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Ars Produktion | INSTRUMENTOS | ROMANTICA Y NACIONALISTA (1 CD)

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precio

16,95 €

Judith Jáuregui
Pour le tombeau de Claude Debussy


REF.: ARS 38558
EAN 13: 4260052385586
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Reconocida como una artista luminosa, elegante y extravertida, Judith Jáuregui es una de las pianistas jóvenes más cautivadoras de la actualidad. Jáuregui ha grabado con anterioridad varios discos de diversos compositores y épocas: desde Debussy,Liszt y Mompou hasta Albéniz, Granados, Falla o Scriabin. Ahora se une al catálogo de Ars Produktion con un álbum que supone un reto añadido, pues se trata de su primera grabación en vivo, una circunstancia que retrata definitivamente a un músico, puesto que no admite el “maquillaje” de la toma en estudio. El repertorio escogido reúne a compositores con los que la pianista donostiarra siente una especial conexión. Abre el recital el Homenaje “Pour le Tombeau de Claude Debussy” de Manuel de Falla, una página que se escucha con más frecuencia en la versión original para guitarra. Sigue la Balada nº 2 de Liszt, en quien –según la pianista– “encontramos numerosas referencias a modo de presagio de lo que pasaría musicalmente a inicios del siglo XX”. Más sensibilidad que virtuosismo reclaman las Estampas de Claude Debussy, mientras que L’Isle joyeuse es una de sus creaciones más extravertidas y brillantes. El díptico de Chopin Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante op. 22 desemboca en la pieza conclusiva, Jeunes filles au jardin de Federico Mompou. El recital tuvo lugar el 4 de octubre de 2018 dentro de la serie “Imperial in Concert” que la prestigiosa firma de pianos Bösendorfer organiza en el Teatro Imperial de Viena, y pone de relieve la madurez técnica e interpretativa alcanzada por Jáuregui.

FECHA DE PUBLICACIÓN
01/03/2019

INTÉRPRETES
Judith Jáuregui, piano

DATOS DE PRODUCCIÓN
Recorded live on October 4th 2018 at the Imperial in Concert Series in Vienna

CONTENIDO
Manuel de Falla
1 Homenaje ‘Pour le tombeau de Claude Debussy’ (1920) 3:30

Franz Liszt
2 Ballade No.2 S.171 (1853) 14:22

Claude Debussy
Estampes, L100 (1903)
3 Pagodes 5:35
4 La soirée dans Grenade 5:33
5 Jardins sous la pluie 4:02

6 L’Isle joyeuse (1904) 6:40

Frédéric Chopin
7 Andante Spianato (1834) 4:43
8 Grande Polonaise Brillante, Op.22 (1830-1831) 9:37

Federico Mompou
9 Jeunes filles au jardin (1918) 4:11

1 CD - DDD - 59:59

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

“Lloro con usted al maestro de todos nosotros, al glorioso creador de la nueva música”. Con estas palabras enviaba su pésame el compositor español Manuel de Falla a Emma Bardac, que esos días de marzo de 1918 recibía innumerables muestras de condolencia tras la muerte de su marido, Claude Debussy.

Cien años después continúa intacta la huella inconfundible que el artista francés dejó en la historia de la música. Heredero en sus primeros años de la poesía de Chopin y habiendo confesado su admiración por Liszt tras su encuentro en Roma en enero de 1886, el joven Debussy cayó en las redes de la estela wagneriana. Pero pronto buscó un lenguaje propio, inspirado sobre todo en sus lecturas, el arte y la naturaleza.

Con Monet y su “Impresión. Sol naciente” comienza el impresionismo pictórico en el que lo importante de una obra es la luz y el color, dejando en un segundo plano la forma. La base de pinceladas de colores puros hace necesario contemplar el cuadro a una cierta distancia para disfrutar del conjunto.

Bebiendo de esa forma de desdibujar a través de la pureza que da como resultado una atmósfera ensoñadora de misterio e intimidad, Debussy comienza una revolución musical liderada por la disolución de las formas clásicas y la apertura armónica, creando nuevos planos y texturas yuxtapuestas. La partitura se convierte así en algo abstracto y, al igual que en la pintura, se necesita esa distancia para poder escucharla en su totalidad. Nace entonces la música moderna, fundamento de la música del siglo XX.    

En el centenario de la pérdida de este gran autor, quise plantear en este concierto – ahora felizmente convertido en grabación – un recorrido por obras tanto suyas como de autores íntimamente vinculados a él, bien porque le influyeron, bien porque se inspiraron en su música.

Comenzamos así este viaje con su gran amigo Manuel de Falla, quien desde España anhela París y las resonancias de su vida musical y cultural. Llega a proclamar por carta a su admirado Claude Debussy que “sin París seguiré enterrado en Madrid”. Cuando consigue viajar a la capital francesa en 1907, su primera visita será para el compositor, que se convierte en una especie de mentor para el español al aconsejarle en sus primeros pasos parisinos.

Debussy siempre sintió una fuerte atracción por lo exótico, y lo español ocupa un lugar importante en su imaginación sonora. Muestra de ello es su Iberia, su preludio La puerta del vino o La Soirée dans Grenade, segundo número de sus Estampes. La admiración mutua y la estética que compartieron se convirtió en una influencia recíproca y en una sólida unión entre ambos autores.

