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Verso | CAMARA | ESPAÑOLA | SIGLOS XX Y XXI (1 CD)

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13,95 €

Antón García Abril
Música de cámara


REF.: VRS 2075
EAN 13: 8436009800754
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Cuarteto de Agrippa, para clarinete, violín, violoncello y piano, 1994. Es una obra escrita por encargo de la 43ª edición del Festival Internacional de Santander y como homenaje, que dicho festival quiso rendir, al compositor Goffredo Petrassi en su noventa cumpleaños. García Abril fue uno de los compositores escogidos para que, como ex-alumno del famoso maestro, le obsequiase con una obra en este acto de reconocimiento. Esta composición fue estrenada el 16 de agosto de ese año, en la Sala Pereda del Palacio de Festivales de Santander, teniendo como intérpretes a los integrantes del Grupo LIM del cual, el compositor italiano, era miembro honorario. Esta misma agrupación sería la encargada de estrenar este cuarteto en Italia el 7 de diciembre del mencionado año, concretamente en Cagliari, localidad natal del homenajeado. El Cuarteto de Agrippa, además de ser un homenaje a Petrassi, tiene otra dedicatoria muy íntima: “A mi hijo Antón que con tanta pasión y amor se acerca a la arquitectura”. Ésta puede ser otra de las razones de su título, aunque García Abril no necesita razones extra-musicales para realizar sus obras. No obstante, todo en él está pensado, meditado, partiendo siempre de un análisis profundo. El título Cuarteto de Agrippa, que alude al famoso panteón romano, puede señalarnos varios aspectos: por un lado, arte representativo y monumental italiano para homenajear a un artista también italiano y sobresaliente. Por otra parte, supuesto clasicismo, sobriedad, orden y a la vez grandiosidad relacionado con este cuarteto... y decimos “supuesto”, ya que el Panteón de Agrippa es excepcional, único en su especie: partiendo de la época de los templos que siguen los modelos etruscos, éste rompe los cánones establecidos presentando una planta redonda con bóveda y lucernario. Así es la obra de García-Abril: orden pero libertad; libertad pero no anarquía; originalidad pero no artificios...; obra siempre única y como única excepcional. “Esta obra también es un homenaje a la arquitectura... Siempre me impresionó y me sigue impresionando este panteón romano, ejemplo revolucionario de la arquitectura de todos los tiempos”, dice el maestro.
En el Cuarteto de Agrippa, lo primero en lo que debemos reparar es en la multiplicidad tímbrica de su configuración. Por un lado, un instrumento de cuerda percutida -el piano-, dos de cuerda frotada -violín y cello- y uno de viento madera -el clarinete-. Esta riqueza y planteamiento tímbrico tiene también una idea o alusión a los volúmenes, aquí sonoros, pero relacionándolos con las proporciones arquitectónicas de la obra a la que se da título. “Cuando compuse este cuarteto, estudié los planos del panteón romano reflejando los simbolismos de sus dimensiones... Hay ocho volúmenes en esta obra arquitectónica que plasmé en la partitura... Esto lo diseñé en unos bocetos que ya no conservo, pero que recuerdo haber realizado... Hay una serie de grupos acordales que están referidos, justamente, a unos procedimientos de volúmenes de este famoso panteón romano...”, comenta el compositor. Este cuarteto es un ejemplo de conjunción del concepto tímbrico, armónico y contrapuntístico. El color adquirido por las características propias de cada instrumento, unidas a la importancia armónica plasmada en la verticalidad estructural. “Para mí, la armonía, es el concepto troncal de la música; todo lo demás son derivaciones de la misma.”, continúa el maestro. Este cuarteto, estructurado en un solo impulso, es una forma libre ordenada u organizada partiendo de células o elementos temáticos que van originando distintas superposiciones armónicas y rítmicas. Es la propia esencia de la singularidad de los elementos temáticos, y la acumulación o condensación de los mismos, los que otorgan profunda expresividad a esta composición. Abundantes cambios de agógica y dinámica, y recurrentes grupos irregulares y melismas, son otros elementos característicos del lenguaje del compositor utilizados en esta composición. Contrapunto, armonía y tímbrica, un triángulo perfecto plasmado en la partitura de este cuarteto, emulando al mejor plano arquitectónico, reflejo del homenaje a un singular clasicismo en la modernidad. El primer cuarteto garciabriliano homenajeando al pasado y al futuro, como la mejor representación del humanismo de la vida y el arte.

