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Enchiriadis | ESPAÑOLA | MEDIEVAL Y RENACENTISTA (1 CD)

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11,95 €

Pedro Ruimonte
Parnaso Español


REF.: EN 2011
EAN 13: 8437002261115



FECHA DE PUBLICACIÓN
23/11/2004

INTÉRPRETES
MUSICA FICTA
Sylvia Schwartz, soprano
Henar Álvarez, soprano
Marta Infante, contralto
Félix Rienth, tenor
Miguel Bernal, tenor
Luis Vicente, bajo
Rafael Bonavita, tiorba y guitarra barroca
Raúl Mallavibarrena, director

DATOS DE PRODUCCIÓN
Grabado en Sta. Eufemia de Cozollos (Cozuelos de Ojeda - Palencia) en agosto de 2004
Toma de sonido y edición digital:Antonio Palomares

CONTENIDO
Pedro Ruimonte (1565 - 1627)

Parnaso Español
de madrigales y villancicos a quatro, cinco y seys

1 Luna que reluces (villancico a 6) 4:53
2 El que partir se atreve (madrigal a 6) 5:05
3 Has visto (madrigal a 4) 5:41
4 Madre, la mi madre (villancico a 5) 4:40
5 De la piel de sus ovejas (villancico a 5) 5:24
6 Mal guardará ganado (madrigal a 4) 5:28
7 Penando sta'l cor mio (madrigal a 5) 6:00
8 Quiero dormir y no puedo (villancico a 6) 5:36
9 Caduco tiempo (madrigal a 4) 4:46
10 En las riberas (madrigal a 6) 8:13
(Improvisaciones I y II de Rafael Bonavita)
11 Mal puede estar (villancico a 6) 5:46

1 CD - Digipack - DDD - TT: 61:31

RESEÑA (La Quinta de Mahler)

