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Verso | CINE (DVD) | SIGLOS XX Y XXI (3 CD)

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16,95 €

Eduardo Armenteros
Música para una colección de artes plásticas


REF.: VRS 2122
EAN 13: 8436009801225
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CD + DVD + BLU-RAY DISC 3D


FECHA DE PUBLICACIÓN
29/05/2012

INTÉRPRETES
Intérpretes: Andrés Gomis, controlador de viento
y Fredy Valbuena, manipulación y mezclas de audio
Montaje de sonido: Eduardo Armenteros

DATOS DE PRODUCCIÓN

CD + DVD + BLU-RAY DISC 3D


CONTENIDO

Eduardo Armenteros (1956):

Música para una colección de artes plásticas
Homenaje a Venancio Blanco

CD

Música para una colección de artes plásticas (2012)
1 El museo religioso  [5:58]
2 Ceras y moldes  [5:04]
3 La fundición  [5:42]
4 Flamenco  [5:12]
5 Retratos  [5:06]
6 Tauromaquia  [5:36]
7 Dibujos y grabados  [5:20]
8 La forma musical  [5:18]
9 Venancio Blanco  [5:52] 

DVD

Video-creación [51:00]
Música para una colección de artes plásticas (2012)
Homenaje a Venancio blanco

Extras [30:10]

Comentarios de:
• Eduardo Armenteros. génesis y proceso de la composición musical [5:45]
• Andrés Gomis. Características de la interpretación de la obra [3:32]
• Manuel González y Alejandro González. Creación y realización multimedia en3D [5:16]

Entrevista a:
• Venancio Blanco. Extracto de la entrevista efectuada en su estudio de Madrid en noviembre de 2010 por la Doctora Leticia Azcue Brea, Jefe de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del Museo Nacional del Prado [16:38] 

BLU-RAY DISC 3D

Video-creación [51:00]
Música para una colección de artes plásticas (2012)
Homenaje a Venancio Blanco

1 CD + 1 DVD + 1 BLU-RAY


RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Castelnuovo-Tedesco y Goya, Halffter y Tàpies, Lazkano y Oteiza... o el esfuerzo por poblar de sonidos un universo de imágenes: a estos intentos viene a sumarse la Música para una colección de artes plásticas (2010/12) que, como encargo de la propia Fundación BBVA que patrocina la actividad discográfica de Neos, propone Eduardo Armenteros en torno de la poética del escultor Venancio Blanco, quien durante décadas y en diferentes materias (bronce, cera, madera, papel) pugna por una visión renovada de la figuración.

En presentación que incluye doble versión audiovisual y CD puramente sonoro, y con el aliciente de media hora de contenido adicional en que desfilan escultor, compositor, intérprete –el siempre inquieto saxofón de Andrés Gomis, en este caso mostrando las capacidades transformadoras del controlador MIDI de vientos EWI 4000S– y responsables de la creación y realización multimedia, Manuel y Alejandro González, Música... ofrece un recorrido tridimensional, dirigido por Luis Lorenzo, por las líneas de fuerza del artista salmantino y por la intimidad de su taller, en etapas cuya traslación sonora se mueve, al igual que su obra, entre la capacidad de sugerencia abstracta y el arraigo en el dato sonoro concreto.

Así, conviven los sonidos rituales de El museo religioso, la pureza de líneas de Dibujos y grabados,  la penetración psicológica de Retratos (entre ellos, uno de Gerardo Gombau) y Venancio Blanco, con la transfiguración descriptiva de Flamenco y Tauromaquia, el collage de La forma musical y la condición rugosa de Ceras y moldes y La fundición: nueve puertas que se abren a un horizonte reflexivo en que el compositor madrileño, con la colaboración de Fredy Valbuena en el proceso de manipulación y mezcla, demuestra cómo el mismo impulso creativo puede verterse en moldes materiales diversos. Ya lo sostenía Schumann...

