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COLUMNA MUSICA | SIGLOS XX Y XXI (1 CD)

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16,95 €


Compositoras españolas del siglo XX
de Zubeldia, Salvador, Santiago de Meras...


REF.: 1CM 0138
EAN 13: 8429977101381
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FECHA DE PUBLICACIÓN
20/10/2006

INTÉRPRETES
Marta Knörr, mezzossoprano
Aurelio Viribay, piano


CONTENIDO
Compositoras españolas del siglo XX:

Canciones y obras pianísticas de Emiliana de Zubeldia, Matilde Salvador, Carmen Santiago de Merás, María Rodrigo, María Luisa Ozaita, Elena Romero y María Escribano

1 CD - DDD

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

El papel de la mujer en la historia de la música es fundamental, si bien durante el Renacimiento, el Barroco y el Clasicismo su participación estuviese centrada, sobre todo, en el plano interpretativo. En lo que a España respecta sabemos que Bernardina, la hija del gran organista Bernardo Clavijo del Castillo, fue, según Espinel , "un monstruo de naturaleza en la tecla y arpa"; y que María Ladvenant cautivó con su arte a personajes muy cultos como Jovellanos; en la etapa de los grandes virtuosos aparece la célebre arpista Clotilde Cerdá, conocida en Europa y América con el nombre artístico de Esmeralda Cervantes, sin contar a las divas del canto, desde Lorenza Correa, María Malibrán, Benita Moreno, Isabel Colbrán, etc, hasta Caballé, Victoria de los Angeles, Berganza, etc,
Sin embargo, por razones sociales no fáciles de explicar, la mujer ha estado apartada de la composición hasta bien entrado el siglo XIX. Las excepciones que recoge Patricio Adkins Chiti en Donne in musica, confirman la regla. Todavía en pleno siglo XIX, talentos de la talla de Clara Schumann y Fanny Mendelssohn se vieron forzadas a abandonar la composición por ese rechazo social que, a veces, empezaba por el de sus maridos, como el caso, ya tardío, de Alma Mahler.
Pero el siglo XX, poco a poco, ha corregido esa absurda limitación gracias a las fuertes presiones de grupos feministas y hoy, por ceñirnos a nuestro país, tenemos un brillante y numeroso plantel de compositoras. La generación nacida en la década de los 51-60, por ejemplo cuenta con personalidades tan notables como Teresa Catalán, la prematuramente desaparecida María Escribano, Zulema de la Cruz, Marisa Manchado, Alicia Santos, Consuelo Diez, Teresina Jordá, Margarita Soto, Consuelo Giner, Carmen Miró…
Una de ellas, María Escribano, figura en el disco que reseñamos en estas líneas, dedicado a la canción de concierto española durante el siglo XX. Las demás compositoras que se incluyen en este disco del sello columna Música, Emiliana de Zubeldia, Matilde Salvador, Carmen Santiago de Merás, María Rodrigo, Elena Romero y María Luisa Ozaita, pertenecen a generaciones anteriores.
La grabación se inicia con la compositora Emiliana de Zubeldia (1888-1987), pianista, doctora y docente formada en Pamplona y Madrid. Más tarde amplió estudios de composición en la Schola Cantorum de París con Vincent d' Indy, y de piano con Blanche Selva. Su fama como pianista le llevó a trabajar para los Ballets Rusos de Sergio Diaghilev. A comienzos de la década de los 30 adoptó el "llamado sistema natural de la música" que preconizaba el investigador mexicano Augusto Novaro en base a principios acústicos naturales y no al sistema temperado. México se convirtió a partir de 1937 en su país de adopción. Allí siguió componiendo y enseñando. Dirigió un coro universitario y compuso numerosas obras de fuerte personalidad y delicadeza, cuya recuperación se hace cada día más perentoria. En este disco se han grabado las Seís canciones populares españolas publicadas en París por Max Eschig en 1927, realmente hermosas y muy bien trabajadas armonicamente.