El año 1614, cuando ya Claudio Monteverdi había dejado la corte de los Gonzaga en Mantua para hacerse cargo del magisterio de la capilla de San Marcos en Venecia, el compositor aragonés Pedro Ruimonte (1565-1627) publicaba en Amberes, en la imprenta de Pedro Falesio (Pierre Phalése), su Parnaso español de madrigales y villancicos. Con este libro excepcional culminaba Ruimonte (o Rimonte, como figura en la portada de su libro), toda una gloriosa tradición musical de la canción polifónica renacentista en la Península Ibérica, con figuras tan importantes como Juan del Enzina, Mateo Flecha, Pedro Escobar, Francisco de Peñalosa, Joan Brudieu, Pere Alberch Vila, Sebastián Raval, Juan Vazquez, Pedro Valenzuela o Francisco Guerrero. Tan solo la obra de su contemporáneo Mateo Romero podría equipararse, en otra dirección, a la de Ruimonte y es, en cierto modo, la única que mantiene la herencia de los siglos XV y XVI, ya plenamente barroca en el XVII con el precioso legado de Hidalgo, Marín y otros.
Pedro Calahorra, el gran estudioso del Ruimonte aragonés, nos dice que la familia paterna de Ruimonte provenía de Cifuentes (provincia de Guadalajara), mientras su madre, Gracia de Bolea y Latas, era aragonesa de Leciñena. Ruimonte nace en Zaragoza y, según Calahorra, es casi seguro que aún muchacho asistiese, junto a Sebastián Aguilera de Heredia, a la lección de canto de órgano y contrapunto que impartía diaria y públicamente en La Seo el insigne polifonista segoviano Melchor Robledo. Por influencia de los condes de Cifuentes y duques de Pastrana, Ruimonte se incorporó a la casa del valido del rey Felipe III, Francisco de Sandoval y Rojas (1553-1625), duque de Lerma, cuyo suntuoso palacio en esta ciudad castellana ha sido recientemente restaurado.
A través del tan corrupto y cruel como poderoso personaje, en 1595 se incorporó Ruimonte a la capilla musical del gobernador de los Paises Bajos, el archiduque Alberto como "mozo de coro". Era Alberto hijo de la emperatriz Maria, hermana del rey Felipe II y gran protectora de Tomás Luis de Victoria. Su capilla ya existía en Bruselas antes de llegar él, con su hermano el archiduque Ernesto de Habsburgo, al cual Felipe II pensó en casar con su hija Isabel Clara Eugenia. Pero la muerte de Ernesto el 20 de febrero de 1595 truncó los planes del monarca español, que pasó entonces a negociar la boda de Isabel con Alberto. El rey de España quería también casar a su heredero Felipe con Margarita de Austria, hija de un hermano de Maximiliano II, y de ese modo, tener la posibilidad de hacer un enlace entre los hijos (sus nietos) de ambos matrimonios que asegurase la corona de las provincias belgas a príncipes españoles durante dos generaciones por lo menos. Pero su muerte, el 13 de septiembre de 1598, le impidió ser feliz testigo de las ceremonias de ambos matrimonios, celebrados por poderes y con gran pompa, en Ferrara, ante el papa Clemente VIII, días más tarde. Se ratificaron en Valencia, donde el nuevo rey Felipe III y su hermana Isabel, esperaban a Margarita y a Alberto (que era tío carnal de Margarita).
Los nuevos príncipes gobernantes llegaron a sus estados en agosto de 1599 y ya por entonces era Ruimonte uno de los músicos más sobresalientes en los festejos de recibimiento. En 1601 su firma le revela como "maestro de música de la Capilla y Cámara de sus Altezas Serenísismas".