Cuarteto para el nuevo milenio, para cuarteto de cuerda, 2005. Desde hacía ya algún tiempo, García Abril quería componer un cuarteto de cuerda llegando a iniciar, incluso, algunos bocetos donde quedaban reflejadas ciertas ideas al respecto. Las razones del título otorgado fueron, por un lado, que aquellas bocetaciones tuvieron lugar durante el cambio de milenio -celebrando así este acontecimiento de tanto significado en la historia de la humanidad- y, por otro, como homenaje oculto al compositor del Cuarteto para el fin de los tiempos. Messiaen reflejó un tema profundamente dramático y nuestro protagonista, por el contrario, quiso aportar una visión optimista, esperanzadora: “la ilusión y esperanza ante un mundo mejor…”, dice el protagonista. Pero el primer germen compositivo quedó paralizado hasta que un grupo de jóvenes, residentes en Suiza, configuran un cuarteto con el nombre del compositor: García Abril Quartett. Fue en ese momento cuando el maestro decidió iniciar la composición de esta obra. Por un lado, sintió el compromiso de crear un cuarteto para una agrupación que llevaba su nombre y, por otro, la expresión de agradecimiento ante la generosa actitud de estos intérpretes. “Es una obra que me ha llevado tiempo, porque no quería caer en el peligro de realizar los mismos tópicos de gran parte de los cuartetos creados después de Bartók. No quería recurrir a un tipo de escritura tan académica de contrapuntos, respuestas…, recursos y estructuras muy usadas y gastadas. Quería realizar un tipo de estructura singular, sensible, que tuviese posibilidades de impulso en cada uno de los intérpretes, en los cuatro. Finalmente, creo que lo logré”, comenta el compositor. Esta obra fue estrenada, por García Abril Quartett, el 18 de octubre de 2007 en la entrega del VII Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria, concedido al compositor.
Cuarteto para el nuevo milenio es una obra sin movimientos, unitaria, a un solo impulso, aunque con una estructura perfectamente configurada, porque a García Abril le interesa, siempre, que el oyente reconozca sus ideas. Hay cambios de movimientos y de agógica donde se aprecian las diferentes secciones, pero sin que el discurso se paralice, todo discurre en continuidad. También reconocemos con claridad una de las intenciones más profundas del maestro: el lirismo acentuado y recurrente. Porque, aunque esta creación compositiva ha sido un trabajo de profundo calado intelectual, la meta a alcanzar, de nuestro compositor, es el camino de la espiritualidad. Aunque toda la obra recoge esta intención, podemos focalizar su ejemplo máximo en la sección central, donde se plasma la indicación de Líbero, espiritual y con largura. Quiero hacer hincapié en esto, ya que García Abril no es proclive en evidencias explicativas, no se siente cómodo dando razones extra-musicales en forma escrita ni tampoco oral. “Pero en esta sección me sentí obligado a hacerlo, por encontrarme viviendo un momento espiritual de gran intensidad. Porque, realmente, en esta época de mi vida, me siento dialogando con todo y esto, en lo más profundo, es un diálogo conmigo mismo”, explica nuestro protagonista.   
Intelectualidad al máximo reflejada por un exquisito y permanente sentido contrapuntístico y textural. Estas dos constantes graciabrilianas son muy ricas en el lenguaje del compositor y, en esta obra, un ejemplo constante. Presentaciones de varias voces a la vez con diferentes ritmos, acentuaciones, dinámicas..., lo que el maestro denomina polimelodiosidad. Porque todas las vías, todos los cauces tienen voz propia. Y así, por ejemplo, el contenido de la viola es intrísicamente independiente y autónomo, podría interpretarse solo y ser entendido, ya que su sentido de existir y de comunicar es pleno y auténtico. Como conclusión, podemos decir que cada una de las voces es parte y a la vez es todo. Porque García Abril no entiende la filosofía compositiva de construir por voz o sección instrumental y no darle contenido, desarrollo y singularidad a cada una de ellas. Para nuestro protagonista, si esto es así, la música carece de interés y de valor en sí misma. Por el contrario, con su planteamiento se consigue, a la perfección, romper el concepto monotímbrico del cuarteto, romper el sonido tradicional de esta especial agrupación camerística. Estamos, por lo tanto, ante una textura densa, pero a la vez, y para lograr la perfecta audición, su interpretación requiere de la limpieza y claridad de una música articulada y precisa. Esto ejemplifica que el Cuarteto para el nuevo milenio es una obra de gran dificultad en su ejecución. Al estar los instrumentos explotados al máximo, tanto técnica como artísticamente, con total independencia tímbrica y textural, desemboca en la necesidad de una interpretación exigente y cuidada al detalle. Son necesarias las dotes no sólo de talentosos ejecutantes, sino de maestros que saben interpretar una obra exquisitamente escrita, pero que busca el límite integral de todo, en el objetivo de disfrutar en plenitud de su interpretación y de su audición. Porque, además, en esta obra también está reflejado el compositor orgulloso de ser continuador de la cultura española de su tiempo. “Creo que tampoco hay que perder la luz de nuestros ancestros, la luz de nuestra historia, de nuestra cultura. Esas raíces que siempre quiero que estén presentes, pero en la investigación de una constante renovación. Esta es mi preocupación última: no desviarme o desorientarme por caminos que no son los propios de mi entroncamiento cultural, donde se tiene que representar todo”, explica el maestro. Esencia, integralidad, intelectualidad y espiritualidad son rasgos definitorios de una obra, que se convierte en un punto de inflexión en el corpus garciabriliano y en nuestra literatura española más universal. 

