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Bru Zane | OPERA | ROMANTICA Y NACIONALISTA (2 LCD)

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precio

27,95 €

Félicien David
Herculanum


REF.: ES 1020
EAN 13: 9788460684398
24 horas: Si realiza el pedido hoy, este producto estará listo para ser enviado el jueves 18/07/2019

Gracias al éxito triunfal de su "oda-sinfonía" Le Désert [1844], Félicien David ya gozaba de sobrada fama cuando su ópera Herculanum fue estrenada en la Ópera de París en el año 1859. Un trabajo sumamente ambicioso que le abrió las puertas de la Opéra-Comique y del Institut de France y le hizo acreedor de la Légion d’Honneur.


Dejando atrás las influencias orientales  de sus anteriores partituras, Herculanum se alza como una composición operística de fuste definida por un carácter fuerte e intensamente dramático, así como por una línea estética que no esconde sus diversas influencias estilísticas -Verdi se cuenta entre ellas-, lo cual hace posible el concurso de tesituras vocales tan diversas como la muy infrecuente contralto de coloratura -que Rossini  empleó con frecuencia-. Herculanum, cuya trama gira en torno a las leyendas, tradiciones y hechos históricos asociados a la devastación de las tres ciudades arrasadas por el Vesubio, bebe también de las referencias fantásticas de Boieldieu -La Dame blanche [1825]- y Meyerbeer -Robert le Diable [1831]-, pero el ámbito sobrenatural comparece en esta ópera al servicio de un misticismo simbólico presentado sin tapujos. Prueba de ello es un clímax apoteósico y cataclísmico con el Vesubio como protagonista que viene a significar la decadencia del mundo antiguo y el triunfo de la Cristiandad.


En esta versión historicista e impecable debida a la mano del infalible Hervé Niquet a partir del denuedo musicológico auspiciado por Palazetto Bru Zane, las excelencias musicales saltan al oído desde la primera nota gracias a un elenco de primera magnitud encabezado por las damas Véronique Gens y Karine Deshayes y secundado por las estupendas huestes filarmónicas de Bruselas y Gante comandadas por el laureado director francés.


FECHA DE PUBLICACIÓN
01/09/2015

INTÉRPRETES
Véronique Gens, Lilia
Karine Deshayes, Olympia
Edgaras Montvidas, Hélios
Nicolas Courjal, Nicanor / Satan
Julien Véronèse, Magnus
Flemish Radio Choir
Brussels Philharmonic
Hervé Niquet, dirección


CONTENIDO
Félicien David (1810-1876):

Herculanum
Ópera en cuatro actos
Libreto de Joseph Méry y Térence Hadot
Estreno: Opéra de Paris, 4 de marzo de 1859
Édition Colombier - Revisión: Palazzetto Bru Zane

CD I [72:58]

01 Introduction 3:03

Acte premier

02 Gloire, gloire à toi (Nicanor, la Cour d’Olympia) 4:56
03 Oui, j’ai passé les mers (Olympia, Nicanor, la Cour d’Olympia) 0:52
04 Marche 1:44
05 Pour célébrer le jour (Nicanor) 0:28
06 Du sang ! Du sang ! (Olympia, Nicanor, la Cour d’Olympia) 1:54
07 Dans une retraite profonde (Lilia, Olympia, Hélios, Nicanor) 2:53
08 Votre Dieu, votre foi (Olympia, Nicanor) 1:36
09 Le monde est conquis (La Cour d’Olympia) 0:41
10 Quels sont les noms (Lilia, Olympia, Hélios) 1:17
11 Noble Hélios, en ton absence (Olympia, Hélios) 2:30
12 Réponds ! (Olympia, Hélios) 0:20
13 Tout est soumis à ma puissance (Olympia) 1:54
14 Déesse des plaisirs (Olympia, Hélios) 0:59
15 Buvons ! Buvons encore à la Reine ! (La Cour d’Olympia) 1:12
16 Les convives joyeux boivent (Olympia) 0:40
17 Bois ce vin que l’amour donne (Olympia, la Cour d’Olympia) 4:03
18 Hélios ! Obéis (Olympia, Hélios) 0:37
19 Dieu ! Quel monde nouveau (Olympia, Hélios, la Cour d’Olympia) 2:46
20 À toi, reine ou déesse ! (Olympia, Hélios) 3:01
21 Je veux aimer toujours (Olympia, Hélios, la Cour d’Olympia) 3:22
22 Malheur ! Malheur ! (Olympia, Nicanor, Magnus, la cour d’Olympia) 1:54
23 Un ange m’apparut (Olympia, Nicanor, Magnus, la Cour d’Olympia) 2:32
24 Rions de ce prophète (Olympia, Nicanor, Magnus, la Cour d’Olympia) 3:05

Acte deuxième

25 Prélude 1:47
26 Seuls, dans la nuit (Les Chrétiens) 2:29
27 Roi du ciel (Les Chrétiens) 1:40
28 Gardes ! Dispersez-la (Lilia, Nicanor) 4:14
29 Non, je ne puis souffrir (Lilia, Nicanor) 2:21
30 Toi chrétien ! (Lilia, Nicanor) 1:17
31 Oui, j’ai menti (Lilia, Nicanor) 4:14
32 Me voilà libre en?n (Lilia, Satan) 4:05
33 Je veux aimer toujours (Lilia, Hélios, Satan, Chœur) 2:13