Mantuvo Ruimonte ese puesto hasta 1605, año en que Gery de Ghersem llegó desde Madrid para hacerse cargo de la capilla de los archiduques de Bruselas, quedando él como maestro de música de cámara de los mismos. Disponía de nueve solistas vocales, doce niños cantores, tres organistas y al menos once ministriles. Capilla de altísimo nivel prestigiada por músicos extraordinarios como el insigne polifonista inglés Peter Philips (sus "Cantiones Sacrae" publicadas por Falesio, son de 1612) y el clavecinista John Bull, ambos conectados con la excelsa figura de Sweelink.
En 1604 imprimió Ruimonte "apud Petrum Phalesium" de Amberes su precioso libro "Missae sex IV.V. et VI vocum", publicado en Tiempos modernos por Pedro Calahorra (Sociedad Española de Musicología, Zaragoza, 1982). Está dedicado a los "Serenissimis Belgii Principibus Alberto et Elisabeth", que ya habían escuchado y alabado estas obras. De las seis misas, que confiamos llegue a grabar algún día Música Ficta, cuatro pertenecen al género llamado misas parodia; dos sobre motetes de Palestrina ("In diebus illis" y "Lapidabant Stephanum") y otras dos sobre motetes de Francisco Guerrero ("Ave Virgo Sanctissima" y "Tota pulcra es"). De nuevo Falesio publicó en 1607 una obra polifónica de Ruimonte, "Cantiones sacrae", a cuatro, cinco, seis y siete voces, y unas "Lamentaciones del profeta Jeremias" a seis. De esta edición, que recoge once canciones, el motete "De profundis" a siete y las "Lamentaciones Hyeremiae" a seis voces, se ha conservado solo la parte del "tenor", faltando el resto de las voces. En un códice manuscrito se pudo encontrar al completo las "Lamentaciones"; en cuanto al salmo "De profundis", figuraba al final de la "Misa pro Defunctis" del volumen de "Seis Misas" y Pedro Calahorra lo ha publicado en su moderna edición de las mismas.
Por lo tanto, "Parnaso español" es la última obra que sabemos pudo dar a la luz Ruimonte durante su larga estancia belga. El gran musicólogo Pedro Calahorra la publicó a través de la Institución "Fernando el Católico" del CSIC (Zaragoza, 1980), prologada por Samuel Rubio. Digamos también que la doctora Eleanor Rusell, del Departamento de Música de la California State University, en Northridge, es autora de un decisivo trabajo sobre la estancia de Ruimonte en Bruselas.
Hemos de recordar que en 1614, fecha de la impresión del "Parnaso", se vivía una etapa de paz en los Países Bajos en razón de la llamada "Tregua de los doce años". La posición geográfica de Bélgica, entre Francia y las ya prácticamente independientes Provincias Unidas del Norte (los actuales Países Bajos), obligaba a los príncipes gobernadores de las provincias del sur, a emplear sus recursos en el rechazo a las pretensiones independentistas de los neerlandeses y a las imperialistas de Enrique IV de Francia. Pero Alberto e Isabel tuvieron todo a su favor cuando François Ravaillac, un católico fanatizado, de dos certeras puñaladas acabó en Paris con la vida del rey el 14 de mayo de 1610.
La Tregua, ya sin la amenaza de Enrique IV y con la política proespañola del mariscal Concini, proporcionaron al país belga uno de los periodos más felices de su historia. Aquellos doce años permitieron a los príncipes gobernadores de los Países Bajos reparar los destrozos de una larga contienda y ejercer su mandato como verdaderos reyes de un país soberano. Solo un inconveniente, apuntado por Geoffrey Parker en su excelente "España y la rebelión de Flandes" (1985): Si la Tregua de 1609 marcó el establecimiento de un Estado independiente en el norte, los doce años de paz posteriores, permitieron el nacimiento de otro Estado distinto en el sur, que perpetuó la división de los Países Bajos creada por las campañas de Parma, Mauricio y Spinola".