Pour le tombeau de Claude Debussy nació de dos peticiones. Por un lado, el guitarrista Miquel Llobet, discípulo de Tárrega, rogó a Falla que escribiera una obra para su instrumento. Por otro, Henri Prunières – director de la Revue Musicale – le encargó un artículo para un número especial dedicado a la memoria de Debussy, en el que participaron otros músicos como Dukas, Bartók, Stravinski, Ravel o Satie. Más que con un artículo, Falla quería honrar a su amigo con una composición musical y decidió complacer la súplica de Llobet al escribir esta marcha fúnebre en ritmo de habanera. Primero la compuso para guitarra, pero poco después la arregló para piano.

Aunque breve, la obra evoca los rasgos de mayor identidad del maestro francés. Que fuera escrita para guitarra no se debió solamente a la petición de Llobet, sino también al influjo que, en palabras de Falla, ejerce el instrumento español en el lenguaje musical de Debussy. El esquema de habanera, por otro lado, es el más utilizado por el autor en sus referencias a España y, además de otras más veladas, se encuentra una cita explícita casi al final de La soirée dans Grenade que más adelante escucharemos en su totalidad.

Desde este claro homenaje al amigo viajamos tiempo atrás, a uno de los antecedentes de Debussy. Franz Liszt estableció un puente crucial entre el romanticismo y el llamado impresionismo, del que Debussy sería su máximo exponente, aunque huyera de etiquetas y prefiera identificarse como simbolista o “creador de realidades”. En su momento, el húngaro era un adelantado armónica y formalmente a su tiempo y hacía presagiar lo que después el francés llevará hasta sus últimas consecuencias.

Nos encontramos con la Balada nº 2, escrita en Weimar en la primavera de 1853, en uno de los periodos más significativos de la actividad creadora de Liszt, la misma época en la que escribió su célebre Sonata en si menor. A pesar de que no hay referencia explícita a ideas que provengan de fuera de la música, coexisten las teorías de que la inspiración se encuentre en la balada gótica Lenore, del poeta alemán Gottfried Bürger, o en el mito de Hero y Leandro, con el vaivén de las olas del mar del Helesponto recogidas en el trágico cromatismo de la mano izquierda. Sea como fuere, estamos ante una obra innovadora en la que Liszt explora el método de la transformación temática con planos superpuestos, que crean nuevas texturas en el instrumento y alcanzan toda una gama de estados anímicos que van desde la máxima agitación y desesperación a la explosión del lirismo más bello.

Tras este recuerdo del pasado, llegamos al presente más fulgurante con dos de las joyas pianísticas que nos dejó Claude Debussy: las Estampes y L’Isle joyeuse. Compuestas en 1903, las Estampes dan cuenta de esa fascinación por lo exótico mencionado antes. En Pagodes nos presenta el mundo oriental que descubrió en la Exposición Universal de París de 1900, en La Soirée dans Grenade perfuma la ciudad andaluza de la esencia de la exquisitez, la fantasía y la calidez de los colores del atardecer, y finalmente nos encontramos con la realidad de la naturaleza en Jardins sous la pluie, donde la lluvia se escucha desde pequeñas gotas que tintinean hasta torrentes que inundan el paisaje.

Del agua urbana pasamos a la seducción del mar en L’Isle joyeuse, una pieza ligada a las circunstancias afectivas de Debussy y a su estancia en la isla de Jersey en el verano de 1904 junto a su amada Emma, mezcladas con la visión del cuadro de Jean Antoine Watteau, Embarcamiento a Cítera, isla que vivió el nacimiento de la diosa Afrodita, símbolo del amor y el placer. Las corrientes nos envuelven y nos llevan al clímax en una de las piezas más extrovertidas del autor, poseedora de un brillo insólito en su producción.

Es ese destello el que nos conduce al resplandor de una de sus grandes referencias: Frédéric Chopin. Escrita en 1834 durante su breve estancia en Viena – hermosa coincidencia la de que esta grabación se realizara en la ciudad –, con su Gran Polonesa Brillante op.22 Chopin creó un gran baile heroico pero siempre elegante, lleno de espíritu y bravura. Unos años después decidió añadirle el Andante Spianato, una introducción a modo de nocturno, un momento de recogimiento previo a la exaltación, bello por su sencillez y sus grandes líneas de inspiración belcantista que tanto cautivó a Debussy en sus años de estudio en el Conservatorio de París.

Y como despedida de este cálido viaje aparece la luz que desprende el recuerdo de la infancia y que tan presente estuvo siempre en Debussy, de la mano de las deliciosas Jeunes filles au jardin – escritas justamente en el año de su marcha, 1918 – de Federico Mompou. Un final en el que podemos sentir el impacto que nuestro homenajeado creó en el resto del siglo y que nos lleva a los colores y los aromas de aquel París deslumbrante de la Belle Époque.

„Oh, yo amo la música, apasionadamente, y es por amor a ella que me esfuerzo por sacarla de ciertas tradiciones estériles que la ahogan.“
Claude Debussy

„La música es un arte libre, que brota, un arte al aire libre, como los elementos, el viento, el cielo, el mar…“
Claude Debussy 24

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