Alba de los caminos, quinteto, para cuarteto de cuerda con piano, 2007. Esta obra fue un encargo del Festival de Música de Villanueva del Rosario -Málaga- y estrenada el 21 de julio de 2007, en el Auditorio María Cristina de Málaga, en la interpretación del García Abril Quartett y de su dedicataria, la pianista Paula Coronas. Forma parte de una serie de obras que el compositor está creando en torno a la palabra Alba “... símbolo generador que intuye recorridos espirituales y de belleza: levantarse a algo nuevo...; nacer, despertar...”, manifiesta el protagonista. Esas inquietudes espirituales y de transcendencia que, aunque siempre estuvieron presentes en el maestro, permanecen, desde estos últimos años, como una de sus principales necesidades estéticas y creativas.
Aunque Alba de los caminos está próxima en el tiempo a la anterior comentada -el Cuarteto para el nuevo milenio-, es necesario señalar la diferencia radical entre ambas. Porque es de sobra conocido que toda creación es una, imprimiéndose en cada composición el denominador común de la filosofía de quien la crea. Pero en estas dos obras, donde este principio sería más justificado, debido a la proximidad cronológica entre ambas, hay que apuntar la sorpresiva diferencia y singularidad de cada una de ellas. “Intenté realizar una obra muy distinta en el concepto formal y en sus propios desarrollos; muy distinta en el sentido de su vuelo en libertad...”, dice nuestro compositor.
Porque Alba de los caminos es una obra, fundamentalmente, libre en el concepto más integral de la palabra. Su esencia no está tan sometida al rigor métrico como sí protagonizaba el cuarteto de cuerda. Una forma estructural flexible, aunque sin renunciar a una unidad muy determinada. Esta obra se puede interpretar casi obviando las líneas divisorias del compás. Se busca crear, en la mentalidad del intérprete, la sensación de una música absolutamente liberada. Y así las expresiones de Andante fluido, Andante líbero y Casi cadencia son indicadores recurrentes en esta obra. Una música fluctuante, guía y conductora del intérprete y no al revés, como puede ser la norma. “Obra libre, fluida, flexible donde todo discurre con naturalidad. Creación de sensibilidades, discurso de espiritualidad, donde el virtuosismo del piano es más cálido y agradecido que arriesgado. Pianismo expresivo y emotivo al máximo”, dice el maestro. 
Es una obra donde las partes de los dos bloques instrumentales representados -el piano, por un lado, y el cuarteto de cuerda, por otro- están unificadas tan perfectamente que ninguna de ellas podría existir sin la otra; se encuentran en una permanente integración y fusión. Se presentan siempre cinco partes: un quinteto con toda su fuerza, condicionamientos, posibilidades y magia, pero también con sus grandes peligros. Porque el piano, por su idiosincrasia, es el instrumento más poderoso, más completo, normalmente el protagonista. Por esta razón, en la agrupación con piano todo lo demás está peligrosamente sometido a ese liderazgo. De ahí que el éxito de esa realidad sea conseguir que se acabe convirtiendo en beneficio del conjunto. Porque en esta obra el piano, a pesar de su singularidad, es una sola parte, la cual se suma y complementa con las otras cuatro de este cuarteto camerístico.
Aunque la música de García Abril es siempre contrapuntística -la linealidad y los planos sonoros son protagonistas-, en Alba de los caminos no es su rasgo más definitorio. En el quinteto hay más verticalidad frente a horizontalidad. La armonía, que en el lenguaje garciabriliano es la raíz de la que se nutre, en esta obra es determinante; encontramos un lenguaje más piramidal armónicamente. Este rasgo viene impuesto por la naturaleza del piano. Su color, el cual es el timbre de su armonía, irradia e invade todos los ámbitos. Este instrumento, orquestal por naturaleza, alimenta y traspasa a la cuerda con sus casi ilimitadas posibilidades colorísticas. La cuerda las recibe, acepta y se nutre con ellas y, a su vez, las devuelve añadiendo otras de su propia identidad. Estamos, en definitiva, ante una obra realizada en la retroalimentación de las posibilidades sonoras y tímbricas de los cinco instrumentos, originadas e impulsadas por el piano, pero convertida y recreada, como resultado, en una gran paleta plena de colores singulares y únicos, los cuales ayudan al compositor en esa búsqueda espiritual reflejada en el ambiente poético, vibrante y cósmico tan característico de su lenguaje. Son los sonidos y resonancias de los especiales y luminosos colores de Alba de los caminos, el primer quinteto graciabriliano cantando a la luz de la vida humanizada más esperanzadora.  


FECHA DE PUBLICACIÓN
07/05/2009

INTÉRPRETES

Daniel del Pino, piano
José Luis Estellés, clarinete
Cuarteto Leonor



CONTENIDO

Antón García Abril (1933):

Cuarteto para el nuevo milenio 2005 [26:18] (Cuarteto de cuerda)
Con largura [12:37]
Libero-espiritual [9:04]
Allegro [4:38]

Cuarteto de Agrippa 1994 [11:19] (Clarinete, violín, violonchelo y piano)

Alba de los caminos 2007 [22:54] (Quinteto con piano):
Tranquilo [4:22]
Allegro brioso [4:11]
Andante fluido [3:33]
Andante libero. Casi cadencia [3:37]
Con júbilo [7:11]

1 CD - DDD - 60'53''

 


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