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Glossa | OPERA | PRECLASICA Y CLASICA | RECITAL VOCAL (1 CD)

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Arias para Luigi Marchesi
Sarti, Zingarelli, Bianchi,...


REF.: GCD 923505
EAN 13: 8424562235052
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La reconstrucción de la emoción producida por la colorida personalidad del castrato Luigi Marchesi a finales del XVIII, esa época marcada por turbulencias y revoluciones, es un proyecto que engloba una exposición, simposios, la publicación de partituras asociadas al divo, y esta fabulosa nueva grabación realizada por Ann Hallenberg, Stile Galante y el director Stefano Aresi.


Gracias a un meticuloso trabajo ha sido posible identificar no solamente las principales arias compuestas para Marchesi, sino también su deslumbrante estilo de ornamentación y sus cadencias, cualidades desarrolladas a lo largo de una carrera de cinco décadas. Poseedor de una tesitura vocal que abarcaba tres octavas, Marchesi, denominado «el Apolo de su tiempo», fue agasajado por toda Europa, de San Petersburgo a Viena, de Londres a Milán, pasando por Múnich, Nápoles o Varsovia. Incluso se permitió rechazar la pretensión de Napoleón Bonaparte de escucharlo en 1796...


La mezzosoprano sueca Ann Hallenberg se introduce de lleno en el espíritu musical de esta extraordinaria estrella de la opera seria tardía, en una vívida recreación apoyada no solo por una atención meticulosa en cuanto a la configuración orquestal habitual en las interpretaciones de Marchesi, sino también por el estudio de dos centenares de documentos redactados acerca de las interpretaciones del mítico cantante.


FECHA DE PUBLICACIÓN
01/09/2015

INTÉRPRETES
Ann Hallenberg, mezzosoprano
Stile Galante
Stefano Aresi, dirección


CONTENIDO
01 Giuseppe SARTI
Vedo l’abisso orrendo (Armida e Rinaldo)

02 Giuseppe SARTI
Rendi, oh cara, il prence amato (L’Olimpiade)

03 Niccolò Antonio ZINGARELLI
Chi mi dà consiglio, aita (Pirro)

04 Giuseppe SARTI
Lungi da te, ben mio (Armida e Rinaldo)

05 Johann Simon MAYR
Oh qual contento (Lauso e Lidia)

06 Luigi CHERUBINI
Quanto è fiero (Alessandro nelle Indie)

07 Gaetano PUGNANI
Misero pargoletto (Demofoonte)

08 Francesco BIANCHI
Sembianze amabili (Castore e Polluce)

09 Domenico CIMAROSA
Superbo di me stesso (L’Olimpiade)

10 Josef MYSLIVECEK
Se cerca, se dice (L’Olimpiade)

11 Niccolò Antonio ZINGARELLI
Qual mi sorprende e agghiaccia (Pirro)

12 Niccolò Antonio ZINGARELLI
Cara, negl’occhi tuoi (Pirro)

13 Luigi CHERUBINI
Quanto è fiero (Alessandro nelle Indie)
[bonus track with alternative ornaments]

1 CD - DDD - 71'45'

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Marchesi revive con Hallenberg

Fernando Fraga

Con el auge que en los últimos tiempos ha adquirido la ópera barroca, los contratenores  han ocupado el puesto de los desaparecidos castrados o eviratos, asumiendo las partes que en la época fueron escritas a favor del arte sublime  de este tipo de  vocalidad, para siempre extinta. Contratenores, algunos falsetistas, pero también una amplia cohorte de  cantantes femeninas, normalmente mezzosopranos y alguna contralto, cuyo número y calidad asombra hoy si se intenta hacer una lista de ellas, de múltiples orígenes nacionales lo que demuestra la universalidad del fenómeno. En primer lugar, aunque acostumbre asumir con mayor insistencia personajes femeninos, merece situarse a Cecilia Bartoli. Tras ella: Joyce DiDonato, Marie-Nicole Lemieux, Vivica Genaux, Alice Coote, Sonia Prima, Marijana Mijanovic (un poco desaparecida últimamente), Romina Basso, Delphine Galou,  Kristina Hammarström,  Hillary Summers, Mary-Ellen Nesi, Sarah Connolly, Silvia Tro Santafé, Sara Mingardo, Maria Riccarda Wesseling, Maite Beaumont, Laura Polverelli, Monica Bacelli, Magdalena Kozena, Blandine Staskiewicz, Marina de Liso, Patricia Bardon, Natalie Stutzmann, Manuela Custer… y las más veteranas, ocasionalmente barrocas,  Jennifer Larmore, Anne Sofie von Otter y Veselina Kassarova.

