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Arsis | BARROCA | CAMARA (1 CD)

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15,95 €

La Ritirata
Chiaroscuro


REF.: ARSIS 4229
EAN 13: 8435042600871
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Si el Barroco es el arte del contraste, en su búsqueda de danzas con ritmos distintos, movimientos contrastantes y variedad de ideas, este aspecto se pone especialmente de manifiesto en los dispares estilos de las diferentes escuelas europeas. Y, aunque los recursos instrumentales eran similares en todo el continente, la pluralidad de tradiciones estéticas y culturales, junto a la diversidad de la idiosincrasia y personalidad de cada pueblo, produjeron estilos compositivos e interpretativos muy originales y variopintos. Contraste y drama son la esencia de este CD, como su título implica: Chiaroscuro, un término tomado del mundo de las artes plásticas, que en italiano significa literalmente “luz y oscuridad”, ha servido como inspiración para este programa, representando los diferentes estilos nacionales de la época barroca y la manera en que unos influyeron sobre otros. James Paisible, un músico francés que llegó desde Inglaterra acompañado de Robert Cambert, trajo consigo la nueva flauta de pico barroca, un instrumento construido en tres partes (en lugar de una o dos como sus antepasados) con un rango sonoro mucho más amplio. Paisible había servido a la nobleza durante un tiempo, empleado por James II y la princesa Anne, aunque manteniendo estrecho contacto con la escena teatral de Londres. Aunque aparece listado como intérprete de Bass de Violon (que en este caso, sin duda, se refiere al violoncello), a menudo tocaba la flauta en el intervalo denominado de “entretenimiento”. Paisible introdujo una nueva técnica interpretativa que le hizo ser considerado rápidamente como el mejor flautista de su época. Era descrito habitualmente como un intérprete excepcional y se decía que “no dejaba lugar para ningún otro maestro en París” y que “no existía un intérprete igual a él”. Sin embargo, sus composiciones para flauta nunca fueron publicadas, probablemente porque eran demasiado exigentes técnicamente para el amateur de la época, y tan sólo las componía para interpretarlas él mismo. Su estilo de escritura estaba basado en su origen francés, pero con el tiempo adquirió un sabor italiano debido a la influencia de sus colegas italianos que vivían en Londres. Francesco Mancini fue un compositor napolitano auténtico que, además de nacer y fallecer en Nápoles, no salió mucho de esta ciudad, a excepción de alguna visita ocasional a Roma. Era estudiante de órgano en el Conservatorio di S. Maria della Pietà dei Turchini, donde más tarde sería contratado como organista. Durante la mayor parte de su vida trabajó para Alessandro Scarlatti, como asistente suyo en la Capilla Real, hasta sucederle tras su muerte. Fue también director del Conservatorio di S. Maria di Loreto, asumiendo la gran responsabilidad de educar a las generaciones jóvenes. Mancini dedicó su vida casi exclusivamente a la composición de música vocal. Escribió mucha música escénica y religiosa, desde ópera hasta oratorios, misas y motetes. Su escritura es puro dramatismo e incluso sus pocas comChiaroscuroposiciones instrumentales (2 tocatas para clave, 12 sonatas para flauta de pico y 12 conciertos para flauta de pico y cuerda) guardan muchas características de la música vocal, junto a un gusto napolitano muy distinguido. Nuestro compositor flamenco, Jean Baptiste Loeillet, era miembro de una familia de músicos de Gante. Desarrolló su carrera profesional en Lyon al servicio del arzobispo y parece haber muerto alrededor de los 30 años, si bien se desconoce la fecha exacta de su fallecimiento. Poco se sabe de este “Loeillet de Gant”, como él mismo se denominaba, quizás porque se le confundía a menudo con su primo Jean Baptiste Loeillet de Londres. Incluso hoy en día es difícil establecer exactamente qué obras deben atribuirse a un Loeillet o al otro. Sus 48 sonatas para flauta de pico se publicaron primeramente en Ámsterdam y más tarde en Londres. Mayormente escribió en estilo italiano, aunque ocasionalmente se encuentran movimientos titulados como danzas francesas. En nuestros días, Georg Philip Telemann es bien conocido como el compositor más prolífico de la historia de la música, aunque en su tiempo era famoso por razones muy diferentes. Los críticos de la época le consideraban unánimemente como uno de los mejores compositores de su tiempo. Teóricos como Mattheson y Quantz vieron en su música un modelo composicional que le hizo ser admirado no sólo en su tierra natal sino en