realizado en uno de los conciertos de temporada de la Sociedad de Conciertos de Madrid.
Marcial del Adalid: Sérénade pour instruments á cordes.  Es Adalid, probablemente, el compositor gallego más importante del XIX y a su estudio y difusión se ha dedicado especialmente la musicóloga Margarita Soto Viso. Nacido en La Coruña el 24-VIII-1826 y muerto en su pazo de Lóngora (La Coruña) el 16-X-1881, es enviado a los catorce años a Londres por su padre para estudiar piano con I. Moscheles. Allí entró en contacto con todo el movimiento romántico y según Soto Viso es muy probable que participara en el montaje de algunas obras de Mendelssohn y que después en París intentara tomar lecciones con Chopin ‘aunque no existe ninguna documentación que lo pruebe’. A su regreso a España en 1844 entra en contacto con los músicos residentes en Madrid, especialmente con Guelbenzu y, más tarde, con el grupo en torno a la Sociedad de Cuartetos, donde le interpretan varias obras. Compuso numerosas canciones para voz y piano y obras para piano solo y a cuatro manos, así como una ópera importante, Ines e Bianca,  que no pudo estrenar en vida. Como artista preocupado por el legado cultural de su tierra participó en el nacimiento del nacionalismo artístico gallego.
 Esta Sérénade pour instruments á cordes de 1880 se inscribe dentro de la tercera época de las tres que divide la música de Adalid la escritora Emilia Pardo Bazán, amiga de Fanny Garrido esposa de Adalid, y, según Soto Viso, está basada en el tema de la Romances sans paroles  nº 2 del 3er cuaderno. Obra sencilla, delicada, atravesada toda ella de un aire nostálgico, parece recordar en su melodismo y color cierta lírica gallega, aunque, por otro lado, se aprecian similitudes con alguna música inglesa para cuerdas de la época.
 Blas García: Melodía. Pocas cosas se conocen de este compositor fallecido en Madrid el 9-III-1891 y que fue, también, intérprete de violín y viola, tocaba este último instrumento en la orquesta de la Sociedad de Conciertos de Madrid en la que entró como socio de número en 1869. En 1873 fue designado junto a Broca, Marqués y Rafael Pérez miembro del jurado para la admisión de obras de autores españoles que se debían interpretar en concierto. Compuso varias obras sinfónicas que fueron estrenadas en los conciertos de la Sociedad y, también para estos conciertos, realizó adaptaciones de dos obras de Gounod, Himno a Santa Cecilia para cuarteto y arpas y Serenata.
 Esta Melodía  fue estrenada, seguramente, por la Sociedad de Conciertos. Es una obra interesante con abundantes cambios de tonalidad y numerosos divisi en las partes instrumentales; se percibe en ella una ambición y un intento de ir más lejos en el tratamiento de la orquesta de cuerda que la simple música para salón de otros contemporáneos españoles. La partitura está firmada en la última página el 14 de mayo de 1879.
   Ruperto Chapí: Nocturno de 'El rey que rabió'. Es seguramente Chapí uno de los músicos españoles más prolíficos y conocidos y, sin embargo, más injustamente infravalorado. Nacido en Villena (Alicante) el 27-III-1851 y muerto en Madrid el 25-III-1909, se le recuerda sobre todo por sus magistrales zarzuelas y se olvida con frecuencia sus grandes y magníficas óperas de corte wagneriano; pero, además, Chapí compuso 1 sinfonía, 4 cuartetos de cuerda y varios poemas sinfónicos.
 Este Nocturno,  nº 11 de la obra, es un pequeño interludio del IIº  acto de la zarzuela El rey que rabió. Tiene la peculiaridad de que no lleva contrabajos, de esta forma el autor consigue un efecto descriptivo del nocturno más leve y ensoñador. Hace ya algunas décadas que esta obrita se toca independientemente, popularizándola como pieza de concierto el famoso director español Ataulfo Argenta.
 Rafael Pérez: Minueto-Trío (del Cuarteto en Mib). Pocos datos biográficos se conocen de este músico que murió en Madrid en 1884. Estudió violín en el Conservatorio de Madrid, fue concertino de las orquestas del Teatro Circo y del Teatro Real y socio fundador de la Sociedad de Conciertos de Madrid de la que fue secretario durante algunos años. En 1863, junto a Monasterio, funda la Sociedad de Cuartetos desempeñando la labor de segundo violín ininterrumpidamente hasta 1878 en que por motivos de salud lo va dejando poco a poco. Compuso varias obras para orquesta y otras concertantes en las que el violín siempre aparece como solista desarrollando un virtuosismo de gran dificultad técnica.  
Ha sido una irresistible tentación –y de paso damos a conocer esta magnífica obra- realizar una adaptación para orquesta de cuerda de este bellísimo, leve y volátil Minueto-Trío en Lab menor, perteneciente a su Cuarteto en Mib compuesto en 1860 y estrenado el 16 de febrero de 1868 en el salón del Conservatorio en una sesión extraordinaria de la Sociedad de Cuartetos dedicada a la música española.

Tomás Garrido

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