El desastre de Rocroi (1643) aún estaba lejos, y se podrían celebrar acciones como la capitulación de Breda, cantada por Lope de Vega en una oda triunfal e inmortalizada por Velázquez, pero la política de Richelieu consiguió minar las bases del imperio español. Ruimonte sufrirá las fuertes tensiones nacionalistas y la animadversión a los ejércitos ocupantes españoles, mal pagados y propicios a la rapiña.
Volverá a Zaragoza poco después de la publicación del "Parnaso", con el agradecimiento del propio archiduque Alberto a sus servicios otorgándole una gratificación de 1500 libras para el viaje de vuelta a su ciudad natal. Allí formará entre otros, al músico oscense Diego de Pontac, que años después se incorporaría a la Capilla Real en Madrid, y acabará sus días siendo Comisario y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición en el reino de Aragón.
Música Ficta recoge en esta espléndida grabación, realizada en Santa Eufemia de Cozollos (Palencia), en agosto de 2004, cinco villancicos y seis madrigales. Los primeros, con ritmos ternarios muy vivos y atrevidos contrapuntos, son lo más español del "Parnaso". Los madrigales poseen esa diafanidad propia de la polifonía hispana, pero sus apasionados y dramáticos cromatismos nos llevan hacia el mundo más sereno e íntimo del madrigalismo europeo. Estamos ante una polifonía densa, compleja, sobre textos en su mayor parte anónimos, pero hondos y cargados de sentido, pese a su complejidad prebarroca. Ruimonte hace maravillas para expresar con fidelidad el difícil contenido de esos textos y Raul Mallavibarrena logra una interpretación insuperable. Acierta entre otras cosas a no recargar instrumentalmente el, no por complejo, diáfano entramado de las voces y utiliza unicamente una tiorba en los madrigales y una guitarra barroca en los villancicos para resaltar la linea del bajo, ambos perfectamente tañidos e insertos por Rafael Bonavista.
Uno de los villancicos, "Madre, la mi madre", lo cita Cervantes en "El celoso extremeño". La dueña pone la guitarra en manos de Loaysa y este toca "Madre, la mi madre, guardas me poneis", tal cual figura su texto en el manuscrito de la Biblioteca Nacional de Turín. En la de París dice, como en el "Parnaso" de Ruimonte "guardarme quereis". El mimo Cervantes volvió a intercalar esta canción en su comedia "La entretenida". En 1615, un año después de publicado el "Parnaso", todavía Lope la cita en su comedia "El mayor imposible".
He comparado alguna otra grabación de "Madre, la mi madre" o "Luna que reluces" con la de Música Ficta y la diferencia a favor de este último grupo es tan abrumadora que anula la existencia de anteriores versiones en las cuales Ruimonte aparecía como un farragoso e incomprensible polifonista. Desde aquí animo a Mallavibarrena a insistir sobre lo no grabado del gran músico aragonés y a todos los interesados en la música que pudo conocer Cervantes, ahora que entramos en el año de la primera parte del "Quijote", a emprender, como el príncipe de los ingenios, un sugestivo "Viaje del Parnaso".