Germán Gan Quesada

 

EDUARDO ARMENTEROS
Música para una colección de artes plásticas
Homenaje a Venancio Blanco

El presente trabajo se inserta en un proyecto de “Música para una colección de artes plásticas” que trata de unir en un espíritu común los sonidos con las artes visuales. Pese a que la música trabaja con el tiempo y las artes plásticas con el espacio y que, por lo tanto, no sólo tienen técnicas diferentes sino, sobre todo, maneras diversas de percepción, la colaboración entre ambas es algo que se ha planteado desde antiguo. A veces los músicos se han inspirado en pinturas y ha habido pintores que no podían pintar sin referencias musicales, como era el caso de Paul Klee. Incluso ha habido artistas que pensaron que de una misma estructura básica podrían salir tanto músicas como productos plásticos. Véase si no el motete Nuper rosarum flores, compuesto por Guillaume Dufay en 1436, basándose en la misma estructura diseñada por Brunelleschi para la cúpula de Santa Maria del Fiore, la Catedral de Florencia. O el reto de Iannis Xenakis fundamentando en el mismo plano el Pabellón Philips de la Expo de Bruselas y la obra orquestal Metástasis.

No se trata en el caso presente de equivalencia sino de admiraciones y de valoraciones, de la visión sonora que un músico puede tener sobre un gran artista plástico y que le lleva a plantear sobre su obra una pieza musical que hay que escuchar como tal y que vale por sí misma. La idea no es describir, ni siquiera sugerir, sino situarse en una perspectiva espiritual que produzca una resonancia de sensibilidades, de lo que siente sonoramente un músico ante un universo plástico particular.

Los dos artistas implicados en este trabajo son el escultor Venancio Blanco y el compositor Eduardo Armenteros. Venancio Blanco (Matilla de los Caños, Salamanca, 1923) es uno de los grandes escultores españoles del siglo XX, ganador, entre otros certámenes, del Premio Nacional de Escultura (1959) y de la Bienal de Alejandría (1963), Académico de Bellas Artes de San Fernando y en su momento director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma. Su obra ha tenido una gran proyección nacional e internacional y en ella ha sabido evolucionar la gran escultura de siempre hacia un lenguaje propio en el que se insertan temas muy variados, entre ellos el religioso, que ha cultivado con acierto desde una espiritualidad que impregna toda su obra.

Eduardo Armenteros (Madrid, 1956) es un compositor con una trayectoria amplia y coherente que ha cultivado la música instrumental pero que, además, es uno de los grandes cultivadores españoles de la música electrónica con una producción sólida y muy atractiva que se refleja tanto en obras puramente sonoras como en proyectos mixtos audiovisuales, algo que siempre le ha interesado mucho, como también le ha estimulado trabajar sobre la pintura; así sus tempranas obras sobre Goya: El sueño de la razón produce monstruos (1983) o Pinturas negras (1983). Eso le llevó a integrarse en el Grupo de Experimentación Multimedia OMN con el que realizó numerosos espectáculos audiovisuales del mayor interés. El grupo contaba además con los arquitectos María Rosa Cervera y Javier García Pioz.

Armenteros fue becario de la Academia Española de Bellas Artes de Roma y fue allí donde conoció a Venancio Blanco, entonces director de la institución, y admiró su obra. Desde entonces, y pese a la diferencia de edad, surgió una honda amistad y un respeto mutuo por sus respectivas obras. Fruto de ese conocimiento y esa valoración es esta serie de piezas electrónicas en la que el músico plasma sus impresiones sonoras en torno a la producción del escultor, precisamente en el momento en que se cumplen los treinta años de aquel encuentro romano.

La obra que Eduardo Armenteros ha desarrollado en este proyecto se divide en nueve unidades, cada una de las cuales glosa un aspecto del escultor que al músico le ha interesado particularmente. Todas las piezas tienen una duración similar. Veamos ahora este Homenaje a Venancio Blanco.

1. “El museo religioso”
En septiembre de 2002 se inauguró el Museo de Escultura Religiosa Venancio Blanco en la sede de la Fundación Mapfre Estudios en El Plantío de Majadahonda. No se trata sólo de recopilar su obra religiosa sino que se le encargó una serie de esculturas de gran formato y de temática religiosa expresamente hechas para ese espacio. A esa colección se dedica el primer número de esta obra musical. Armenteros hace un recorrido interior por las obras de este museo temático y él mismo afirma que se centra principalmente en las esculturas que están colocadas en la capilla. Habla el compositor del ambiente meditativo envuelto en grandiosa serenidad. Eso es cierto pero no lo es menos que sonoramente nos encontramos ante una impresión global antes que en presencia de una descripción pormenorizada de piezas. Lo que importa es la creación de un ambiente que surge casi sigilosamente para ir creciendo en intensidad interiorizada. La envolvente parece sencilla pero es tremendamente eficaz. No hay descripción en sentido estricto, casi ni siquiera evocación, lo que se da es la presencia de una impresión que se convierte en ambiente, una sonora contemplación activa que la música evoca con todo su potencial abstracto y al mismo tiempo sensorial: recogimiento en una interiorización que se expande.