Espléndidas las Canciones de nana y desvelo de la castellonense Matilde Salvador (1918), viuda del ilustre compositor Vicente Asencio. Como él, alcanza honda expresividad a través de un arte sobrio y personal, heredero del último Falla. Las cinco canciones sobre textos muy bellos e imaginativos de Carmen Conde, compuestas hacia 1948, son una buena muestra de la sensibilidad de Salvador a la hora de tratar la voz y los textos, algo que le permitió estrenar en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona su ópera Vinatea sobre libreto de Xavier Casp.
Siguen luego en este CD tres canciones de la asturiana Carmen Santiago de Merás (1917-2005), excelente pianista galardonada en el Concurso Viotti, de Vercelli. Formada en el Real Conservatorio de Madrid y discípula de Julio Gómez. Cultivó diferentes géneros, pero sobresalió en el de la canción de concierto, donde dejó ejemplos de muy buen gusto y excelente formación. Las tres canciones aquí recogidas, una sobre Campoamor y otras dos sobre García Lorca, así lo prueban. El texto irónico y como solía escéptico, del poeta de Navia, generó una de las canciones más graciosas, en todos los sentidos del adjetivo, incluidas en este disco.
También importante pianista, la madrileña María Rodrigo (1888-1967), estudió en el Real Conservatorio con Emilio Serrano y llegó a ser profesora de conjunto coral en dicho centro. Becada por la Junta de Ampliación de Estudios viajó a Munich, donde estudió orquestación. Su obra se mueve en la órbita del nacionalismo albeniciano y eso se aprecia bien en La copla intrusa, claro ejemplo de lo que podría llamarse "la huella de Iberia". Sus canciones sobre Martinez Sierra, autor del libreto de su ópera Canción de amor (probablemente de la esposa de este, María Lejárraga), son expresivas y están muy bien escritas.
Concisas y angustiadas, puro expresionismo de la segunda escuela de Viena, se presentan las misteriosas Cuatro canciones hispano-árabes, de la vizcaina María Luisa Ozaita, fundadora y presidenta de la Asociación de Mujeres en la Música y autora del informado apéndice Las compositoras españolas que completa la edición española (Alianza Música, Madrid, 1955) de Donne in Musica, de Patricia Adkins Chiti, en traducción de Inés Marichalar. Notable clavecinista, Ozaita ha sido alumna de Juan Carlos Zubeldia y de Fernando Remacha y ha destacado como autora de obras de cámara.
Finalmente figuran dos canciones de la madrileña María Escribano (1954-2002), personalidad inquieta e interesada tanto por la creación musical como por el teatro (fue actriz en la compañía Roy Hart Theatre a lo largo de tres años) y el mundo infantil. De ella son los textos de la evocadora Habanera del agua y la intensa y espiritual Mujer de aguas dulces que cierra la grabación.
Son protagonistas de la misma la mezzosoprano Marta Knörr y el pianista Aurelio Viribay, que ya en anteriores ocasiones han dejado constancia de su extraordinaria calidad en este género. Marta Knörr hace gala de su limpia de adherencias y bien timbrada voz, además de una gran musicalidad. Viribay, por su parte, confirma su título de profesor de repertorio vocal de la Escuela Superior de Canto de Madrid. Brilla también en dos piezas para piano solo, la citada de María Rodrigo La copla intrusa, y Canto a Turina, igualmente incluida en esta grabación. La autora del Canto es la madrileña Elena Romero (1923-1997), docente y compositora formada en Barcelona y en Madrid . E. Romero cuenta con una notable producción sinfónica y de cámara y aquí rinde un sincero homenaje pianístico a su maestro Joaquín Turina, con una obra muy turiniana en la que escuchamos una breve cita de la Sinfonía sevillana.
En resumen, nuevo acierto de Columna Música, en el continente y el contenido , con interesantes e informativos comentarios de Ana Vega Toscano, una de las mujeres batalladoras por nuestra música. También es muy apropiada la cubierta del disco, extraída de un cuadro de Angeles Santos.