Y… Ann Hallenberg, mezzosoprano sueca que merece situarse en los primeros lugares de la desordenada  y un tanto inútil lista precedente, dado que lleva más de una década encabezando los mejores equipos barrocos. Sus grabaciones son múltiples. La penúltima, antes de la presente que va a comentarse,  la dedicada a las varias Agrippinas que el Barroco ha plasmado en música, con fragmentos de óperas de, por supuesto, Haendel y otros compositores contemporáneos. Si este disco resultó excepcional en su planteamiento, magníficamente sostenida por Il Pomo d’Oro y Riccado Minasi, el que ahora propone Glossa no se queda atrás, ahora con el acompañamiento, de nuevo en perfecta complicidad con la cantante, de Stile Galante y Stefano Aresi.

Luigi Marchesi vivió entre 1754 y 1829 y fue uno de los últimos castrados de la edad dorada, destacando por el poderío de su voz (potente y colorida) con la que daba rienda suelta a la excelente preparación asociada a su cuerda. Estaba igualmente preparado para expresar los más profundos sentimientos patéticos. Stendhal llegó a escucharle en su primer viaje a Italia y no se quedó corto al definir su arte como equivalente en escultura al de Bernini, el de la Santa Teresa en éxtasis.

Hallenberg pone al día el cosmos canoro de Marchesi, definido en el disco como “el gran castrado de la era napoleónica”, quizá teniendo en cuenta que en 1800, en compañía de la diva Giuseppina  Grassini, ofreció en Milán un concierto en homenaje al futuro emperador de Francia con motivo del triunfo en la batalla de Marengo (la que tanto celebra Cavaradossi en Tosca).  Merece señalarse, en honor de la vida privada de Marchesi, el hecho social de que gracias a él se fundó el Pio Istituto Teatrale, institución encargada de socorrer a las gentes asociadas al mundo de la ópera que se hubieran quedado, en su vejez, sin recursos.

Hallenberg incluye en las lecturas los ornamentos y cadencias originales utilizados por Marchesi (los compositores, dada la preparación de sus intérpretes,  dejaban que el da capo de las arias fuera realizado por el propio cantante),  así como otras debidas a la gran Angelica Catalani (en una misma aria de Cherubini para comparar sus ornamentos con los de Marchesi: un alarde editorial) o al compositor Domenico Corri. El programa consta de páginas de  compositores encuadrables en el Barroco más tardío, ya con un pie en el clasicismo (el primer Mozart parece pasearse por alguna de estas arias) y otras que parecen incluso mirar al bel canto italiano. Piénsese que cuando murió Marchesi, Rossini ya había dado carpetazo a su producción teatral con Guillaume Tell, Bellini había estrenado Il Pirata y Donizetti había recorrido la mayoría de los escenarios italianos con obras de diversa consideración y calidad.

Hallenberg, aparte de una lección de estilo bien aprendida a lo largo de su rica experiencia, demuestra  poseer todas las facultades necesarias para llevar estas complicadas páginas a buen término: repentinos y numerosos saltos de octava, del amplio grave al rotundo agudo, embellecimientos de diferente calibre incluido el trino, agilidades de todo tipo  con una muy ágil disposición para la coloratura, contando con un  ancho centro instrumental que luego le viene de perlas para los momentos de simple canto silábico y de mayor contenido dramático. Esos dos extremos de habilidad canora, aunque existan otros ejemplos a elegir, quedan reflejados en dos productos de la inspiración de Sarti, el sucesor de Paisiello y predecesor de Martín y Soler en la corte de Catalina la Grande de Rusia, los dos pertenecientes a ese tema tan barroco como el de los amores de Armida y Rinaldo. Hallenberg conoce también los trucos del aria de tipo galante (al que hace referencia por lo demás el grupo instrumental acompañante), esas exquisitas páginas de las que dejó tantos modelos el divino Haendel, que aquí pueden disfrutarse en la primera parte de un aria del catálogo de Luigi Cherubini, Allesandro nell’Indie, con inevitable texto de Metastasio. La cantante, a punto de cumplir la cincuentena y tras más de veinte años de actividad, se halla en un momento de su carrera idóneo para sobrellevar este repertorio (poco conocido, además) privilegiado por ella con enorme inteligencia profesional.

En dos cortes, los dos pertenecientes a Zingarelli encuentra perfecto acomodo con el arte y la voz de Hallenberg la soprano Francesca Cassinari, igualmente impuesta en la estética al haber trabajado a menudo con La Venexiana y Claudio Cavina.

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