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Orquesta y Coro Nacionales de España | ESPAÑOLA (1 CD)

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16,95 €

Joaquín Rodrigo
Orquesta Nacional de España


REF.: 8436552740040
EAN 13: 8436552740040
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El guitarrista Regino Sáinz de la Maza, que ya había estrenado la Zarabanda lejana de Rodrigo en 1928, y el marqués de Bolarque, en el curso de una conversación en el verano de 1938, comprometieron a Rodrigo para la composición de una obra para guitarra y orquesta, algo carente de precedentes en la moderna historia de la música. Ese fue el pistoletazo de salida para la que más tarde sería probablemente la obra más universal compuesta en la península: el Concierto de Aranjuez

La Orquesta Nacional de España, continuando con sus políticas de expansión y con la idea de aumentar su presencia en medios y su legado, lanza su cuarto CD con esta interpretación del concierto para seis cuerdas bajo la atenta batuta de Juanjo Mena y la guitarra de Pablo Villegas. Este nuevo lanzamiento discográfico, que coincide con la gira por Corea del Sur y Japón de la Orquesta Nacional de España con el guitarrista español, consolida el rumbo decidido de la institución para hacerse un hueco en el proceloso mundo de las referencias discográficas.

El CD incluye además otras dos obras imprescindibles del compositor: la Fantasía para un gentilhombre y el Concierto para una fiesta. La toma de sonido se realizó en directo en el Auditorio Nacional de Música de Madrid entre 2014 y 2015, redondeada a posteriori con una elegante edición del disco y unas notas del máximo interés.  

FECHA DE PUBLICACIÓN
07/06/2016

INTÉRPRETES
Pablo Villegas, guitarra
Orquesta Nacional de España
Juanjo Mena, dirección.

DATOS DE PRODUCCIÓN
Grabado en el Auditorio Nacional de Música (Madrid) los días 16, y 17 de septiembre de 2014 y 5 y 7 de julio de 2015.

Grabación y masterización: Emil Berliner Studios
Productor: Michael Hass
Ingeniero de sonido (Tonmeister): Philip Krause
Ingeniero Asistente: Justus Beyer  
Producción Ejecutiva: Laly García
Editoriales:
Ediciones: Joaquín Rodrigo y Schott Music GmbH & Co, Kg
Diseño: underbau
Fotógrafa:
Lisa-Marie Mazzucco
textos: José Luis García del Busto
Traducción inglés: Luisa y Gregory Starkey

CONTENIDO
Joaquín Rodrigo (1901-1999):

Concierto de Aranjuez
1. Allegro con spirito 6:19
2. Adagio 11:47
3. Allegro gentile 5:19

Fantasía para un gentilhombre
4. Villano y Ricercare 4:24
5. Españoleta y Fanfare de la Caballería de Nápoles 9:22
6. Danza de las hachas 2:08
7. Canario 4:49

Concierto para una fiesta
8. Allegro deciso 10:04
9. Andante calmo 11:02
10. Allegro moderato

7:25 1 CD - DDD - 73: 05

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Concierto de Aranjuez
El guitarrista Regino Sáinz de la Maza -quien ya había estrenado la Zarabanda lejana de Rodrigo en 1928- y el marqués de Bolarque, en el curso de una amistosa conversación en el verano de 1938, comprometieron a Rodrigo para la composición de una obra para guitarra y orquesta, algo carente de precedentes en la moderna historia de la música: más de un siglo tenían los tempranos ensayos de Carulli o de Giuliani... A mayor abundamiento, el propio compositor reconoció años después que, a la hora de acometer la composición de su Aranjuez, ni siquiera conocía los Quintetos con guitarra de Boccherini, un intento histórico de fusionar la guitarra con el cuarteto de cuerda. Este dato se me antoja interesantísimo para valorar la fina intuición que mostró Rodrigo cuando, puesto a intentar un modelo de concierto español para guitarra y orquesta, sin modelo consciente, vino a situarlo expresiva y «argumentalmente» en el Madrid de Goya, que es el de Boccherini.

Al acabar la guerra civil, el 9 de noviembre de 1940, Regino Sainz de la Maza -a quien el compositor dedicó la partitura- y la Orquesta Filarmónica de Barcelona, dirigida por César Mendoza Lasalle, estrenaron en el Palau de la Música Catalana el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. En vísperas del estreno, el maestro valenciano sufrió con las dudas que abrigaba sobre si habría logrado el difícil equilibrio sonoro entre la guitarra y la orquesta: había que dar con una orquesta que fuera -según sus propias palabras- «suficientemente resistente para dar consistencia a ese fantasma sonoro que es la guitarra y, al propio tiempo, tan ligera que no cubriera la sutil vaguedad del instrumento»… Lo cierto es que, en la problemática situación personal y económica en que se hallaba el compositor en aquel momento, para él era imposible soñar que la obra acabaría siendo uno de los más grandes y universales éxitos de la moderna historia de la música. Pero, en efecto, así fue: aquel concierto para guitarra y orquesta, osado por su propio planteamiento instrumental y, a la vez, modesto de ambiciones ha resultado ser la obra española que con mayor frecuencia se interpreta en todo el mundo. Con modestia, Joaquín Rodrigo manifestó haber querido hacer música simplemente «ágil como una mariposa y ceñida como una verónica», pero, en comentario firmado en el mismo año del estreno, su colega Xavier Montsalvatge ya señalaba que el Concierto de Aranjuez era «de pequeñas dimensiones, pero proporcionado y perfecto como un palacete neoclásico».