Andrés Ruiz Tarazona

Compositoras españolas del siglo XX: Una creación con voz propia


Desde el nombre de Gracia Baptista, monja que figura como autora de una breve obra para teclado sobre el himno Conditor Alme en el Libro de Cifra Nueva de Luis Venegas de Hinestrosa, muchas son las compositoras que aparecen con nombre y apellidos en la historia de la música española, e incluso debemos recordar que son numerosas las personalidades femeninas más conocidas de la música occidental en siglos pasados que fueron de origen español, como es el caso de Mariana Martínez (1744-1812) o las famosas hijas de Manuel García: María Malibrán (1808-1836) y Paulina Viardot (1821-1910). Se trata, pues, de una historia en muchos casos aún por escribir pero, sobre todo, mucha música todavía por conocer, y que, como vemos en este registro, nos va a deparar muy agradables encuentros.
A lo largo del siglo XIX las compositoras españolas fueron abriéndose paso en el panorama profesional, publicando obras y finalizando sus estudios incluso con premios de honor en el Real Conservatorio Superior de Madrid, lo que representó en su momento un camino importante en el que fundamentar con firmeza la gran riqueza que el siglo XX iba a ofrecer en nuestra creación musical femenina. Y eso sin contar la labor fundamental de transmisión y formación en la música culta que ofrecieron en la enseñanza tanto pública como privada. Con tan firme sustento no es de extrañar que el siglo XX haya dado importantes nombres en la composición, y de ello tenemos una muestra especialmente significativa en esta antología que nos presentan Marta Knörr y Aurelio Viribay. Constataremos en ella además el interés de muchas compositoras en acercarse igualmente al universo femenino de las letras hispánicas.
El siglo se abre de forma muy prometedora, y así en la generación musical que hoy en día conocemos con el apelativo acuñado por Adolfo Salazar de Generación de los Maestros, son numerosos los nombres femeninos, como los de Emma Chacón, Onia Farga, o Maria Luisa Bosch. Especialmente destacable entre ellas son María Rodrigo y Emiliana de Zubeldía, ambas nacidas en el mismo año, y con un inicio de su carrera en España, pero fallecidas las dos en el exilio en Hispanoamérica tras la guerra civil. María Rodrigo (Madrid, 1888-Puerto Rico, 1967) estudió composición primero en el conservatorio de su ciudad natal con Emilio Serrano, para proseguir después su formación en Munich con una beca de la Junta de Ampliación de Estudios. Su catálogo está realizado fundamentalmente en los años previos de la contienda civil, momento en el que se trasladó a vivir a Puerto Rico. En él encontramos partituras de cámara y de orquesta, así como una especial atención al teatro, contando con óperas como Becqueriana (con libreto de los hermanos Álvarez Quintero, estrenada en el Teatro de la Zarzuela) o Canción de amor (con texto de Martínez Sierra). Su lenguaje musical es de una perfecta concordancia con el de los compositores de su generación, con algunas obras todavía cercanas al salón romántico, pero otras ya de mayor complejidad armónica, y, sobre todo, con muchas páginas de carácter nacionalista, como es el caso de una de sus piezas más conocidas, La copla intrusa, que en versión de piano publicó la UMFE (Unión Musical Franco Española) en 1930, pero que está originalmente pensada y dedicada al famoso cuarteo de laúdes Aguilar (para los que escribió Turina en fechas parecidas La oración del torero). En ella hay una exposición de dos grandes secciones, ambas en lenguaje nacionalista pero muy contrastadas, que se entremezclan en la tercera y última parte, antes de la coda final. También en la UME publicó algunas de sus canciones: así el tríptico Ayes (1924), Disperté y la vi (1924, con texto de los hermanos Álvarez Quintero) y Tú eres la rosa, yo soy el lirio (1930, texto de Francisco Vighi), que responden igualmente al mismo estilo nacionalista de la época. En los tres Ayes, con texto en la edición simplemente firmado por Martínez Sierra (sin nombre propio delante), es interesante recordar el famoso caso, un tanto simbólico, del matrimonio formado por Gregorio Martínez Sierra y María Lejárrega, del que hoy en día sabemos que en buena medida fue ella en realidad la autora de la obra literaria firmada por su marido.
