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Pan Classics | BARROCA | CAMARA | INSTRUMENTOS | RELIGIOSA (2 CD)

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25,90 €

Heinrich Ignaz Franz Biber
Sonatas del Rosario


REF.: PAN 10329
EAN 13: 7619990103290
24 horas: Si realiza el pedido hoy, este producto estará listo para ser enviado el viernes 06/12/2019

Tras rescatar varios conciertos y sonatas para violín de Antonio Vivaldi con extraordinario éxito de crítica y público, la violinista y directora ibicenca Lina Tur Bonet apuesta ahora por revisitar en disco -de nuevo bajo la exquisita enseña de Pan Classics- las célebres Sonatas de los misterios o Sonatas del Rosario de Heinrich Ignaz Franz Biber con el propósito de acuñar una lectura de absoluta referencia basada en criterios historicistas y fuentes fidedignas que acreditan la autenticidad de la propuesta.


Biber escribió esta obra -que, en términos de calidad y ambición artística no admite comparación con ninguna otra de su época- en torno a 1678 y se la dedicó a su mecenas, el arzobispo de Salzburgo. Caracterizado principalmente por el uso exhaustivo de la técnica conocida como scordatura -una afinación heterodoxa de las cuerdas cuya práctica fue común, si bien no extensiva, durante el Barroco-, este ciclo narrativo de 15 piezas para violín y continuo en torno a los misterios del rosario católico presenta todo un reto al intérprete que decida abordarlo, pues cada una de ellas requiere, entre otros rigores hermenéuticos, una afinación propia y diferente. Ello, sumado a la complejidad técnica de la escritura de Biber y a su poderosa intensidad espiritual, convierte estas Sonatas del Rosario en una de las cimas más escarpadas y elevadas de la literatura violinística universal. En compañía de su ensemble Musica Alchemica, Lina Tur Bonet vuelve a erigirse en uno de los músicos historicistas más dotados, inquietos y rigurosos de la escena clásica internacional.



FECHA DE PUBLICACIÓN
01/09/2015

INTÉRPRETES
Musica Alchemica
Lina Tur Bonet, violín barroco y dirección


CONTENIDO
Heinrich Ignaz Franz Biber (1644-1704):

Mystery Sonatas [Las sonatas del Rosario]

CD 1

I. Mariæ Verkündigung / Annunciation 
II. Marias Besuch bei Elisabeth
III. Die Geburt Christi
IV. Die Darstellung im Tempel
V. Der zwölf jährige Jesus im Tempel
VI. Christus am Ölberg
VII. Die Geißelung
VIII. Jesus wird mit einer Dornenkrone gekrönt

CD 2

IX. Jesus trägt sein Kreuz
X. Die Kreuzigung
XI. Die Auferstehung
XII. Die Himmelfahrt
XIII. Die Entsendung des Heiligen Geistes
XIV. Mariæ Himmelfahrt
XV. Die Krönung Mariens
XVI. Passagalia

2 CD - DDD - 123'52'

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Una alquimia musical

Javier Sarría Pueyo

Es paradójico que en los encendidos debates en torno a la interpretación histórica de la música del pasado ambos bandos, en buena medida, han enarbolado la misma bandera, la del respeto a las intenciones del autor. El enfoque, en cambio, es justamente opuesto, pues mientras los partidarios de la aplicación de los usos actuales a la música antigua se ciñen a un respeto casi fetichista y reverencial hacia la partitura, devotos de la ilusión de que la música queda ahí encerrada, los adeptos al historicismo afirman que la partitura es un esbozo sólo aproximado de lo que el compositor quería, ya que sólo en una interpretación, cuando la música de hecho suena, se completa la creación musical. Por lo tanto –segunda paradoja– los músicos con sensibilidad histórica reivindican que, para mejor servir al compositor, hay que tomar la partitura como mero punto de partida y concluir la obra mediante un nuevo acto de creación: la interpretación, que no puede provenir de otro lugar, naturalmente, que de la imaginación, el gusto, el sentido musical del intérprete. Eso sí, basado, ceñido y hasta constreñido, si se quiere, por aquello que el compositor podía esperar del contexto histórico en el que la pieza se creó, evitando todo tipo de anacronismo. Este acto de creación interpretativa es tanto más importante y amplio cuanto más antigua es la música, pues las instrucciones de la partitura son más detalladas a medida en que el tiempo avanza. Es, pues, el siglo XVII el que más juego da –y exige– al intérprete, pues las indicaciones suelen ser mínimas y, sin embargo, por lo que sabemos, la interpretación máxima.

Traigo todo esto a colación porque justamente las celebérrimas Sonatas del Rosario de Heinrich Ignaz Franz Biber son composiciones que exigen todo del intérprete. En ellas ceñirse a la partitura sería letal. Y si no letal, al menos ponzoñosa sería una ejecución objetiva, añadiendo adornos y ciertos detalles de articulación, dinámicas y fraseo. No, no basta. Estas composiciones exigen zambullirse de lleno y arriesgarse hasta el límite de la temeridad. Exigen sufrir, llorar, danzar, regocijarse, horrorizarse incluso. Exigen crear, en pleno siglo XXI, la obra musical de nuevo. Y esto, ni más ni menos, es lo que consigue Lina Tur Bonet en la espléndida grabación que nos ofrece de la mano de Pan Classics. 