Después del referido estreno, y tras un paso de la obra por Bilbao, la inmediata presentación del Concierto de Aranjuez en Madrid, con el mismo guitarrista, pero con dirección Arámbarri, convirtió la discreta recepción que se le había dado en Barcelona en éxito clamoroso: el público se mostró entusiasta y la crítica se desató en elogios. Federico Sopeña, en uno de sus libros, describió como «uno de los momentos más memorables de la música española contemporánea» a aquel concierto de Madrid, mientras que, en otro texto, calificaba al Aranjuez como «obra conclusa, escueta, perfecta». Unos años más tarde, la interpretación de la obra en el Teatro de los Campos Elíseos de París, el 7 de mayo de 1950, con la Orquesta Nacional de España y los jóvenes Narciso Yepes y Ataúlfo Argenta como solista y director, fueron trampolines para un salto internacional de tal fuerza que, transcurridos sesenta y seis desde entonces, el favor que dispensan a la obra intérpretes, críticos y público de todo el mundo, no ha dado ningún síntoma de decaimiento.

En palabras del autor, «el Concierto de Aranjuez toma su nombre del famoso Real Sitio a orillas del Tajo, no lejos de Madrid y camino de Andalucía, y en sus notas se ha querido ver la sombra de Goya, prendida de la melancolía. En su música parece revivir el ser de una corte dieciochesca, en la que lo aristocrático se fundía con lo popular, y en sus temas se diría que persiste el perfume de los magnolios, el canto de los pájaros y el rumor de las fuentes, aunque toda determinada descripción se encuentre ausente»... Como comentario referido a la forma de su obra, el maestro Rodrigo apuntó: «El primer tiempo está todo él animado por la misma fuerza y alegría rítmica, sin que los dos temas de que consta interrumpan un sólo momento su trepidante marcha. El segundo supone un diálogo elegíaco entre la guitarra y los instrumentos solistas: corno inglés, fagot, oboe, trompa, etc.; un hondo e ininterrumpido batir, cuatro latidos por compás, mantiene todo el edificio sonoro de este tiempo. El tercer tiempo evoca una danza cortesana, en la que la combinación de compases a dos y tres tiempos, así como una escritura ligerísima, mantienen el tiempo alerta hasta la veloz fermata final».   

Fantasía para un gentilhombre
Nunca llevó bien Andrés Segovia el que la obra más exitosa del repertorio para guitarra y orquesta -el Concierto de Aranjuez, obviamente- no hubiera venido al mundo bajo sus dedos… Ello le distanció de la partitura y de su autor, pero el benéfico paso del tiempo y la voluntad de ambos músicos de limar asperezas, acabó en feliz reencuentro personal. La partitura que selló la paz es la Fantasía para un gentilhombre, obra compuesta por Joaquín Rodrigo en 1954 a petición de Andrés Segovia, dedicada a éste, y que el eminente guitarrista andaluz estrenó en el War Memorial Opera House de San Francisco, California, el 5 de marzo de 1958, con la Orquesta Sinfónica de aquella ciudad estadounidense dirigida por el donostiarra Enrique Jordá. El propio Segovia, también con Jordá en el podio, pero ahora al frente de la Orquesta Nacional de España, hicieron el estreno español y europeo de la obra en el concierto inaugural del VII Festival Internacional de Música y Danza de Granada, el 20 de junio de 1958, en el Palacio de Carlos V de la Alhambra.

La Fantasía para un gentilhombre de Joaquín Rodrigo es una obra concertante que articula, a modo de suite, seis piezas extraídas de la Instrucción de Gaspar Sanz. De este gran maestro español de la guitarra barroca se conoce poco más que su música: nacido en Calanda (Teruel), su gran aportación reside en la Instrucción de Música sobre la guitarra española, obra publicada en Zaragoza en varias ocasiones entre 1674 y 1697 y de la que, en tiempos modernos, la Institución Fernando el Católico hizo una edición facsímil en 1952, la cual, sin duda, conocida por el maestro Rodrigo, vendría a motivar la composición de la Fantasía para un gentilhombre. En efecto, la gracia populista de las piezas recopiladas por Sanz, la inspiración de sus melodías y ritmos, su obvia adecuación a la guitarra... eran demasiados elementos como para que un compositor como Rodrigo, tan cómodo en la práctica del neoclasicismo y empeñado en ahondar en una estética españolista y no necesariamente andalucista, dejara de incorporar la Instrucción de Gaspar Sanz a su estreno, como antes había hecho con los vihuelistas, con Domenico Scarlatti y con el padre Soler. Por lo demás, Rodrigo, que se había prometido a sí mismo no insistir en el molde del concierto para guitarra y orquesta, buscó con ahínco que nadie pudiera achacarle haber intentado un «segundo Aranjuez»: de ahí la forma de suite, tan distinta de la del concierto, así como la renuncia a ahondar en la imbricación de la guitarra en el seno de la orquesta, optando por un curso dialogante en el que las dos voces se alternan sin apenas superponerse.