Emiliana de Zubeldía (Salinas de Oro, Navarra, 1888- Sonora, México, 1987) tuvo una intensa y larga vida, de gran actividad: se formó en Pamplona, Madrid y París, desplegando una reconocida carrera como pianista, directora de orquesta, compositora y pedagoga. Desde finales de la década de los veinte se inicia su etapa americana, y a partir de 1937 se afincó definitivamente en México, atraída por las teorías acústicas de Augusto Novaro, realizando una amplia labor centrada en la composición y la pedagogía en la Universidad de Sonora. Su amplia producción incluye música sinfónica y de cámara, así como creación coral y abundante obra pianística, y a lo largo de su extensa carrera siempre se mantuvo fiel al espíritu inquieto que la llevó a interesarse e investigar vías de expresión propias y personales. A partir de los años 30 inició un camino original de creación siguiendo las premisas de las teorías musicales de Novaro, si bien antes tiene una abundante producción tanto de piezas de carácter nacionalista como de asimilación de lenguajes de la vanguardia de principios de siglo. Sus Six Melodies Populaires Espagnoles (publicadas por Max Eschig en 1927) son una buena muestra de su obra nacionalista, en este caso en una línea clara y sencilla.
Pertenecientes ya a la generación del 27 serán autoras como Rosa García Ascot, María de Pablos y María Teresa Prieto, en línea que continuará ya en años posteriores con la creación de compositoras como Carmen Santiago de Merás, Matilde Salvador o Elena Romero. Nacida en Oviedo en 1917, Carmen Santiago de Merás estudió en el Conservatorio de Madrid con Enrique Aroca (piano), Rogelio del Villar y Julio Gómez (composición), y más tarde fue también ella misma profesora del centro. Es autora de un buen número de obras, con especial atención a la música vocal, junto a la pianística; buen ejemplo son las tres brillantes canciones seleccionadas en esta ocasión, sobre poemas de Campoamor y García Lorca. La valenciana Matilde Salvador (1918) se formó en composición sobre todo con su marido, Vicente Asencio, y es autora de un extenso catálogo, que abarca ballet, ópera (Vinatea, 1973), obra orquestal y un amplio apartado dedicado a la canción, que es desde luego una faceta en la que destacó desde muy joven por su gran sensibilidad en el cuidado y la atención al texto. En más de una ocasión se ha acercado en sus canciones a la poesía femenina: un espléndido ejemplo de ese interés es su hermoso ciclo Canciones de nana y desvelo (1947), sobre exquisitos poemas de Carmen Conde (1907-1996).
Ya nacida en la década siguiente es la madrileña Elena Romero (1923-1997) formada con Franck Marshall, Ricardo Lamote de Grignon, Joaquín Turina y Julio Gómez, entre otros, quien tuvo una activa carrera como pianista, directora de orquesta y compositora. Música sinfónica, de cámara y para la escena (el ballet Títeres, por ejemplo) integran su obra, en la que también destacan piezas pianísticas especialmente atractivas, como es el caso de su Canto a Turina (1950), una bella y personal evocación del estilo nacionalista de quien fuera su maestro.
También la creación femenina protagoniza las Cuatro canciones hispano-árabes de María Luisa Ozaita (Baracaldo, 1939), con textos de poetisas anónimas. Compositora y clavecinista, la autora estudió con Fernando Remacha, habiendo realizado una notable carrera como intérprete y creadora. Fundadora y presidenta de la Asociación de Mujeres en la Música, en su obra, de fuerte expresividad utiliza los lenguajes de vanguardia de la segunda mitad de siglo, ya plenamente asimilados. Así lo demuestra en este ciclo de canciones, de gran efectividad en los sobrios recursos sabiamente empleados.
Y esta antología se cierra cronológicamente con María Escribano (Madrid, 1954-2002), cuya temprana desaparición privó a la música española contemporánea de una de sus voces más sinceras y personales. Formada en su ciudad natal, tuvo una intensa actividad en el terreno del teatro musical durante una amplia etapa de su carrera. Su gran sensibilidad se desplegó tanto en su trabajo docente con los más pequeños (tiene una música pedagógica de gran belleza) como en su interés por la búsqueda mística, que supo reflejar en su obra, casi toda ella camerística y con especial protagonismo del piano, instrumento en el que ella era una gran improvisadora. En su música era frecuente que partiera de células breves, con las que creaba una hermosa sensación envolvente, a veces casi hipnótica, pues no en vano la espiral era una forma especialmente querida por la autora. Las dos canciones recogidas en esta selección, Mujer de aguas dulces y Habanera del agua, reflejan muy bien su personalidad, tanto en la música como en el texto, de la propia María, y en cierta forma pueden considerarse su hermosa despedida musical, pues fueron estrenadas por Marta Knörr y Aurelio Viribay (a quienes están dedicadas) en noviembre del 2002, tan sólo un mes antes del fallecimiento de la autora.

Ana Vega Toscano

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