Andrés Ruiz Tarazona.

El Maestro Pedro: un proyecto soñado

por Raúl Mallavibarrena

Nunca había oído hablar de Ruimonte ni de su música hasta agosto de 1990. Hay ocasiones en las que personajes del pasado, escondidos entre los plieges ignorados de la Historia, se abren paso a través de los siglos para aparecer ante nosotros de improviso, y deslumbrarnos. Eso fue lo que me ocurrio aquel verano, en uno de los conciertos del Festival de Música Antigua de Daroca, ofrecido por un coro portugués, del que, lamentablemente, no recuerdo el nombre. Supongo que tratando de corresponder a los anfitriones del Ciclo, el programa incluía música aragonesa: de un tal Pedro Ruimonte. No sé si aquella noche se interpretó alguna pieza más de él, sólo me acuerdo de una: el villancico De la piel de sus ovejas. ¡Qué impacto me causó!, con aquella frenética persecución de las voces y aquel contrapunto arrebatado e incesante que parecía alimentarse a sí mismo; aquella música me cautivó para siempre. Al día siguiente pude hacerme en la secretaría del curso con un ejemplar de la colección de madrigales y villancicos a la que pertenecía: el Parnaso Español. "Hermoso nombre -pensé- para una colección de música". La edición era de Pedro Calahorra para la Institución Fernando el Católico de Zaragoza, musicólogo y entidad a los que siempre agradeceré haber enseñado al mundo las perlas de este autor suyo tan injustamente olvidado. Espero con este disco contribuir a un mayor conocimiento y valoración de su legado.
¿Quién fue Pedro Ruimonte?
Nos cuenta Pedro Calahorra en su documentado trabajo sobre la música en Zaragoza en los siglos XVI y XVII, que fue Higinio Anglés el primero en llamar la atención sobre el desconocimiento que se tenía acerca del autor aragonés.Tanto la doctora Eleanor Russell (de la Universidad del Estado de California), como el propio Calahorra, comenzaron a reunir documentación de su estancia en Bruselas y Zaragoza con el fin de abordar de un modo preferente y sistemático la figura de Ruimonte. Con anterioridad, su nombre aparecía en varias enciclopedias e historias de la música, nacionales y extranjeras, pero sin el detenimiento y atención que mereciera.
Pedro Ruimonte (o también "Rimonte") nació en Zaragoza en 1565. Posiblemente de niño (aunque no hay documentación de ello) escuchó música en San Pablo y, en compañía de su amigo el gran organista Aguilera de Heredia, asistió a clases con Melchor Robledo, en la Seo. Años más tarde lo encontramos ya en Bruselas, donde acabaría como maestro de capilla de los Príncipes Gobernadores Isabel Clara Eugenia y el Archiduque Alberto. Allí debió disponer de una generosa plantilla de músicos, entre los que se encontraban nombres como Peter Philips o John Bull. A principios de 1614 volvió a España. No sabemos por qué razón regresó a Zaragoza, si bien, apunta Calahorra con lógica, que el ambiente de hostilidad hacia los españoles en Flandes no debía facilitar las condiciones para ningún artista. Ya en Zaragoza, Ruimonte era conocido por sus conciudadanos como "el Maestro Pedro". Su hermana Catalina nos dice de él que fue "Comisario y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición en Aragón". Ruimonte murió el 30 de noviembre de 1627.
Su obras religiosas y el "Parnaso Español"
De Ruimonte conocemos tan sólo tres colecciones impresas y algunas piezas manuscritas. De las primeras nos ha llegado completa su Missae sex IV, V et VI vocum (1604): un total de seis misas, dos de ellas sobre temas gregorianos (una de las cuales es Pro Defunctis) y el resto parodiando un motete propio, dos de Guerrero y otro de Palestrina. De 1607 es su Cantiones sacrae IV, V, VI et VII vocem, et Hieremiae prohetae Lamentationes sex vocum. De esta coleccción sólo nos ha llegado la parte del tenor, salvo del De Profundis a 7 (incluido íntegro en el anterior volumen de misas), y de las Lamentaciones, de las que disponemos de una copia manuscrita. Finalmente, en 1614 se publica en Amberes el Parnaso Español de Madrigales y Villancicos a cuatro, cinco y seis, colección a la que está dedicada esta grabación. Las escasas piezas manuscritas de nuestro autor se encuentran en Zaragoza, Albarracín y El Escorial, existiendo en Londres y Puebla (Mexico) partes sueltas de sus madrigales.