Ante todo, nos encontramos en presencia de algo muy personal. Todo lo que se ve y se escucha en el álbum es fruto de la violinista: participa en la producción del disco, redacta las notas, realiza algunas de las bellas y originalísimas fotografías que las acompañan, dirige la interpretación del conjunto –con todas las decisiones que conlleva– y, naturalmente, toca el violín. Si uno lee con atención las notas, que incluyen una visión –personal, como no podía ser menos– de cada sonata, descubre una verdadera declaración de intenciones. Y consiste en la necesidad de extraer el contenido retórico de la música. En efecto, en cada sonata se hallan numerosas figuras musicales claramente reconocibles representativas de afectos e imágenes musicales. Pero hay más, hay otras figuras que no son, por así decirlo, canónicas y que Lina Tur interpreta a su manera, conforme a su saber y sensibilidad. Así debe ser y así se concibió en la época, pues sabemos por numerosos tratados que, en sí, las figuras retóricas eran ilimitadas y no necesariamente sujetas a una precisa codificación. Esa es la labor que desarrolla nuestra intérprete con excelencia, al descubrírnoslas, revelarlas, hacerlas sonido vivo y palpitante. 

Lina Tur Bonet se enfrenta a estos retos partiendo de dos premisas imprescindibles: pleno dominio técnico del instrumento y profundo conocimiento de lo que Harnoncourt llama “estilo elocuente”, es decir, de los recursos retóricos. Lo uno sin lo otro sería estéril, pues el virtuosismo, indispensable en unas composiciones de considerable complejidad técnica, siempre debe estar al servicio del discurso narrativo. Y esto es por fortuna lo que la ibicenca ha logrado en el registro. Maravilla la individualización de cada sonata, de cada movimiento e incluso de cada figura presentes en el texto, si bien logrando al tiempo una total cohesión; todo hilvanado en un brillante sermón.

No me resisto a comentar muy por encima algunas sonatas emblemáticas. Y, así, la primera, La Anunciación, comienza, como es bien sabido, con el aleteo del ángel San Gabriel. Y Lina empieza ya a sorprendernos, pues, frente a otras versiones que se plantean los arpegios improvisatorios como una pieza de exhibición, forte desde el principio, nuestra violinista suaviza la dinámica y no sólo eso, sino que espacialmente la música comienza desde la lejanía (como el ángel, que se cuela por la ventana), aproximándose poco a poco hasta que ya, plenamente presente, lo que comienza de forma harto misteriosa se desvela a María y a todos nosotros. 

La Flagelación es una de las sonatas más célebres y en ella se aprecia un discurso magníficamente estructurado de forma mesurada hasta que llegan los latigazos, expuestos con crudeza inmisericorde, con una magnífica exposición de las dobles cuerdas. A continuación se desarrolla La Coronación de espinas, el Ecce homo. Se trata de una sonata llamativa por su tonalidad y el predominio de una alegre giga con variaciones (doubles). El contraste es patente en esta versión. En primer lugar una conmovedora sonata en la que observamos a Jesús humillado, doliente tras la flagelación, pero lleno de dignidad. Y, a continuación, la giga que, en sí, es una bonita y animada pieza con su ritmo con puntillo, pieza difícilmente encajable. Habitualmente se trata como la burla, el despiadado sarcasmo de la soldadesca romana, con el remedo a la majestad divina llevado a cabo mediante la subversión de los símbolos reales: manto, cetro y corona. Sin embargo, por mucho que se interprete de este modo, si no se altera el afecto natural de esta feliz danza, sigue sin encajar. Lina vuelve a dar en el blanco al tratar libremente la giga mediante una amplia flexibilidad rítmica: un oportuno empleo del rubato con el que se hace patente la ebriedad y paulatina degradación de los soldados, permitiendo así que la giga pierda gran parte de su encanto. 

Tur Bonet logra posiblemente la lectura más aterradora de La Crucifixión. Comienza con una especie de tutti orquestal (dicho sea de paso, es admirable la forma en que se varía e individualiza el continuo) donde todos los instrumentos al unísono nos anuncian con horror lo que va a pasar. Y, tras escuchar la descarnada introducción de los clavos, llegan las variaciones, tranquilas hasta que llegamos a la última, en que se produce un tremendo y progresivo accelerando, notas picadas y una dinámica exaltada: una representación paroxística de la muerte de Cristo. 

La Asunción de la Virgen es una sonata especialmente apreciada. Nos hallamos ya entre los misterios gloriosos y, por lo tanto, es un momento de celebración. María no muere sino que asciende al Cielo en cuerpo y alma. Lina Tur trata la virtuosa giga –y sus variaciones– que llega a continuación de forma impecable, con un tempo más reposado que otros, de modo que lo que podemos perder en exhibición lo ganamos en poder evocador, pues resulta muy convincente como representación del ascenso, mediante una danza extática en la que se puede ver bailar a toda la corte celestial.

Y por último la Passagaglia, desarrollada en la triste, aunque consoladora, tonalidad de sol menor, que en el acorde final termina en mayor. Lina desvela sus interioridades en una lectura meditabunda, sin perjuicio del dramatismo debido en los pasajes dados a ello, técnicamente inmaculada y con un envidiable sentido rítmico. Nos deja un perfecto colofón propicio para unos momentos de meditación o, si nuestros sentidos aguantan, para iniciar de nuevo uno de los recorridos más bellos de la historia de la música en una de las mejores compañías que uno puede desear, unos músicos que logran, haciendo honor a su nombre, una perfecta alquimia musical.

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