2. “Ceras y moldes”
Lo que el compositor quiere evocar en esta pieza es el comienzo de la tarea creativa que parte de una idea pero se convierte en un proceso. Antes que nada, el escultor debe plasmar los esquemas iniciales en soportes muy distintos de los que sustentarán la realización final. Las ceras, los moldes, son pasos de un proceso creativo que contribuyen a que éste evolucione, se agrande y se concrete. Musicalmente es como si Armenteros nos introdujera primero en la mente creativa del escultor para luego ir concretando en modelos previos las ideas iniciales, creando formas que van adquiriendo perfiles, que se concretan en un tanteo variado pero seguro. El procedimiento electrónico que emplea nos introduce en un juego lúcido que se va haciendo, poco a poco, más concreto, elaborado y obsesivo. Es como si las ideas cobraran su primera forma material; ya existen, salen a la luz pero aún les queda recorrido para culminar su apariencia definitiva.

3. “La fundición”
Éste es el momento crucial en la creación de la escultura, el instante en el que la idea, después de ser esbozada y trabajada, se convierte en obra. Es el momento de la verdad que puede significar el logro o el fracaso de la obra. El molde va a pasar al bronce y a crear de verdad la obra. Y ello se hace a través del fuego, un elemento de transformación, de purificación y de concreción. No es la primera vez que Armenteros se acerca a la forma cambiante del fuego, pero aquí su música tiene una calidad de base metálica que traduce muy bien esa plasticidad que el bronce cobra gracias a la acción de la llama, de la incandescencia de elevados grados que va a posibilitar un nacimiento. El compositor juega con los timbres y las envolventes, hay una idea sonora del chisporroteo que no describe sino evoca y un estado sonoro verdaderamente abrasivo que consigue con medios exclusivamente musicales darnos una idea casi corpórea del proceso que se está efectuando. Creo que nos hallamos ante uno de los momentos más virtuosos y logrados de toda la composición. La pieza se desvanece como el enfriamiento de la escultura ya hecha.

4. “Flamenco”
Lo religioso no es temática única en la producción de Venancio Blanco. De su aproximación al movimiento del flamenco, tan sugerente para ser captado y cristalizado por la escultura, Armenteros ha construido una pieza que es una muestra de inteligente mezcla entre lo puramente electrónico y el elemento de música extraído del sonido procedente del mundo exterior. El taconeo y las palmas inician el fragmento pero no como una referencia naturalista sino finamente elaborada en lo electrónico. En un punto culminante del fragmento, que temporal y espacialmente coincide con el punto de lo que sería una aplicación, no sé si consciente o natural de la sección áurea, aparece la voz de un cantaor con un acompañamiento de yunque, ambos bien perceptibles como tal realidad, bajo los que aparecen aisladamente ciertos elementos de electrónica pura. Luego, la transfiguración del taconeo y las palmas reintroducen el factor rítmico y llevan la pieza hacia su final natural. Es una sección que se me antoja como el desarrollo temporal de lo que sería un gesto petrificado en el espacio escultórico. Un introducción dinámica a un arabesco fijado.

5. “Retratos”
Desde los romanos sabemos que el retrato es una cuestión escultórica tanto como pictórica y que el retrato en volumen no se circunscribe sólo al busto, aunque esta sea una manifestación muy común. Venancio Blanco ha realizado retratos muy distintos que van desde santos concretos a personajes abstractos u otros muy determinados, por ejemplo, su paisano el compositor Gerardo Gombau.

En su pieza sobre los retratos Armenteros se interesa especialmente por los rostros y cómo estos van apareciendo y despareciendo. Para ello crea un fondo tímbrico que es, al mismo tiempo, permanente y cambiante y sobre el que van apareciendo otros rasgos. Desde un punto de vista de la técnica electrónica se trata de un trabajo minucioso y cuidado que muestra un gran virtuosismo en el tratamiento de esta materia. Particularmente interesantes me parecen las transiciones y las veladuras sobre las que uno creería ver dibujarse y esfumarse los rostros. No se trata de identificar sino de entrever –entreoír, diríamos mejor–. Estamos ante una pieza realmente muy personal en la que la obra de Venancio Blanco es una referencia para una acto creativo sonoro absolutamente propio e independiente.

