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Neos | INSTRUMENTOS | PRECLASICA Y CLASICA | ROMANTICA Y NACIONALISTA | SINFONICA (1 CD)

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16,95 €

Concerti I
Mozart; Liszt; Bartók


REF.: NEOS 20901
EAN 13: 4260063209017
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FECHA DE PUBLICACIÓN
03/01/2011

INTÉRPRETES

Franz Schindlbeck y Jan Schlichte, percusión
GrauSchumacher Piano Duo
Deutsches Symphonie-Orchester Berlin
Ruben Gazarian, director



CONTENIDO

Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791):

Concierto para dos pianos y orquesta en Mi bemol mayor KV 365 (1779) 26:46
(Cadenzas de los movimientos 1º y 3º de Béla Bartók)
[01] I. Allegro 11:21
[02] II. Andante 07:45
[03] III. Rondeau. Allegro 07:40

Franz Liszt (1811–1886):

[04] Concerto Pathétique para dos pianos, S 258 (1856) 19:19
Allegro energico – Grandioso – Quasi fantasia – Andante sostenuto – Allegro agitato assai
Più moderato – Più mosso – Stretta – Andante, quasi marcia funebre
Più mosso – Allegro trionfante

Béla Bartók (1882–1945):

Concierto para dos pianos, percusión y orquesta (1940) 26:32
[05] I. Assai lento – Allegro molto 13:20
[06] II. Lento, ma non troppo 06:41
[07] III. Allegro, ma non troppo 06:31

1 CD - DDD - 72'58''


RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Las tres obras contenidas en este CD fueron escritas por virtuosos compositores-pianistas para sus acompañantes femeninas al piano: una hermana, una alumna y una esposa. Gracias a su profesión estas mujeres podían considerarse hasta cierto punto emancipadas (y vista la complejidad técnica de estas piezas, no puede hablarse en términos de sexo débil en lo referente a sus dotes interpretativas).

En 1922 Ditta Pásztory, de diecinueve años, comienza a estudiar piano con Béla Bartók en la Academia de Música de Budapest, casándose con su profesor en 1923 y alumbrando en 1924 a su hijo Peter. Durante quince años solo ofrecerá conciertos privados, debutando en público a la edad de treinta y cinco años en Basilea con la Sonata para dos pianos y percusión de Bartók. El compositor era también un excelente pianista que no dudaba en interpretar el Concierto para piano nº 5 de Beethoven o su propio arreglo de Heldenleben de Strauss, y que tocaba con brillantez la Danse macabre de Liszt o Rhapsody in Blue de Gershwin.

Bartók deseaba que su esposa desarrollara, aunque fuera tardíamente, una carrera pianística; por supuesto, estaba pensando también en su incierto futuro común (a partir de la primavera de 1938 Bartók decidió alejarse “tanto como fuera posible de la vecindad de ese país pestilente” que era la Alemania nazi y abandonar Europa con el fin de instalarse en Estados Unidos). De este modo la pareja enriquecería metódicamente su repertorio a cuatro manos para dos pianos con, entre otras piezas, el Concierto en Mi bemol mayor que Mozart compuso en 1779 para ser interpretado por su hermana Nannerl y por él mismo.

Según se sabe, la pareja Bartók-Pásztory tocaría este concierto al menos en dos ocasiones: la primera el 27 de febrero de 1939 en París (bajo la batuta de Hermann Scherchen) y la segunda el 8 de octubre de 1940 en Budapest, con motivo de su actuación de despedida (bajo la dirección de Janos Ferencsik). Que Bartók fuera el autor de las cadencias del primer y tercer movimientos no causó por entonces demasiada sensación. Los especialistas en Mozart quizá se sorprendieron un tanto, conocedores de que coincidían con las mismas cadencias escritas por el compositor. Sin embargo, éstas no serían publicadas sino a finales de 1937, y es probable que Bartók no las conociera. El creador húngaro las transcribió en un manuscrito autógrafo, difícil de descifrar y no siempre claramente legible, que permanecía hasta hace poco, esperando el análisis, en los archivos de su hijo Peter Bartók en Florida.

