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Supraphon | OPERA | RECITAL VOCAL | ROMANTICA Y NACIONALISTA (1 CD)

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13,95 €

Ludmila Dvoráková
Wagner – Smetana


REF.: SU 4137-2
EAN 13: 0099925413729
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Ludmila Dvoráková adquirió una gran celebridad como esbelta y rubia soprano de magnífica presencia escénica, poseedora de una voz de timbre muy singular, capaz de alternar la suavidad de acentos con el dramatismo más turbulento, cómoda en el registro agudo y con un oscuro registro medio siempre preciso y subyugante. Destacó en los papeles de soprano dramática más exigentes y, siguiendo los pasos de Ema Destinnová, Maria Jeritza y Jarmila Novotná, fue la primera cantante checa de la era moderna en frecuentar los más importantes teatros de ópera del mundo, con el Met de Nueva York a la cabeza. Inició su carrera en Ostrava y pronto fue reclamada en Praga, donde fue contratada por el Teatro Nacional en 1954. Al año siguiente debutó en la Ópera de Viena, y en 1960 en la Staatsoper de Berlín. Cuando Wieland Wagner la oyó interpretar el papel de Ortrud en Munich, inmediatamente la invitó a Bayreuth. Su debut en la Verde Colina se produjo en 1965, y la colaboración se mantuvo durante seis años más hasta gozar de una celebridad que ningún otro cantante checo antes que ella había alcanzado en Bayreuth. En 1966 fue contratada por el Met y el Covent Garden. El CD que ahora publica Supraphon presenta grabaciones en vivo y en estudio nunca antes publicadas (centradas principalmente en Wagner) y supone un justo homenaje a la gran soprano checa en su 90 aniversario.


FECHA DE PUBLICACIÓN
01/10/2013

INTÉRPRETES
Ludmila Dvoráková, soprano
Prague National Theatre Orchestra
Rudolf Vašata, director


CONTENIDO
Richard Wagner (1813–1883):

Tannhäuser
1/ Allmächt’ge Jungfrau – Elisabeth, Act 3 5:15

Tristan und Isolde
2/ Wie lachend mir die Lieder singen – Isolde, Act 1 6:30
3/ Mild und leise – Isolde, Act 3 6:15

Parsifal
4/ Nein, Parsifal... Ich sah’ das Kind – Kundry, Act 2 6:08

Die Walküre
5/ Der Männer Sippe sass hier – Sieglinde, Act 1 5:06

Siegfried
6/ Ewig war ich – Brünnhilde, Act 3 4:51

Götterdämmerung
7/ Starke Scheite schichtet mir dort – Brünnhilde, Act 3 17:51
 
Bedrich Smetana (1824–1884):

Dalibor
8/ Jak je mi – Milada, Act 2 2:38

Libuše
9/ Muj otce – Krasava, Act 2 10:20

The Two Widows
10/ Odcházejí spolu – Anežka, Act 2 9:30

1 CD - ADD - 75'03'

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Ese chorro vocal

Arturo Reverter

El nombre de la checa Ludmila Dvoráková no le dirá gran cosa a los aficionados más jóvenes. Su estrella se apagó a mediados de los ochenta, aunque haya seguido viva y coleando hasta hoy mismo. El pasado año se le concedió, al cumplir los 89, la medalla Antonin Dvorák, un compositor al que había servido con unción y con un fastuoso despliegue de medios durante mucho tiempo, ya desde que hiciera sus primeras armas como soprano en la Ópera de Ostrava y de que, poco más tarde, se erigiera en la Ópera Nacional como una de las mejores voces de su generación, admitida a partir de entonces en los grandes teatros, entre ellos el de Bayreuth.

Porque, en efecto, y ante todo, esta cantante, alumna de canto en su Kolín natal de Olda Mancalová mientras cursaba violín y piano, y de Jarmila Vavrdová y Ferdinand Pujman en el Conservatorio de Praga, era un instrumento imponente, colosal, majestuoso, rotundo, resonante y compacto de soprano dramática, con graves bien apoyados, nunca abiertos, centro amplísimo y agudos de una consistencia y penetración monumentales. Su dominio de la situación, en todos los registros, en la Inmolación de Brünnhilde, uno de los momentos musicales más significados de la Tetralogía, era pasmoso. Ese choro vocal se sobraba para subir sin pestañear, con insolencia, al si bemol y el si natural y para descender limpiamente al do sostenido 3 en el solemne Ruhe, ruhe

Dvoraková canta bien, incluso muy bien, pese al pedestre acompañamiento de la Orquesta de la Ópera Nacional de Praga dirigida por su marido Rudolf Vasata, la Liebestod de Tristán e Isolda, haciendo uso de los pianos y ondulando la emisión, cosas que no eran precisamente su fuerte. Lo suyo era el ataque virulento, la proyección del sonido carnoso, muy eslavo de color, irisado, de un metal que poseía el brillo de la plata, y que campaneaba en las alturas que daba gusto, con una propulsión y una pegada descomunales. Notas anchas, satinadas, que nacían redondas, sin estrecheces, a veces sin freno, como un río que se desborda. Notas que percutían en los oídos y que llegaban a hacer daño, tal era su impulso.

Y este era, efectivamente, el problema de la cantante: la desmesura, la torrencial presencia vocal. Un instrumento impresionante que era difícil domeñar, controlar, afinar. Muchas de las frases, que son expelidas, más que esculpidas, a toda presión, no quedan en su tono justo, generalmente crecen un poco. La emisión es en ocasiones de la dureza del pedernal, imposible de modular y el chorro nos inunda inmisericordemente, nos envuelve y atenaza. Seguimos prendidos, más que de su belleza, de su ímpetu. Y a la artista no le faltan cualidades expresivas, como demuestra en las tres arias, tan bellas, de Smetana, pertenecientes a Dalibor, Libuse y Las dos viudas, en las que sobresale la intensidad del timbre. En la segunda ataca de forma demoledora un do sobreagudo que deja el tímpano temblando. Una nota que maneja asimismo con soltura en el fragmento de Siegfried (Ewig war ich), en donde no logra trinar canónicamente.

Muy aceptable el breve apunte del primer acto de Tristán, extraído del diálogo con Brangania; como el de Parsifal, bien que los lirismos subterráneos y los claroscuros no fueran su fuerte. Muy lejos por ello de dar con la almendra íntima y la límpida poesía del aria de Elisabeth de Tannhäuser, Allmächt’ge Jungfrau. Pero en el exultante canto de Sieglinde de Walkiria la encontramos más entonada. Aquí se ha hecho un arreglet para que la voz termine el acto sin la presencia de Siegmund. En definitiva y por concluir: una voz fabulosa, pura dinamita, un cañón, una afinación regular, una penetración excesiva, con algunos ataques que cortan como una cuchilla. Escasa delicadeza en el decir, lirismo ausente. Pero la experiencia de escuchar un timbre de estos quilates vale la pena.

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