El Parnaso Español fue dedicado a Don Franciso Gómez de Sandoval, Duque de Lerma, valido del rey Felipe III, y, de facto, responsable de los designios de España durante el período en que ejerció su gobierno de manera despótica y corrupta. Se compone de un total de nueve madrigales y doce villancicos, conformando un conjunto de una originalidad verdaderamente única en la música española. Nuestra grabación recoge una selección de seis madrigales y cinco villancicos, los cuales, bajo mi criterio, representan significativamente el contenido y las virtudes del Parnaso.
Desde el punto de vista literario, la mayor parte de los textos musicados son anónimos (a excepción del Caduco tiempo, de Gaspar Aguilar) hecho que no debemos entender, en modo alguno, en detrimento de su calidad artística. Antes bien, la poesía recogida posee una belleza notable y la plasmación retórica de Ruimonte es digna de un gran maestro. En este sentido, me atrevería a sugerir que el mejor modo de escuchar las obras de la presente grabación, es leer previamente cada texto, disfrutándolo como tal poema, para a continuación escuchar su traducción musical. De este modo, literatura y música caminarán al compás, expresando las mismas ideas con recursos diferentes, pero felizmente complementados, tal como fue siempre la intención de cuantos autores cultivaron las formas madrigalescas.
Musicalmente presenta el Parnaso dos formas y mundos completamente diferentes, diría incluso que divergentes. Por un lado,los madrigales: apasionados, tensos, reflexivos y de una poética digna del más desgarrador Marenzio o Monteverdi. Y por otro, los villancicos: fulgurantes, nerviosos, ágiles, rabiosamente rítmicos; en los que el autor aragonés exhibe una personalidad fascinante y originalísima, anticipando además muchas de las convenciones del barroco español. Si los madrigales suelen proponer un discurso mayoritariamente lineal, más narrativo y reposado, en compás binario, con profusión de cromatismos dolientes y fuertes mudanzas en la figuración métrica (lo que sirve para ralentizar o acelerar el ritmo interno, aun manteniendo constante el pulso: Caduco tiempo, Penando sta'l cor mio, En las riberas), los villancicos tienen, sin embargo, una estructura cíclica sobre la forma estribillo-responsión-copla, donde la responsión, encomedada al tutti, cierra solemnemente la pieza tras el tercer estribillo. Rítmicamente son, además, mucho más audaces, con un uso casi constante del compás ternario y la hemiolia, elemento éste, tan característio del Barroco español: Madre la mi madre, Luna que reluces. Otra característca de estas piezas es la permanente imitación entre las voces de brevísimos motivos, suspendidos con frecuencia de la parte más débil del compás, como en De la piel de sus ovejas. Estos villancicos actúan ante el oyente como especie de rueda perpetua, en la que apenas se puede fijar la vista en un punto, pero cuya cadencia y movimiento, seguro y firme, fascina por su dinámica continua.
La interpretación
Sabemos, como se ha dicho, de la extraordinaria capilla de cantores e instrumentistas de que dispuso Ruimonte en Bruselas. Es fácil adivinar que sus obras pudieran ser interpretadas con refuerzos instrumentales, especialmente sugerentes en los villancicos. Sin embargo, mi visión de esta música ha tratado de no restar ni un ápice de importancia a la voz (teniendo, además, en cuenta la belleza literaria de los textos), utilizando un grupo de cantantes solistas sin instrumentos doblándoles. Sí he querido, en todo caso, subrayar la línea del bajo con una realización armónica, asignada a la tiorba, principalmente en los madrigales, y a la guitarra barroca, instrumento de nada despreciables atributos rítmicos y "populares".
El proyecto soñado
La razón por la que un músico tan genial como Ruimonte es hoy día tan desconocido, ha sido siempre para mí un misterio. Apenas regresé de Daroca, en aquel verano de "mi descubrimiento", comencé a estudiar el Parnaso con la mayor atención, disfrutando cada frase, cada imitación, cada compás. No tardé en acercarme de modo natural a su música religiosa, igualmente sugestiva. Ruimonte ha sido así una constante en los programas de Musica Ficta, grupo que fundé dos años después de mi primer "encuentro" con el maestro aragonés. Desde entonces soñé guardar algún día todos aquellos maravillosos sonidos en un disco, en poder conservar sus trazos fuera del papel y colaborar así a su tan merecida resurrección. Podrán entonces imaginar la enorme satisfacción que me supone ver finalmente realizado este proyecto, al menos parcialmente, ya que espero, en un futuro, poder grabar el Parnaso Español en su totalidad.