Una característica sorprendente: los pianistas abandonan momentáneamente su refinado papel de acompañantes en diálogo que Mozart les había reservado, con la cadencia del primer movimiento asumiéndola el primer piano en solitario y la del tercero el segundo piano. En la versión de Bartók se privilegia en ambas secciones -como cabía esperarse- cierta rudeza por encima de la transparencia y la brillantez. La primera cadencia se modula con ayuda de poderosos acordes de séptima disminuida en una tonalidad particularmente alejada de Fa sostenido mayor, cuya tónica se mantiene durante una docena de compases en forma de escarpado trino en la voz intermedia, por encima y por debajo de la cual se desarrolla el primer tema del movimiento.

El segundo tema es introducido por un motivo de base cuya introducción es tratada en stretto con algunos cromatismos desconcertantes, terminando la cadencia con terceras paralelas y unos dobles trinos de gran virtuosismo. La cadencia del rondó final se elabora en primer término a partir del tema del estribillo, improvisando después en Re bemol mayor y en Sol bemol mayor sobre la primera cantinela y volviendo al tema de Mozart mediante un tresillo a dos manos. Ambas cadencias son, por lo demás, dos veces más extensas que las de Mozart.

En 1858 una joven pianista de dieciocho años se presentó en la casa de Franz Liszt en Weimar, llamando desde el principio la atención: era rubia y hermosa, se expresaba en cinco idiomas diferentes, practicaba deporte, escribía fugas muy rigurosas y era ya una consumada virtuosa del piano. Se llamaba Ingeborg Starck, nacida en Suecia y crecida en San Petersburgo, y un condescendiente Liszt demostraría enseguida su interés -pedagógico- por ella, invitándola a participar en sus funciones musicales de Altenburg y tocando a su lado a cuatro manos o a dos pianos. Y aún haría algo más: arreglar un “gran solo de concierto”, una pieza de concurso escrita para el Conservatorio de París, adaptándola para dos pianos y dedicándosela “con veneración” a su alumna. La pareja Bartók-Pásztory contaba ciertamente con esta pieza en su repertorio, y Bartók la conocía a fondo pues la había grabado unos años antes con Ernst von Dohnányi.

Su acercamiento a Liszt se basaba en un estrecho vínculo como compatriota, habiendo sido este antaño presidente de la Academia de Música de Budapest y considerándose Bartók, por así decirlo, nieto suyo según una línea tradicional de profesor a alumno. Por otra parte, Bartók descubriría por sí mismo el modernismo de Liszt en un momento en que la reputación de este se encontraba en su momento más bajo, sin que las osadas obras de su periodo de madurez fueran tomadas en cuenta. Lo que atraía a Bartók del Concierto en Mi menor era no tanto el pathos evocado en el título, desde luego, como esa transparencia emparentada con la Sonata en Si menor. Ello se manifiesta, por una parte, en la semejanza temática y, por otra, en el modo de juzgar un impresionado Bartók su carácter formal especialmente adecuado: tres movimientos en uno, regidos por dos temas únicamente, pero de una extremada maleabilidad.

En 1937 Paul Sacher, millonario mecenas y director suizo, hizo a Bartók el segundo encargo de composición de los tres que llevaría a cabo. Fue la Sonata para dos pianos y dos percusionistas, una de las obras más logradas de las inspiradas en el folclore escritas por el compositor, una combinación fascinante de construcción intelectual y de elementos “instintivos” extraídos de la música popular de los Balcanes, a la que Bartók se refirió siempre en términos de “música campestre”. Fue quizá en esta pieza en la que pensaba Thomas Mann, y también su colaborador en la sombra Theodor Adorno, en el momento de describir la imaginaria obra maestra de Adrian Leverkühn, alias Dr. Faustus: “Un mundo sonoro que se inicia con simples sonidos, fanáticos y mágicos tamborileos y murmullos de gong, que evolucionan hacia el plano musical más elevado”.

En 1940 Bartók amplió esta sonata para convertirla en concierto siguiendo la sugerencia de su editor Heinsheimer, quien intentaba por entonces, en tanto también que agente, ayudar a la pareja de pianistas a ser contratada como concertista. En las partes para los cuatro solistas, que muestran la misma disposición sobre el escenario que en la versión original, Bartók solo efectuó algunas mínimas modificaciones, permaneciendo la obra inalterable en cuanto a sustancia y duración. El estreno neoyorquino, en enero de 1943 bajo la batuta de su compatriota Fritz Reiner, supondría la última aparición en público como pianista de Bartók.

Rainer Peters
Traducción del francés: Javier Palacio

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