Dos frases del propio Rodrigo referidas a su obra me parecen precioso material para ambientar debidamente la nueva audición de la obra: «Todo un pasado de danzas, en las que tiempo viejo y tiempo nuevo iban a entroncarse revive en estos títulos, y yo me propuse que mi lenguaje armónico y el clima sonoro no estorbaran al conjuro de aquellos títulos» ... «Mi última y máxima satisfacción, en fin, será pensar que, si Gaspar Sanz se mirara en esta partitura, pudiera exclamar: ¡No soy yo, pero me reconozco!».

Concierto para una fiesta
Un buen día de 1982, el maestro Rodrigo recibió la carta en la que una adinerada texana, Carol McKay, le solicitaba la composición de un concierto para guitarra y orquesta que iba a ser el regalo del matrimonio McKay a sus hijas, Alden Elisabeth y Lauri Ann, con motivo de su próxima presentación en sociedad. En aquella carta, la encargante se presentaba como miembro de «una familia de ganaderos texanos», afirmaba que «la cultura española es muy importante para nosotros» y comentaba que querían «obsequiar a nuestras hijas con un regalo de valor duradero».

Joaquín Rodrigo, olvidada la vieja idea de no volver a escribir para guitarra y orquesta en formato de concierto, aceptó el encargo y así nació el Concierto para una fiesta, la última obra concertante de nuestro compositor, obra que se estrenaría, en privado, para la familia de William McKay y sus invitados, en el Ridglea Country Club de Fort Worth (Texas), el 5 de marzo de 1983, por quien era el principal intérprete de Rodrigo a la guitarra por entonces, Pepe Romero, y la Orquesta de Cámara de Fort Worth, bajo la dirección de John Giordano. Victoria y Joaquín Rodrigo no pudieron acudir al estreno por razones de salud. El estreno en España del Concierto para una fiesta tuvo lugar en la plaza de armas del Palacio Real de Aranjuez, el 6 de junio de 1990, en el curso de un cálido homenaje de la ciudad madrileña a su principal cantor. Fueron intérpretes el guitarrista Pepe Romero y la Orquesta Sinfónica de Madrid dirigida por Max Bragado-Darman. 

«Me pareció que lo más adecuado para esta ocasión -comentaba Rodrigo al presentar esta obra- sería escribir un concierto alegre en su mayor pate, que festejara un acontecimiento social dedicado a la juventud, aunque también con sus momentos de nostalgia, como, por ejemplo, en el solo del corno inglés del Adagio. Pero, en su conjunto, la impresión de optimismo domina la obra, inequívocamente española.

Respecto a la técnica guitarrística, Pepe Romero no duda en describirla como la obra más difícil que él ha tocado jamás. Por contraste, la orquestación es transparente: subraya y sostiene los temas, y acompaña siempre a la guitarra con discreción.

El primer tiempo está dominado por dos temas originales de sabor muy valenciano; el segundo se despliega sobre un La fundamental en la trompa que parece evocar el espíritu del Cid y el pasado moro de Valencia.

Aunque el corno inglés contribuye de manera decisiva al tema principal del introvertido segundo movimiento, sería un error compararlo con otro tema a lo Aranjuez. De hecho, pese a su factura, este movimiento es la antítesis de su contrapartida mundialmente célebre. Su fuente principal es el ritmo, más que la melodía. Aquí no hay nada de la serenidad rítmica de la obra precedente: al contrario, hay una alternancia constante de dos compases a 6/8 con un compás de 5/8, y esto se complica por diferentes grupos en el interior de los compases. El resultado podríamos compararlo a una ola continua y agitada, inquieta a través del movimiento hasta que en el corazón de la cadencia se consigue una suerte de solución rítmica apacible.

En contraste, el Rondó final es extrovertido y apropiado al ambiente de fiesta, con una sevillana como tema recurrente principal».

No está de más subrayar que Joaquín Rodrigo, más que octogenario por entonces, dejó para la posteridad un Concierto que no solo es digno hermano de tantas obras anteriores del maestro valenciano, sino que, además, evita cualquier signo de cansancio o decadencia en la escritura y -antes al contrario- hace gala de un lenguaje tan fresco y espontáneo como el de sus conciertos de la primera madurez.  

José Luis García del Busto Crítico musical

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