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Glossa | BARROCA (1 CD)

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16,95 €

Claudio Monteverdi
Scherzi Musicali


REF.: GCD 920915
EAN 13: 8424562209152
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En palabras del director de La Venexiana, Claudio Cavina, con estos Scherzi Musicali «nos encontramos ante la fase madura de la producción monteverdiana, el Monteverdi precursor, experimentador e innovador». El núcleo central del programa lo configuran los lúdicos y brillantes Scherzi musicali, aunque también se incluyen piezas insignes de Vincenti y de Milanuzzi. El broche de oro lo pone una intensa versión del Lamento di Arianna en orquestación de Cavina donde la bellísima voz de Emanuela Galli, protagonista estelar de todo el disco, emerge como un ensueño lírico y remoto.


FECHA DE PUBLICACIÓN
02/06/2009

INTÉRPRETES

Emanuela Galli, soprano

La Venexiana:

Doron David Sherwin, corneta
Svetlana Fomina, violín
Carlo Lazzaroni, violín
Efix Puleo, viola
Caterina Dell’Agnello, chelo
Alberto Lo Gatto, violone
Johanna Rose, viola da gamba
Denise Mirra, viola da gamba
Gabriele Palomba, teorba y archilaúd
Fulvio Garlaschi, teorba y guitarra barroca
Michael Leopold, teorba
Marta Graziolino, arpa triple
Davide Pozzi, clave

Claudio Cavina, conductor



CONTENIDO

Claudio Monteverdi (1567-1643):

01 Con que soavità
02 Ohimè ch’io cado
03 Sì dolc’è il tormento
04 Maledetto sia l’aspetto
05 Quel sguardo sdegnosetto
06 Eri già tutta mia
07 Ecco di dolci raggi
08 Et è pur dunque vero
09 La mia turca
10 Voglio di vita uscir
11 Più lieto il guardo
12 Perchè se m’odiavi
13 Lamento di Arianna

1 CD - DDD - 54'40''


RESEÑA (La Quinta de Mahler)

El triunfo de la monodia y del artificio. La monodia frente a la polifonía de tiempos pasados y de los Libros de Madrigales. Artificio de lo que se llamará Barroco, pero sin su carga de pesimismo. Monólogos con teatralidad, y no sólo la de esa pieza final, el Lamento, que viene de una ópera de 1608 que la posteridad nos ha escamoteado. Estamos en 1632, y el antaño mantuano y ahora veneciano Claudio Monteverdi, cremonense da vero, publica en la ciudad de la Señoría una recopilación de ocho cantos llamada Scherzi musicali, esto es, Bromas musicales. La broma es una cosa muy seria, y uno de sus deberes fundamentales es evitar la gravedad. La broma no está al alcance de cualquiera, mientras que la gravedad sí lo está, sobre todo si hay solemnidad por medio.

Los Scherzi se publican un año después de aquel desastre que fue la toma de Mantua por los imperiales, un episodio más de la Guerra de los Treinta Años, disfrazada de guerra de sucesión de la pobre ciudad de los extintos Gonzaga. Claudio: has sido vengado. La orgullosa ciudad que te expulsó ha caído, la han incendiado, la han reducido a cenizas. No, no es posible que Claudio se ponga contento con esa noticia, con la llegada de la peste a Venecia, acaso traída por el séquito mantuano de su buen amigo Alessandro Striggio, gran poeta autor del libreto de L’Orfeo, persona de calidad y político de la ciudad destruida, un hombre de extracción noble que sin embargo trató siempre bien a Monteverdi e incluso le hizo algún favor importante, como el de arrancar a uno de sus hijos de la Inquisición por leer lo que no debía y comportarse con imprudente libertad. No, la realidad es que aquella peste dejó destruido el norte de Italia, como bien nos cuenta Manzoni el bueno en su novela Los novios, que es una preciosidad. Y que de aquella destrucción surgió la necesidad de sacar productos para todo tipo de comercios e industrias, que habían sufrido los efectos de la mortandad y el retroceso económico. Según parece, los Scherzi constituían una publicación con contenido poco exigente, destinada a un público amplio: pocos efectivos vocales e instrumentales, escasa densidad de contenido, niveles estéticos muy accesibles… Caramba, nos da la impresión, por estos comentarios, que los Scherzi podrían constituir un hit de los cuarenta principales. Pero, no. estamos ante música de una altura estética como no puede esperarse sino de Monteverdi y el mundo monteverdiano posterior a él mismo. Y estos cantos suenan a veces a los de los solistas de L’Orfeo, ya que no a los de sus contemporáneos Ulisse y Poppea.

Una voz, la de la soprano Emanuela Galli, y acompañamientos poco nutridos de los músicos de la Veneziana, con dirección y eventual instrumentación de Claudio Cavina. Eso es lo que aquí se nos presenta, y quede constancia de que este CD de Scherzi, este precioso recital está a la altura del ciclo monteverdiano de este otro Claudio. Ahora bien, a los Scherzi de 1632 hay que añadirle otros, porque son muy poquitos. Y no siempre puede decirse que sean scherzi. Como en el caso del Lamento, claro está.

Aunque hay que aclarar algo: estas bromas no son para graciosos. Y no les digo más en ese sentido, y acaso no hacía falta decirlo. Leggereza: ecco!

Hay diversidad de formas y de géneros en los trece cantos de este disco. El madrigal, porque el que tuvo, retuvo. El ritornello, familiar a los que gustan de repetir escuchas de L’Orfeo, y no sólo de esta ópera primigenia. La chacona, porque en la variación (no en la variedad) está el gusto. Estrofas y versificación imponen o condicionan el cantabile o el recitativo. El Barroco español monódico y teatral se anuncia en muchos de estos cantos. Lástima que nuestro patrimonio lírico-dramático del periodo haya tenido tan cruel destino.

Qué actriz es Emanuela Galli, y qué voz tan ágil la suya. Compárese su interpretación de esa auténtica broma musical que es Ohimè ch’io cado con la de la siguiente en secuencia, Si dolc’è il tormento. No digamos ya con el Lamento. Versatilidad y especialidad en el periodo, capacidad vocal, timbre con agudo poderoso y penetrante, vibración y esmalte. No es la voz de una gran diva, pero Galli y su acompañamiento resuelven con auténticas dosis de belleza y de verdad histórica una serie de cantos que harán las delicias del aficionado. Como es sabido, estos repertorios exigen una reconstrucción por las características de las partituras de la época, incompletas según nuestra concepción. Cavina, una vez más, se zambulle en su tocayo y lo devuelve con esa sonoridad tan suya, tan de La Venexiana, “marca de fábrica”.

Nos detenemos en la esquina de la calle Claudio Monteverdi con la de Claudio Cavina. Tenemos una hermosa perspectiva con monumentos antiguos recién restaurados. Adivinamos los trabajos de otros, tal vez inminentes. Colección amplia de bellezas claudianas. Imprescindible secuencia de vida y de amores no siempre contrariados, a menudo difíciles, cantados con mayor o menor viveza de tono, de exigencia, de luminosidad. Hay mucha luz en este recital grabado en la iglesia de San Carlos, en Módena, en febrero del año pasado, con los cuidados de Carlos Céster. Y no queda mal entre los otros cantos de la confluencia urbana de los Claudios. Al contrario. “Tanto respiri quanto sospiri / ne più ti curi della mia fe”.

Santiago Martín Bermúdez

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