6. “Tauromaquia”
El mundo de los toros aparece con alguna asiduidad en la obra escultórica de Venancio Blanco y muy concretamente la visión salmantina de la fiesta y del toro en el campo con sus atractivos Vaquero charro o el Torero del Aeropuerto de Barajas, sin olvidarse el sevillano Monumento a Juan Belmonte. Todo eso ha sido tenido en cuenta por Armenteros que, sin embargo, se ha centrado más en lo que la tauromaquia tiene como espectáculo artístico con sus momentos de tragedia y de gloria. El inicio es inequívocamente una evocación del bullicio de la fiesta tras la que viene el aguzado perfil de la expectación y la angustia; tensión y concentración, dos elementos sin duda que alternan con los aplausos, explícitamente recogidos. Es como una dialéctica continua entre lo externo de la multitud y lo que se vive en la interioridad del torero. Es así una pieza de contraste que aquí y allá recoge elementos naturalistas –los clarines, el aplauso, el grito– y los funde con un universo impresionante de incertidumbre que va ganando en intensidad. El final es como un suspiro profundo tras la inaguantable tensión.

7. “Dibujos y grabados”
Además de un extraordinario escultor, Venancio Blanco es también un enorme dibujante, y el paso del dibujo al grabado es en sí natural, puesto que el uno es la consecuencia del otro. El dibujo de Blanco se basa sin ninguna duda en el predominio de la línea y, tanto en el dibujo como en el grabado, es la línea la que aporta la generación de formas y su realización.

Armenteros idealiza la línea desde un repiqueteo en el que parecen superponerse los trazos individuales. Luego, el proceso se hace más complejo sin por ello perder claridad ni eficacia, características muy propias del artista glosado. La línea puede ganar densidad sin por ello perder identificación y asistimos a un proceso sonoro que creo marca el paso sutil del dibujo al grabado y su retorno. No deja de ser curioso cómo el músico sabe que una línea no es sino un continuo de puntos y esos puntos sonoros, continuos y discontinuos, van a ser la base de su trabajo sonoro en esta pieza.

8. “La forma musical”
La música siempre ha interesado a Venancio Blanco y ha sido una constante entre los temas tratados en sus esculturas. Ya nos hemos referido al monumento a Gerardo Gombau y podríamos citar también el del vihuelista Miguel de Fuenllana. Quizá un detalle no muy conocido es que, con motivo de su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, legó al Museo de esta institución una escultura titulada Sinfonía. No es éste el lugar pero sería interesante analizar esa escultura en relación a la forma sinfónica. Y precisamente la sinfonía por excelencia, la Novena de Beethoven, recorre la plasmación sonora del compositor. Es quizá la cita más reiterada y también la más inmediatamente reconocible.

En esta pieza Armenteros ha trabajado con una técnica que ya hemos visto en otras anteriores y que a él le da un resultado óptimo: el collage. Fragmentos musicales de obras referentes a temas que el artista plástico ha tratado escultóricamente se dan cita aquí en una escucha que va de lo concreto evanescente a lo subliminal presente. Es un ejemplo magnífico de la potencialidad de la música concreta y de la capacidad evocativa y asociativa del collage.

9. “Venancio Blanco”
De las obras artísticas pasamos al artista mismo, ya que en un “más difícil todavía”, Armenteros no se conforma con enseñarnos sonoramente la obra de Venancio Blanco sino que intenta un retrato sonoro de la persona misma. Es un retrato espiritual de una personalidad muy acusada que vive inmersa en un rico mundo interno, que es lo que se nos quiere mostrar. La obra acabará siendo un reflejo del hombre y ahora es precisamente el hombre quien importa. No es nada fácil hacer un retrato sonoro pero no es una apariencia la que el compositor quiere mostrar, sino un flujo de vivencias y de potencialidades que es lo que la música nos propone. Al final, una frase del propio Venancio Blanco, con su propia voz, da término a este recorrido en torno a un artista y su obra, hecho por la obra de otro artista que demuestra que, más allá del material y de la manera de percibir cada arte, el misterio de la creación es único.

© Tomás Marco

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