CD II [49:06]

Acte troisième

01 Ô jour d’ivresse ! (La Cour d’Olympia) 1:29
02 Ce palais... ce festin (Olympia, Hélios) 1:10
03 Ô jour d’ivresse ! (La Cour d’Olympia) 0:55
04 Pas des Muses 2:39
05 Hélios !... Il est là... (Lilia, Olympia, Hélios, la Cour d’Olympia) 1:36
06 Je crois au Dieu (Lilia, la Cour d’Olympia) 2:15
07 Qu’on l’emmène (Lilia, Olympia, Hélios, Satan) 1:25
08 Suis-là donc (Lilia, Olympia, Hélios, Satan) 1:58
09 Parle, réponds, décide ! (Lilia, Olympia, Hélios, Satan) 1:14
10 Hélios ! Je t’appelle (Lilia, Olympia, Hélios, Satan) 2:36
11 En?n tu crois à ma tendresse ! (Lilia, Olympia, Hélios, Satan, la Cour d’Olympia) 2:51

Acte quatrième

Premier tableau

12 Prélude 1:19
13 Oui, Satan est vainqueur (Satan) 0:54
14 Le proconsul ! (Satan, les Esclaves) 1:05
15 Amis, marchons ! (Satan, les Esclaves) 2:30
16 Allez, dans la nuit profonde (Satan, les Esclaves) 4:15

Deuxième tableau

17 Dieu ne m’a pas frappé (Lilia, Hélios) 3:00
18 Oui, j’ai mérité l’anathème (Lilia, Hélios) 2:34
19 Ah ! Malgré moi, j’oublie (Lilia, Hélios) 3:01
20 Mon Dieu ! Ce pardon qu’il demande (Lilia, Hélios) 2:37
21 Viens ! La mort, qui nous puri?e (Lilia, Hélios) 2:26
22 Ah ! Malheur ! (Lilia, Olympia, Hélios, Satan, Magnus, le Peuple) 2:02
23 Ô terreur ! (Lilia, Olympia, Hélios, Satan, Magnus, le Peuple) 1:32
24 Eh bien ! S’il faut que dans ce jour (Lilia, Olympia, Hélios, Satan, Magnus, le Peuple) 1:29

LIBRO

- Libreto en francés e inglés
- Ralph P. Locke: Félicien David: not satellite but star
- Étienne Jardin: ‘Herculanum’ in David’s output
- Hector Berlioz: An account of the première
- Alexandre Dratwicki: ‘Herculanum’ in a time of change in French ‘grand opéra’
- Gunther Braam: The reception in the contemporary press
- Joseph Méry: To Lilia

2 CD + LIBRO [cubierta holandesa, textos en francés e inglés, 159 págs.] - DDD

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

Herculano emerge de sus cenizas

JUAN MANUEL VIANA

Hasta el presente siglo el interés discográfico por Félicien David (1810-1876) fue casi marginal, limitado a un puñado de monográficos que atendían a unas pocas piezas instrumentales —Tríos con piano nºs. 2 y 3 (Prunyi, Perényi, Párkányi, Marco Polo, 1991); Les Brises d’Orient, Les Minarets (Blumenthal, Marco Polo, 1991)— y a la obra que, en vida, le otorgara gran celebridad: la oda-sinfonía Le Désert (Guida, Capriccio, 1989). En el último lustro, la recuperación de una pequeña parte de su amplísimo catálogo se ha incrementado notablemente gracias a cinco registros de indudable interés —Cuartetos de cuerda nºs. 1, 2 y 4 (Cuarteto Cambini-Paris, Ambroisie, 2010); Les Quatre Saisons (Ensemble Baroque de Limoges, 2 CD Laborie, 2010); Lalla Roukh (Brown, 2 CD Naxos, 2013); Le Désert (Equilbey, 2 CD Naïve, 2014); Mélodies (Christoyannis, Aparté, 2014)— a los que ahora viene a sumarse el más importante y ambicioso, sin duda, de todos ellos: la ópera Herculanum, publicada por Ediciones Singulares en la colección “Ópera francesa” que auspicia el Palazzetto Bru Zane, responsable asimismo de promover varias de las grabaciones más recientes consagradas al preterido músico francés.

Y sin embargo —y hasta el súbito oscurecimiento de su figura a finales del XIX— Félicien David fue uno de los compositores más populares en la Francia de su tiempo, la de Berlioz, Thomas y Gounod. Al punto de que Herculanum, su única grand opéra, estrenada en París el 4 de marzo de 1859, gozó de un inmenso éxito, avalado por 74 representaciones realizadas desde su première hasta 1868, que le empujó a ocupar la decimoquinta posición entre las óperas más interpretadas en la Ópera de París entre 1851 y 1870, sólo superada por los mayores triunfos de Meyerbeer (Les Huguenots, Robert le Diable, Le Prophète, L’Africaine), Donizetti (La Favorite, Lucia di Lammermoor), Rossini (Guillaume Tell, Le Comte Ory), Verdi (Il Trovatore, Les Vêpres siciliennes), Auber (La Muette de Portici), Halévy (La Juive), Gounod (Faust) y Thomas (Hamlet). 