Raúl Mallavibarrena
Madrid, septiembre de 2004


Las Españas en los tiempos del Quijote

por Pedro García Martín

"(...)Porque la experiencia me mostraba que la música compone los ánimos descompuestos
y alivia los trabajos que nacen del espíritu".

Miguel de CERVANTES: El Quijote.
Primera Parte, Capítulo XXVIII.

Escribo en plural. Espacios y tiempos varios. Españas que aluden a los territorios del Imperio. Tiempos que contrastan las etapas creativa y editora de la obra. Autores que se encuentran, se cruzan o se ignoran en el Parnaso de nuestra cultura áurea. De esta guisa son los periplos vitales de Miguel de Cervantes y de Pedro Ruimonte por los países de la Monarquía Católica: el escritor del libro universal que da nombre al periodo y el músico de piezas olvidadas que pasa de puntillas por el mismo. Porque la experiencia me demuestra que las bellas artes y la literatura componen los ánimos descompuestos. Pero también que conocer la historia de las Españas del Siglo de Oro aliviará los trabajos que nacen de nuestros espíritus desasosegados.
España o las Españas eran términos cultos, que, siendo de origen clásico, fueron revitalizados en el Renacimiento. La enumeración de los títulos que encabezaban los documentos de los Austrias denota su aptitud universal. De tal manera que el Imperio hispánico alcanzó su mayor expansión durante la unión de Coronas entre España y Portugal (1680-1640). Los espacios políticos que le conformaban entonces, vinculados por su fidelidad a un mismo rey, eran las Españas propiamente dichas (coronas de Castilla y Aragón, Canarias y plazas norteafricanas), las Italias (ducado de Milán y reino de Nápoles, Sicilia y Cerdeña), los Países Bajos y demás legado de Borgoña, las Américas (Norte, Meso y Sudamérica, Filipinas e ínsulas oceánicas) y las colonias lusas en Brasil, África y Asia. Estos dominios imperiales se cimentaban en la unidad de la fe. Es por eso que los intelectuales del Barroco hablaban de la Monarquía Hispánica o Monarquía Católica, mientras que, en términos coloquiales, al soberano le llamaban "Rey de las Españas".
Los tiempos del Quijote. El tiempo próximo. El tiempo pasado. Cierta historiografía, ceñida a criterios culturales, se hizo deudora de una cronología secular. Por eso, bautizaba a las épocas pretéritas con el nombre de escritores y artistas singulares: "El siglo de Miguel Ángel", "El siglo de Shakespeare", "El siglo de Velázquez", "El siglo de Mozart", etc. De hecho, "El Siglo de Oro" es ya un lugar común para bautizar a un periodo histórico en el que un país goza de su máximo esplendor; aunque no siempre coincidan en ese apogeo la política y la economía, o la cultura y la sociedad; a pesar de que esa plenitud nunca dure una centuria. En el caso que nos ocupa, el personaje se ha comido al autor, al punto de hablarse de la época del Quijote y no de la de Cervantes.
En consecuencia, henos ante dos tipos de tiempo para el Quijote: el de la vivencia de su creador y el de la impresión de las dos partes de la novela, el de la biografía real y el de la ficción novelada, el del aprendizaje y el de la maestría. Dos reinados, como fueron los de Felipe II y Felipe III: la hegemonía y la decadencia políticas; el belicismo y el pacifismo. Dos coyunturas económicas: una expansiva y otra depresiva; una de auge y otra de crisis. Dos categorías culturales: Renacimiento y Barroco. Y la dualidad más humana, la que mejor comprenden nuestras frágiles personas, las dos edades de la vida del escritor: la Edad de Oro de la juventud y la Edad de Hierro de la vejez.
Aunque bien mirado, entre la aparición de los libros y el testamento que reza "puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte...", Cervantes apenas tuvo ocasión para concienciarse de la incertidumbre material y ética en la que se precipitaban las Españas de sus entretelas. Mientras que en la obra evidencia la vitalidad y la frescura que contemplara en aquel Imperio universal.
Y empero lo dicho, aún nos quedarían otros tiempos privativos del Quijote, los de sus personajes, sus capítulos y sus escenas; el tempo elástico y flotante de la creación literaria. Los tiempos próximos. Los tiempos pasados. Los tiempos próximos pasados.
Por este macrocosmos de las Españas peregrinarán venturas y desventuras nuestros dos personajes protagonistas. Miguel de Cervantes lo hará desde su patria alcalaína hasta las guarniciones italianas, de la épica derrota del Gran Turco en Lepanto al doloroso cautiverio en Argel, del triunfo en los corrales de comedias a la tentativa de pasar a Indias, de las penurias del recaudador que dieron con sus huesos en la cárcel de Sevilla al éxito literario que acompañó la edición del Quijote. Para, al cabo, morir en la capital del Imperio pobre de dineros, magro en aprecios, al punto de ser enterrado por caridad cristiana en el madrileño convento de las Trinitarias. ¿No es acaso la misma ruta de los soldados, los aventureros, los pícaros y los trotamundos hispanos?
Por su parte, Pedro Ruimonte, nacido y formado como polifonista en Zaragoza, vive sus mejores años en Bruselas como Maestro de Música de la Cámara de los Príncipes Gobernadores Isabel Clara Eugenia y el Archiduque Alberto. Es el momento en que Felipe II, cansado de las guerras de Flandes y arruinada la hacienda, aflojó los lazos con los Países Bajos y llegó a una tregua honrosa encarnada en las personas de Sus Altezas el Archiduque y la Princesa Isabel. Conocemos las imágenes de esta Corte de lujo refinado y armonía festiva, merced a las pinturas de Jean Brueghel de Velours sobre los cinco sentidos, que engalanan el Museo del Prado. De vuelta a España, es nombrado comisario y familiar de la Inquisición, ejerciendo en la ciudad del Ebro como maestro de música hasta el fin de sus días. ¿No es la biografía de un músico de las Españas, de un aragonés que triunfa en los Países Bajos, componiendo en castellano, italiano y latín?
De resultas, la obra cumbre de Pedro Ruimonte, Parnaso Español de madrigales y villancicos, vio la luz en Amberes, en el año 1614, confundida entre las impresiones de las dos partes del Quijote en 1605 y 1615, respectivamente. Y lo hizo para componer los ánimos descompuestos en las Españas del Siglo de Oro. Ahora la recuperamos para aliviar los trabajos que nacieron de los espíritus fecundos de los tiempos del Quijote. Espacios y tiempos plurales.

Pedro García Martín
Universidad Autónoma de Madrid

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