toda Europa. Su contribución al mundo de la música no se limita a sus composiciones: Telemann redefinió el rol del músico profesional con actividades como la creación del Collegium Musicum, un grupo de 40 estudiantes que ofrecían conciertos públicos, o con la edición del primer periódico musical alemán, denominado Der getreue Music-Meister, donde publicaba música para estudiantes y aficionados, principalmente de su propia cosecha, si bien incluía también obras de compositores como J. S. Bach, Zelenka y Weiss. Estos quehaceres son considerados pasos importantes en el camino de trasladar la música, que se limitaba a los círculos de la aristocracia y de la iglesia, hacia las clases medias de la sociedad. Telemann fue educado en el estilo polifónico alemán y estuvo claramente influenciado por la retórica germánica. Estudió igualmente a los compositores italianos y franceses de la época, por los que sentía gran admiración, de tal forma que en sus composiciones consiguió combinar algunas de las más importantes características de los tres estilos en un nuevo lenguaje mixto. Al igual que sucede con el violín, Italia fue indudablemente la cuna del violoncello, un instrumento destinado en principio a la función de bajo continuo, que poco a poco aumentó en popularidad como instrumento solista durante el siglo XVII. El primer virtuoso y compositor para el instrumento fue Domenico Gabrielli de Bolonia, llamado «Minghino dal violoncello». Lo que ha sobrevivido de su música de cámara para violoncello consiste en 7 ricercari para cello solo, un canon para 2 violoncellos y 3 sonatas para cello y continuo (de las cuales dos son parcialmente idénticas). Algunas de ellas están escritas para la afinación considerada como “normal” hoy en día, y otras con un sol en lugar de un la en la cuerda aguda, lo cual era costumbre en la época. Cuando Gabrielli escribió sus ricercari y sonatas, el violoncello era un instrumento “nuevo”, que había evolucionado desde el “violone” y el “violoncino” (ambos bass violins, si bien la terminología de la época es siempreconfusa) hasta el violoncello, gracias al desarrollo en Bolonia de una nueva cuerda grave de tripa entorchada en metal, que no sólo mejoraba enormemente los sonidos graves en un instrumento más pequeño, sino que además permitía un mayor grado de virtuosismo. Muchos años más tarde, Antonio Vivaldi también ofrecería su tributo al violoncello escribiéndole más conciertos (28 según las últimas cuentas) que nadie más hasta la fecha. Cosa sorprendente, ya que no consta que él mismo fuera cellista, más bien su interés en el instrumento se atribuye al importante número de intérpretes virtuosas en la Pietá, el orfanato femenino veneciano cuyas habilidades musicales eran la envidia de la Europa de la época. De hecho, Vivaldi siguió escribiendo obras para ese hospicio durante varios años, regalándoles nuevas composiciones durante mucho tiempo después de que otros compromisos le llevaran lejos de Venecia. Vivaldi era tan extravagante como persona y como músico que estaba destinado a generar una enorme cantidad de críticas durante su vida. Su arrogancia era notable: se enorgullecía de tener una capacidad compositiva tan fluida que podía componer un concierto, con todas sus partes, más rápido que lo que se tardaría en copiarlo. En muchos casos estas afirmaciones eran claramente exageradas. En cualquier caso, Vivaldi fue más admirado en su época como violinista que como compositor, como podemos apreciar en este comentario de una persona que le escuchó tocar en 1715: Hacia el final Vivaldi interpretó un solo excelente, y como conclusión añadió una cadencia improvisada que me dejó maravillado, ya que parece imposible que nadie haya tocado o vaya a tocar nunca de tal manera. Coloca sus dedos a la distancia de un solo cabello del puente, de tal modo que apenas queda espacio para el arco, e hizo esto en las cuatro cuerdas con fugas de una increíble velocidad. El compositor más excelso del Barroco alemán, Johann Sebastian Bach, siguió toda su vida la costumbre de transcribir sus propias obras con diferentes instrumentaciones y también se ocupó de escribir para los instrumentos de cuerdas pulsadas. Los cultivadores del laúd, omnipresente en el Renacimiento, eran todavía muy numerosos en su época y Bach tuvo ocasión de contactar con alguno de ellos en la corte de Cöthen. Por esta razón, existen al menos seis composiciones para laúd; de ellas, algunas son transcripciones de obras para violín o violoncello que el propio maestro realizó. Participando de ese mismo espíritu, exploramos el Andante de la Sonata II para violín solo interpretado en guitarra barroca. Tamar Lalo & Josetxu Obregón