La acción de Herculanum se desarrolla en el año 79 de nuestra era, cuando la próspera villa romana quedó sepultada por la devastadora erupción del cercano Vesubio; clara alegoría de la decadencia de las civilizaciones antiguas y de la respuesta de la Naturaleza a las persecuciones sufridas por los primeros cristianos. Con este telón de fondo, no muy alejado de la vena exótica en la que David demostró sentirse tan a gusto (La perle du Brésil, Lalla Roukh, La captive), Joseph Méry y Térence Hadot elaboraron una habilidosa peripecia dramática en cuatro actos que enfrenta a dos universos opuestos: el paganismo representado por los hermanos Olympia y Nicanor —aliado con la sensualidad y violencia orientales— y el ferviente cristianismo encarnado en la pareja formada por Lilia y Hélios, a los que se suman la figura sacerdotal de Magnus y el mismísimo demonio.    

En la música de Herculanum reconocemos la ineludible ascendencia de Meyerbeer y, como en muchas de sus óperas coetáneas, la yuxtaposición de la moda italiana y de la tradición francesa; pero también la herencia de Gluck y la vecindad con Verdi. En un primer acercamiento a Herculanum, algunas de sus evidentes carencias pesan demasiado: el Credo del acto III probablemente hubiera dado más de sí en otras manos, la erupción volcánica final parece resuelta de forma precipitada y, desde luego, resulta inevitable pensar en lo qué hubiera hecho Berlioz con varias de sus escenas: la canción báquica de la reina en el acto I, ciertos coros y marchas o alguna de las intervenciones satánicas. Pero en las siguientes audiciones uno no puede evitar rendirse ante el formidable derroche melódico de David, su refinada instrumentación y esa capacidad de su música para, según apuntó Jouvin en Le Figaro, “hacer hablar dos lenguas diferentes a Lilia, la virgen cristiana, y a Olympia, la cortesana coronada”, y dejar de ponderar esa inclinación por lo sintético que —premeditada o fruto involuntario de su impericia dramática— evita muchos de los fárragos y redundancias en los que incurren tantas óperas históricas de la época. 

Ya los críticos del estreno alabaron sus mejores páginas: el dúo “Je veux aimer toujours” del acto I (“Qué ebriedad, qué delirio, qué éxtasis”, anotó D’Ortigue en Le Ménestrel) y el ya citado “Je crois au Dieu” del acto III, que Berlioz consideraba superior al Credo de Les Martyrs de Donizetti. Pero a éstas podrían añadirse otras igualmente notables: los coros cortesanos “Gloire, gloire à toi” y “Ô jour d’ivresse!”, la romanza y cuarteto “Dans une retraite profonde”, el aria de Olympia “Noble Hélios, en ton absence”, el elegante ballet “Pas des Muses”, “Ami, marchons!” de Satan o el dúo “Ah! Malgré moi, j’oublie” de Lilia y Hélios en el acto IV.

Hector Berlioz no fue avaro en elogios hacia Herculanum, pero quizá el veredicto más exacto sobre la obra, entre los numerosos vertidos por los críticos con motivo de su triunfal estreno —y que esta ejemplar edición reproduce con generosidad—, lo escribiera Paul de Saint-Victor en La Presse: “No es en absoluto una obra maestra; […] pero las bellezas abundan entre las debilidades y cada acto tiene al menos un fragmento capital, arrebatador, excepcional, que le asegura la victoria. Es suficiente para honrar la tentativa de M. David y para justificar la brillante acogida que ha recibido del público”.     

Para desenterrar a Herculanum de sus cenizas, restaurando debidamente su esplendor perdido sin adornos innecesarios, se necesitaban unos intérpretes de altura y, venturosamente, el soberbio cuarteto vocal que rodea al enérgico Niquet no ofrece fisuras: Karine Deshayes, como temperamental y seductora Olympia, y Véronique Gens, una conmovedora y virginal Lilia, contrastan a placer al modo en que lo hacían Livie y Floria en Les Barbares de Saint-Saëns. Edgaras Montvidas, que ya sorprendiera gratamente en ésta última ópera, otorga a Hélios un timbre luminoso y una dicción —como el resto del reparto— ejemplar. En su doble cometido, Nicolas Courjal, quizá la gran revelación del reparto protagonista, dispensa nobleza al procónsul Nicanor y negrura sin histrionismos a Satan. 

En el aspecto literario, como siempre en esta serie, la edición es irreprochable: sinopsis, libreto, tres ensayos del mayor interés y una recopilación de críticas de la época, incluido el concienzudo relato del estreno a cargo de Berlioz, ofrecen al oyente el contexto idóneo para disfrutar de la seductora Herculanum. Como Hélios a Olympia en la escena de la seducción del acto I, podríamos afirmar: “¿De dónde te viene este funesto y mágico poder?” 

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