FECHA DE PUBLICACIÓN
12/05/2009

INTÉRPRETES

La Ritirata:

Tamar Lalo, flauta
Enrike Solinís, guitarra, tiorba y archilaúd
Josetxu Obregón, chelo barroco
Ángela Rubio, violonchelo basso continuo



CONTENIDO

Francesco Mancini (1672-1737):

Sonata en la menor para flauta y continuo:
Spiritoso (01’04)
Largo (01’22)
Allegro (03’03)
Largo (03’21)
Allegro spiccato (02’02)

Domenico Gabrielli (1659-1690):

Ricercare I para cello solo (02’02)

James [Jacques] Paisible (c.1656-1721):

Sonata en re menor para flauta y continuo
Grave (03’18)
Allegro (01’07)
[Vivace] (01’10)
Largo (01’54)
Allegro (00’48)

Antonio Vivaldi (1678 - 1741):

Sonata en la menor para cello y continuo RV43:
Largo (05’01)
Allegro (03’25)
Largo (04’40)
Allegro (02’46)

Jean Baptiste Loeillet de Gant (1688 - c.1720):

Sonata en sol mayor para flauta y continuo
Largo (03’38)
Allegro (03’03)
Adagio (03’20)
Gavotta (02’08)

Johann Sebastian Bach (1685 - 1750):

Andante de la Sonata II para violín BWV 1003 (03’41)

Georg Philipp Telemann (1681 - 1767):

Sonata en do mayor para flauta y continuo
Adagio-Allegro (02’50)
Larghetto (01’40)
Vivace (02’48)

1 CD - DDD - 60'33''


RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Chiaroscuro es la segunda propuesta discográfica del conjunto La Ritirata que dirige el violonchelista Josetxu Obregón, pasando ahora del sello Verso a Arsis tras un monográfico dedicado a Boccherini. Para la ocasión este grupo de efectivos variables en el que milita igualmente el guitarrista y archilaudista Enrike Solinís ha requerido los servicios de la flautista Tamar Lalo con el fin de transitar múltiples senderos barrocos, reuniendo sonatas de Bach y Telemann, de Francesco Mancini y Domenico Gabrielli, de James Paisible y Jean Baptiste Loeillet de Gant. Un programa bien variado en que se han privilegiado antes que nada, como sugiere el título del cedé, el contraste y el drama, la riqueza de matices y una alta expresividad que tiñe de especial cromatismo -latino, por más que mesuradamente administrado- incluso el repertorio más germánico.
El protagonismo interpretativo se reparte por igual mientras se desgrana este hermoso repertorio, puro caleidoscopio estilístico. Obregón consigue de su instrumento un empaste denso, con cuerpo, capaz de desplegar una vasta paleta de detalles tímbricos y texturas ora acariciantes ora rugosas (escúchese ese Ricercare de Gabrielli o la Sonata en la menor de Vivaldi), mientras Tamar Lalo aporta un luminoso fraseo de suave legato flautístico (Sonata de Mancini) e intensa musicalidad (a veces de felices tonos melancólicos, valga la paradoja, como en la Sonata de Paisible). Solinís proporciona por su parte un lustroso bajo continuo, aunando precisión con delicadeza o refinamiento con brío rítmico (a lo largo por ejemplo de la pieza de Loeillet). Los miembros de La Ritirata operan en estrecha comunicación y sintonía, acertando por lo general con los tempi y entrelazando detalladas sonoridades que acaba de intensificar una cristalina toma de sonido. Un trabajo sin duda recomendable.

Norberto Tauste

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